lunes, 5 de febrero de 2018

EL ZEN HOY, PARTE I, ROLAND YUNO RECH




 
EL ZEN HOY (PARTE I)

Dojo zen de Niza. Domingo 7 de enero de 2018

El zen transmitido desde  Buda por el linaje de los maestros, pasando por  Dogen y Deshimaru, no es un “ismo”, una doctrina dogmática impuesta por una iglesia, algo que todos nosotros rechazaríamos. Es una experiencia del sí profunda que nos hace superar nuestro apego a la ilusión de un ego separado y egocéntrico.

“Zazen nos despierta a la verdadera naturaleza de todas las existencias, todas ellas son impermanentes e interdependientes”.

Rechazar esta realidad es causa de sufrimiento y de conflicto. Es lo que llamamos transmigración incesante en los seis mundos condicionados por la ignorancia, la avidez y el odio. Si despertándonos de nuestra ilusión egocéntrica y percibiendo la realidad profunda, la aceptamos, no sólo intelectualmente sino con la totalidad de nuestro cuerpo-mente, esa revolución interior nos libera de nuestras ilusiones y de las causas de nuestros sufrimientos.

Ella se convierte en la fuente siempre fresca de los valores que van a animar nuestras acciones, remediar los sufrimientos y  dar un sentido auténtico a nuestras existencias. Esos valores son universales y eternos. Los compartimos con todas las espiritualidades. Expresan el espíritu religioso de antes de las religiones que transmitió el Maestro Deshimaru. Esto perturba el espíritu ordinario egoísta, condicionado por el karma y por las ilusiones que la sociedad propaga. De ahí la dificultad de transmitir la enseñanza. Pero, cuando esos valores son vividos a partir de zazen, se convierten en fuente de gozo y de energía siempre renovada, que nos hace vivir practicando los grandes votos de los bodhisattvas. Es entonces cuando responden a nuestras expectativas profundas, que son las de todo ser sensible y que,  contribuimos a restaurar por el testimonio de nuestra vida. Están fundados en la experiencia de la no-dualidad y de la no-separación entre sí y todos los seres que caracteriza la naturaleza de Buda.

Estos valores son:
La sabiduría, que permite ver las cosas y los seres como son. Es la que permite ver la ausencia de substancia permanente y autónoma de todas las existencias, la última realidad, y hacer de ella una fuente de actividad benéfica, creando los medios apropiados. Permite desapegarse del propio ego ilusorio y actualizar la naturaleza de Buda. Esto se expresa por una mente que no se estanca en nada, que está siempre receptiva a la realidad de los seres y de las cosas que se presentan ante nosotros. Es lo que estimula un auténtico espíritu de amor, compasivo y benevolente.

“Sin sabiduría el amor es ciego y la benevolencia no hace más que fortalecer el ego en lugar de ayudar a superarlo”.

La ideología liberal justifica la avidez, la competición y la violencia que resulta de ella. Olvida que la solidaridad y el amor son más fuertes, sino, la humanidad e incluso la vida, hubieran desaparecido de nuestro planeta desde hace mucho tiempo. Estos valores, a menudo se manifiestan cuando la existencia de los seres vivos es amenazada. Es lo que vemos manifestarse actualmente y que los discípulos de Buda pueden ayudar a desarrollar dando a la ecología su dimensión espiritual.
Para ello, la práctica de zazen refuerza la paciencia y la energía necesarias para desarrollar acciones de solidaridad.

La paciencia es un gran valor. Permite no desanimarse, continuar practicando lo que es bueno y justo, a pesar de los obstáculos. Permite no desviarse de la Vía. Es necesaria para la realización de toda gran obra y, sobre todo, para el cumplimiento de la Vía, transformar los obstáculos en ocasión de profundizar la práctica del despertar.

La energía: es como la paciencia, lo que necesitamos para continuar el Gyoji. Al ego no le gusta que se le pidan esfuerzos. Pero zazen nos conecta con una energía más profunda que la  movilizada por nuestro ego  y nos permite recargar constantemente. Es lo que permite seguir la Vía “inconscientemente, naturalmente, automáticamente”  como siempre recordaba Sensei.

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