sábado, 30 de noviembre de 2019

Rohatsu 2019-Expresando la gratitud



EXPRESANDO LA GRATITUD
                                
     En el zen japonés, el día del despertar de buda se llama rohatsu, literalmente día octavo del duodécimo mes; queremos unirnos a esta celebración en el dojo y hacer de la misma una expresión de gratitud.

Sentado bajo el árbol de la bodhi, al alba de ese día y al contemplar la estrella de la mañana, Shakyamuni despertó y fue el Buda, el Despierto. No había nadie, sólo el acto puro de la percepción, entonces exclamó: “Yo y todos los seres hemos alcanzado simultáneamente el despertar”.
Durante siete semanas Buda permaneció bajo  el árbol Bodhi, la experiencia de su trascendental visión se fue estabilizando en él.

Su primer impulso fue el de no enseñar,  creía que la gente no estaba preparada para recibir su enseñanza, Brahma Sahampati, el creador, monarca de mil mundos, le pidió a Buda que enseñara el Dharma, que había seres humanos que no tenían los ojos cegados por el polvo y podrían entenderlo. Ante estas palabras, el Buda sintió una  enorme compasión y accedió. Se preguntó: “¿A quién podría enseñar el Dharma ?¿Quién podría comprenderlo más fácilmente?

En la segunda semana al noroeste del árbol Bodhi, Buda se detuvo a cierta distancia de él y se quedó una semana entera mirándolo sin parpadear. En este mismo sitio se erigiría la estupa de “La mirada que no parpadeó”. El texto fuente dice que lo hizo porque estaba agradecido al árbol que lo había cobijado mientras despertaba.

Tras su decisión de enseñar, se preguntó a quién debería dar esta enseñanza. Pensó con gratitud en sus dos viejos maestros que le habían enseñado a meditar al poco tiempo de dejar su hogar. Alara Kalama que le había enseñado “La doctrina de la esfera de la nada” severos ejercicios, privaciones constantes que conducían al individuo a la inconsciencia, adecuándolo así a la quietud primordial del universo. Alara Kalama reconoció que los dos compartían el mismo saber y le planteó dirigir la comunidad juntos. Este conocimiento no le satisfacía. En el fondo de sí mismo, Gautama, Shakyamuni en este momento, el asceta de la estirpe de los Skakyas, sabía que esa doctrina no llevaba ni a la abolición del deseo, ni a la paz interior, ni al verdadero conocimiento, ni al despertar último. Declinó la oferta y dejó el ashram. 

Dejó a este maestro y fue a Rajagrha, capital fortificada de Magadha, uno de los reinos más poderosos de la época, próspero por sus yacimientos de hierro, rodeada de cinco abruptas montañas. Allí encentró a  Rudraka Ramaputra, enseñaba “La concentración profunda”,  lo instruyó en ejercicios sobre la respiración y en la concentración que llevaba a la contemplación absoluta, “lugar donde no hay ideas ni ausencia de ideas” dice el Lalitavistara. Dominando el cuerpo, podía alcanzar así la identificación con el alma primera, genuina, auténtica. Y  Rudraka reconociendo que los dos compartían el mismo saber, le propuso dirigir su escuela. Skakyamuni comprendió que estas meditaciones le llevaban a la santidad individual, pero no a la liberación y menos a una liberación válida para toda la humanidad. 

Y también decidió dejarlo.

Pero… estos maestros habían muerto y no podía expresarles su gratitud enseñándoles el dharma
Allí, en el asrham de Rudraka, había conocido a los que luego serían sus cinco compañeros de ascesis, con los que se retiró a diez kilómetros de Gaya,  al bosque Uruvila, a orillas del río Vairanjana, retiro que duró seis años. Años que fueron de profundas privaciones, a menudo Shakyamuni se alimentaba solo de un grano de arroz en todo el día, mortificación tras mortificación, reconoció la inútil vanidad de estas mortificaciones y así descubrió LA VÍA DEL MEDIO.
Recordó a estos cinco compañeros de ascesis, recordó los momentos comunes y la ayuda y apoyo que había recibido de ellos mientras practicaba las mortificaciones. Con gratitud fue  a buscarlos y les dio la enseñanza del dharma.

Sabiduría, compasión, gratitud. Gratitud a quiénes le habían acompañado, a quiénes le habían ayudado: el árbol, sus maestros, los cinco compañeros de práctica.

En el Sutra Mangala, “Sutra de los signos auspiciosos”, se dice que uno de estos signos es la gratitud, a través ella se expresa si uno está progresando espiritualmente.

Así, nosotros también queremos expresar en este día del rohatsu nuestra gratitud por su enseñanza y práctica liberadora,  realizando la misma práctica que él enseñó y que ha llegado hasta nuestros días.

En gassho

Antonio Taishin Arana

domingo, 24 de noviembre de 2019

La comprensión a través del cuerpo, Roland Yuno Rech.



 

LA COMPRENSIÓN A TRAVÉS DEL CUERPO

Pregunta: ¿Cómo se manifiesta la comprensión profunda en el cuerpo? La comprensión profunda es entender la verdadera naturaleza de uno, y la verdadera naturaleza de uno es esquiva. Entonces, el viaje es eterno porque nunca logramos saber, tener el entendimiento, ¡nunca llegamos al final!

Roland: ¡No!, ¡al contrario!, la comprensión es inmediata. Es la comprensión de la vacuidad. Es la comprensión del Hannya Shingyo: todos los fenómenos son vacuidad. Por lo tanto eso corta toda forma de apego. Y entonces, en ese momento, ya no hay necesidad…

¡Sí! Hace falta la concentración para que esa intuición fulgurante de la vacuidad no quede, no se vuelva un concepto puramente intelectual. Lo recalqué, para mí es un problema muy importante. Para ser fiel a lo que se comprendió, para no traicionar esa comprensión, para no estar dividido entre una mente que comprende ciertas cosas y un cuerpo que actúa de otra manera, verdaderamente hay que tener una comprensión que asocie el cuerpo. Por lo tanto una comprensión a través del cuerpo, es la comprensión de zazen. Es decir que se comprende…, por ejemplo la vacuidad, no la comprendemos simplemente como un concepto, pero la vivimos interiormente a partir del cuerpo, en zazen.

P3: Para mí es evidente, cuando practicamos zazen se tiene esa unidad cuerpo-mente. Por lo tanto durante zazen es evidente que lo encontramos…
Pero después, mi pregunta estaba un poco, ¿en la vida cotidiana, cómo continua eso? Es por eso que lo veía como un desfase. Si quieres, es la mente quién domina, en el sentido que cuando muevo un brazo, es la mente que dice “mueve tu brazo”. ¿O sea, qué eso viene de la cabeza?

Roland: Sí, pero hay una retroacción después.

P3: Me quedé tal vez un poco antes de esa comprensión de la Vacuidad y de esa unidad de la Total Presencia en la cabeza y el cuerpo.

Roland: ¡Yo no hablé de total presencia!

P3: No, ¡soy yo quien habló de eso!

Roland: Ya sé. Es otra cosa. Es lo que se llama zanshin, concentrarse hasta el final de la acción. Es en la manera de actuar donde es importante, tener esa Total Presencia y esa atención que permanece hasta el final de la acción. Eso es una cosa. Pero el otro aspecto es diferente. No se trata de zanshin.


P3: Para mí, es esa total presencia en lo que se hace. Se dice muchas veces: “cuando se come, se come”. Por lo tanto es en ese momento en que el cuerpo y la mente están unificados. En el sentido que se es totalmente “uno” con lo que se hace. Entonces ¿es esa la realización por el cuerpo?

Roland: ¡Sí!, ¡sí, sí! Pero zanshin es más bien una cuestión de atención, es permanecer atento a su gesto hasta el final. El ejemplo que se da siempre de zanshin, es cuando se coge el picaporte de una puerta para cerrarla. No se golpea la puerta, se la sujeta por el picaporte, se la cierra, se va hasta el final, se termina el gesto. Cuando se caligrafía, se realiza el trazo y se traza hasta el final. O sea que permanecemos concentrados en lo que se hace, hasta el final. Zanshin pertenece al ámbito de la acción, no pertenece al ámbito de la sabiduría.

Yo os hablaba de la sabiduría, de una comprensión en la cual no se comprende solo con la parte superficial de nuestro cerebro, el lado intelectual que nos hace comprender rápidamente un montón de cosas. Pero si no se comprende profundamente, entonces cuando se dice con el cuerpo, quiere decir también con el inconsciente, el inconsciente que es corporal, es decir, verdaderamente comprender algo desde el fondo de su ser, lo que hace que no haya más resistencia interior a seguir lo que se comprendió. Sino se está dividido entre una comprensión… Por ejemplo comprender que ser egocéntrico es completamente absurdo, porque nuestro ego no es el centro del mundo. Entonces podemos  explicarlo y comprenderlo.

Eso no impide que, apenas comprendido,  vayamos a salir y vayamos a tener una reacción puramente egocéntrica. En ese momento ni siquiera se reflexiona. Es casi un condicionamiento. Estamos condicionados por decenas de años de comportamiento egocéntrico. Y para llegar a descentrarse, a quitar ese egocentrismo, tiene que haber verdaderamente una revolución que no solo implique la comprensión intelectual, que es fácil de tener, sino una comprensión profunda que asocie el cuerpo y por lo tanto también al inconsciente. Y entonces, todos los mecanismos que nos hacen a veces actuar de manera impulsiva, automática, condicionada y que no tienen en cuenta para nada la sabiduría que creíamos haber adquirido, ahí, de golpe, es dejada de lado. No funciona más. Para mí eso es un problema verdaderamente muy, muy importante.

Se habla mucho de los bonno, es decir de las pasiones, finalmente, de los apegos, que son causa de sufrimientos. Pero yo encuentro que hay otro ámbito del cual no se habla suficientemente, que son los hábitos, los condicionamientos. Y muchas veces se van a cometer errores simplemente porque estamos condicionados a reaccionar de una manera u otra. No es tanto una pasión la que nos hace actuar así, es la costumbre. Por eso hay que cambiar los hábitos, esto también es muy importante.

Esto implica estar atentos, comprender lo que nos hace actuar, tratar de encontrar un espíritu nuevo cada vez, en cada situación. Y no contentarse con reaccionar de la forma habitual.
Porque nuestra forma habitual no es necesariamente buena. Está condicionada por nuestro karma, por todo tipo de cosas.

Es por eso que en el Zen, la vida monástica – aunque que yo no soy muy apasionado por los monasterios – no impide que la vida monástica a pesar de todo tenga un gran valor, es que ella nos lleva a practicar con el cuerpo y la mente en unidad todo el día. Es lo que también hacemos en sesshin. Y entonces es de una gran ayuda para descondicionarse, para cambiar nuestros hábitos, tener otras costumbres. Por ejemplo la manera en que se come en sesshin son otros hábitos, pienso, de la manera en que se come en un restaurante. Es una nueva forma de hábito. Es importante cambiar los hábitos.

De lo contrario, no llegamos a vivir en armonía con lo que hemos comprendido y por lo tanto estamos divididos. La cabeza piensa así muchas veces, si hemos reflexionado, si hemos… ¡y bueno!, y finalmente actuamos de otra manera.

Lo digo siempre, este es un problema muy antiguo. Hay filósofos célebres como Leibnitz que decía: “Sé lo que es justo pero hago lo que es falso”. Es una confesión. La Vía es realmente….”Reflexioné mucho, lo entendí todo, sé lo que es justo, hago lo que es falso. No siempre, pero a menudo”. ¡Eso nos pasa a todos! Y encuentro que es algo a lo que hay que aplicarse de verdad. Para eso hay que adquirir  buenos hábitos. Y por lo tanto hacer muchas sesshin…

Solo buenos hábitos tampoco es suficiente. Hay que comprender. ¡Se necesitan los dos! Siempre es  lo mismo. Hacen falta las dos: concentración y comprensión.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Breve historia de la consciencia- Gérard Chin Rei Pilet







 BREVE HISTORIA DE LA CONSCIENCIA
La consciencia original, también llamada rostro original o espíritu de Buda, es fundamentalmente libre y, entre las libertades que tiene a su disposición, está la de identificarse o no identificarse.

Su condición natural, aquella en la que puede ser plenamente ella misma, es la de no identificación, la de no permanecer en nada, no «apegarse a nada y no rechazar nada».

Sin embargo, es libre de identificarse con el cuerpo y la mente y experimentar lo que esta condición limitada tiene que ofrecer en cuanto a júbilo y sufrimiento: júbilo de creerse autónomo, dotado de voluntad propia y poder personal; sufrimiento de sentirse separado de los otros y del mundo, y experimentar la amarga frustración que la aparición de la pulsión del apego engendra inevitablemente.

Cuando, harta de ese vaivén de júbilo efímero y sufrimiento/frustración repetitivo y contrariada por que la búsqueda de beneficios, amores, éxito, diversión, no haya llevado a la felicidad estable y profunda que se esperaba, vuelve a la búsqueda espiritual, ésta le revela de inmediato que no hay unión posible entre la felicidad estable y la convicción de ser una entidad separada.

Al practicar la Vía de manera asidua, llega un momento en que la consciencia reconoce que ella misma es la felicidad estable y profunda que se busca en los objetos exteriores y que esta búsqueda en sí constituye el gran obstáculo para su realización.

En este punto, es cuando se comprende de verdad mushotoku y se puede entrever realmente su poder espiritual: no hay nada que buscar, ni codiciar, todo está ahí: paz, felicidad, plenitud, en el seno mismo de la consciencia, en apariencia fragmentada por la identificación con lo que Buda llama «los cinco agregados de apropiación» y de los que nos sugiere observar que «ése no soy yo, esto no es mío, ése no soy yo y esto no es mío» (aparentemente fragmentada, porque la consciencia en tanto que tal no puede fragmentarse nunca, al igual que un espejo no se ve afectado por las características particulares de los objetos que se reflejan en él).

Cada vez que la consciencia abandona la identificación, vuelve a su grandeza original; cada vez que, por la fuerza de la inercia y el hábito, se identifica, se aleja de nuevo y vuelve a caer en las turbulencias del samsara.

Al principio del proceso de evolución, la consciencia no está acostumbrada a permanecer en sí misma y el deseo de aventurarse por los caminos del samsara la sigue seduciendo por momentos: la fascinación por tal o tal fenómeno, los viejos hábitos de apego o rechazo, el surgimiento repentino de deseos evitados en las capas profundas del subconsciente que nos sorprenden con su intensidad y el vigor aún intacto de su poder de atracción; aunque nos creamos liberados de una vez por todas de «ese tipo de cosas». Sin embargo, la perseverancia en la práctica y el aumento de la frecuencia de los períodos de no identificación actúan de manera que la consciencia se siente cada vez más cómoda en sí misma y en tanto que sí misma.

Entonces, puede toparse con numerosos fenómenos y enfrentarse a las situaciones a veces dolorosas de la vida cotidiana sin verse alterada de manera duradera. Su capacidad de provocar sufrimiento se disipa bajo los efectos salvadores de su luz, esa luz tan bien descrita por Koun Ejô en su Kômyôzô Zanmai (El samadhi del tesoro de la luz maravillosa).

En ese momento, en lugar del sentimiento de carencia tan característico de una consciencia confundida con las identificaciones, un sentimiento de tranquilidad y felicidad serena se desprende del trasfondo de nuestras vidas a la vez que aflora en nuestras actividades y relaciones. Éstas, anteriormente condicionadas por la ilusión de la separación y las expectativas egóticas que resultan de ella (por ejemplo, interesarse por los demás solo cuando queremos obtener algo de ellos y mostrarnos indiferentes u hostiles cuando no pueden sernos de utilidad), se transforma por el descubrimiento de que el universo que percibimos como exterior existe, de hecho, en el interior de nosotros mismos, en ese «nosotros mismos» que se amplía hasta alcanzar la vastedad de la consciencia original.

Y es así como, cuando la consciencia vuelve a su fuente, emergen de forma natural el amor incondicional y la compasión desinteresada: el amor/compasión se unen a la sabiduría/desapego y uno y otro resultan ser las dos caras indisociables de la misma realidad infinita.


Gérard Chinrei Pilet (Noviembre de 2019)