sábado, 25 de marzo de 2017

Carta Postsesshin : La resonancia: la simultaneidad de la Vía




“Estudiar la vía del despierto,
es estudiarse a sí mismo.
Estudiarse a sí mismo,
es olvidarse de sí mismo”
Dogen, Genjo koan

“La mente ordinaria es el Camino”
Baso Doitsu (709-788)
Bueno, bueno…

Como sabéis el nombre de nuestro dojo es Genjokoan, el koan, el enigma que la vida cotidiana nos pone delante para que lo resolvamos y la clarifiquemos. En la traducción que hicimos del mismo en “La realización del despertar”, de Roland Yuno Rech, (edit. Milenio),  nos expone el olvido de uno mismo, de una misma; en el que somos reconocidos por todas las existencias.

Cómo repetía Roland varias veces, una sesshin histórica. Por los acontecimientos vividos y por la gente que ha asistido y por la concentración y funcionamiento tan armonioso de  la misma.
Armonía solo posible en ese olvido de uno, de una misma. 

Despojados del propio cuerpomente y del cuerpomente de los demás en ese momento un modo de funcionamiento natural y en armonía aparece; aparece doji jodo, la resonancia: la realización simultánea de la Vía. Y cada momento es un buen momento, cada lugar un buen lugar. Ahí donde estamos es el verdadero dojo, el verdadero hogar de la Vía.

Muchas gracias por vuestro trabajo. 

Por encarnar los tres aspectos, los tres espíritus que Dogen expone en las “Instrucciones al cocinero zen” (El Tenzo Kyokun). El Gozoso, el de la Abuelita, (de Amor sin condición), el Vasto espíritu, …Tres en uno que tan bien engrasa la maquinaria y nos ofrece, en nuestro gyoji, la ocasión de que la práctica sentada se realice e integre en lo de todos los días, en el hoy de pocas cosas, en lo ordinario , en la práctica cotidiana.

Joshu le preguntó a Nansen:
-¿Cuál es el Camino?
-La mente ordinaria es el Camino –contestó Nansen.
-¿Debo intentar buscarlo? –Inquirió Joshu.
-Si tratas de buscarlo, te separarás de él –respondió Nansen.
-¿Cómo puedo conocer el Camino a menos que intente hallarlo? –insistió Joshu.
Dijo Nansen:
-El Camino no es una cuestión de conocer o no-conocer.                                                          Conocer es ignorancia; no-conocer es confusión. Cuando alcances verdaderamente el verdadero Camino más allá de toda duda, lo descubrirás tan vasto e ilimitado como el espacio. 

En esta mente ordinaria, está incluida para Dogen la propia naturaleza de la verdadera mente (que si no permanece en nada aparece) así como la forma de practicar la Vía.

Para él este practicar la Vía dentro de todas las cosas ordinarias es la práctica del dharma en sí mismo, en la misma propia intimidad.

Y quizás en este tocar la intimidad que significa la palabra sesshin, encontramos la respuesta a la pregunta planteada a lo largo de la sesshin: “¿Esta es la auténtica práctica del zen?”

“Has practicado en la soledad de la montaña
y ahora te encuentras en la plaza del mercado.
Es allí donde debes observar tu sosiego,
donde debes encontrar tu calma.
Los vagabundos de la Vía,
no permanecen siempre más allá de las nubes,
ni donde se encabalgan las montañas azules a lo lejos.
Si la intimidad de tu corazón es limpia
cada lugar será tu hogar
y en él encontrarás la profunda calma de la montaña”

Simplemente sentarse en total entrega y despojamiento engloba todo.

Un día, el maestro Gikai pregunta a Keizan Jokin:
“¿Cómo has logrado la ‘mente ordinaria’?”
Keizan le contesta: “El Camino no es ni saber ni no-saber”.
El maestro le reconoció diciendo:
“Las enseñanzas de Dogen florecerán en ti”

miércoles, 8 de marzo de 2017

Recuperar la memoria de las mujeres en la práctica de la Vía






De un tiempo a esta parte, entre algunos practicantes, tanto hombres como mujeres, hay un empeño por recuperar la memoria de las mujeres en la práctica de la Vía, recolocar lo femenino en el Zen.
Buscamos entre los textos antiguos, la huellas de las Matriarcas del zen, grandes Budas, sabias mujeres que han dejado su impronta y a las que nadie ha hecho mucho caso.

Tratamos de recuperar su enseñanza. Buscamos también, en los textos de los Patriarcas, como por ejemplo en el caso de Dogen, su opinión sobre la posibilidad de despertar en un cuerpo de mujer. Descubrimos que, a lo largo de la historia de nuestro linaje, ha habido periodos de auténtica misogamia.

Tratamos de recuperar la enseñanza de esas antiguas sabias y eso está bien pero no es suficiente para equilibrar lo femenino y lo masculino en el zen.

Si una mira a las formas, al estilo de nuestra escuela, de nuestras sanghas, el zen es “masculino” porque ha desarrollado cualidades más “masculinas”: estructura, fortaleza, solidez… Unos buenos pilares, características que todos y todas hemos desarrollado; no sólo los hombres. Quizás ha llegado el momento de desarrollar esas otras cualidades más típicamente “femeninas”: ternura, dulzura, calidez, flexibilidad…

No se trata sólo de hacer una lista de Matriarcas o una de Matriarcas/Patriarcas que no está mal, sino de que la sangha pueda mostrarse en su feminidad; dejar que aflore y poder sorprendernos con el fruto, con el calmante que creativamente surja, para aliviar con compasiva ternura el sufrimiento de nuestra sociedad.

La monja Punna lo expresó de esta forma tan bella:
Después de quince días
llena de sí, la luna resplandece.
Haz lo mismo y sé sabia poco a poco

y con tu propia luz ábrete paso
por la densa ignorancia de la noche
(Therigatha)


Kogen