domingo, 24 de abril de 2011

Más allá


MÁS ALLÁ
Creo que incluso Buda está más allá de Buda. Si no estamos más allá, no somos ni bodhisattva ni Buda. Eso quiere decir que nos apegamos a un estado particular, y que ese apego, aunque sea a un estado excelente, se convierte en algo que limita, que nos impide entrar de verdad en contacto con la realidad tal cual es. ¡Es algo muy delicado! Dicho de otro modo, ¿llegamos a ese estado de liberación habiendo abandonado totalmente la causa de nuestros apegos en el interior de uno mismo, en nuestra manera de funcionar mentalmente o hemos llegado cortando con todos los fenómenos exteriores, es decir, viviendo en un monasterio o practicando de continuo en sesshin, fuera de la vida social?
Si hemos llegado por esa ruptura con el mundo de los fenómenos, en realidad es una liberación sólo aparente que permanece condicionada a un modo de vida particular. Si salimos de esa forma de vida, caemos inevitablemente en los apegos. Pero en el fondo, yo creo que tu pregunta es: “¿Cuál es la naturaleza del apego?” Para mí, la experiencia de Buda, fundamentalmente, es una experiencia de abandono. Yo no paro de repetir en los kusen: somos semejantes a Buda desde el momento en que abandonamos. Por eso digo que es el “vals a mil tiempos” porque hay tantas posibles ocasiones de despertar, como tiempos u ocasiones de abandonar. Y esto llega por los dos enfoques complementarios: la práctica de la concentración, durante la que ya no fabricamos nociones a las que poder apegarnos, y la intuición de la vacuidad, que es la otra vertiente pero que está totalmente ligada a esa concentración. El objeto de apego desaparece con la visión de la vacuidad. El objeto desaparece y, ya no hay nada que asir, nada que atrapar. El funcionamiento mental se transforma por la práctica de la concentración y por tanto del abandono. Por la comprensión y la práctica juntas.
Desde mi punto de vista, cada vez que hacemos eso realidad, somos semejantes a Buda. Lo que sería una pena, es que se produjera una nueva forma de apego a ese estado, teniendo la impresión de que es un estado condicionado por el hecho de vivir de una cierta manera (en un monasterio o separados de la vida social). Si pensamos así, hacemos de ese despertar, de esa liberación, algo extremadamente limitado a nivel cósmico, pues eso quiere decir que, sólo una élite de personas que pudieran aislarse del resto, serían capaces de realizarlo.
Yo creo que la enseñanza de Buda es universal, zazen es universal. Las crisis y los sufrimientos del mundo actual muestran claramente que hay una necesidad de ese despertar universal, y no para una pequeña élite de personas. Si la perspectiva de nuestra práctica es verdaderamente el despertar universal, es decir el despertar de cada uno, de todos los seres, es imposible limitarla a un espacio o un tiempo particular. No es posible. Moralmente imposible, sencillamente porque eso quiere decir que apartamos a la mayoría de la población de esa posibilidad. Y más profundamente, si pensamos así, es que no somos un bodhisattva y no estamos despiertos en absoluto.

lunes, 11 de abril de 2011

Carta de abril

Queridos amigos y queridas amigas:

La primavera acaba de llegar y nos regocijamos con ello. Es un periodo, junto con el otoño, de clima agradable que casi nos hace olvidar el mundo de sufrimiento en que vivimos. Pero en este momento, terremotos, tsunamis, guerras y masacres, nos recuerdan duramente la primera verdad de la enseñanza de Buda.

Pero la verdad del sufrimiento es también una invitación a meditar en sus causas y a dedicarnos a remediarlas de la mejor forma que podamos allá donde vivimos.

Ante las catástrofes naturales hay precauciones que tomar. Pero sobre todo, lo que podemos practicar es la ayuda a las víctimas a través del don, así como la paciencia cuando la adversidad nos toca a nosotros.

Ante la violencia del orden que sea, debemos reflexionar sobre sus causas profundas que, en general, son las tres ilusiones que envenenan la mente humana: la ignorancia o no-despertar a nuestra verdadera naturaleza solidaria con todos los seres, la avidez, segundo veneno de la mente que origina avidez por el dinero, por el poder en particular, que desencadena agresividad y odio, guerras y masacres de todo tipo, que alimentan el ciclo del samsara.

Todos tenemos que ver con estos venenos de la mente que también generan todo tipo de enfermedades.

Deseo que cada uno de vosotros no se quede en lamentándose o se deprima por las catástrofes, sino que saque una enseñanza profunda para nuestro compromiso de bodhisattvas, haciendo el voto de poner remedio a los sufrimientos con toda su energía.

I shin den shin,

Roland Yuno Rech