miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ryokan toca el koto sin cuerdas





RYOKAN TOCA EL KOTO SIN CUERDAS

Noche apacible,

tras mi ermita de techo de paja,

solitario toco el koto sin cuerdas.

Su música desaparece en las nubes

llevada por el viento.

Su voz es la del arroyo

fluyendo cada vez lejos,

atravesando bosques y montañas.

llena todo el valle.

Quién si no un sordo

podría escuchar su música-

Ryokan expresa la música del despertar a través de esta melodía del koto sin cuerdas. Tocar el koto sin cuerdas es una expresión del poeta chino Tao Yuanming  para expresar lo inexpresable, lo inefable a través del lenguaje. Sin palabras, no sin expresión. Significa la esencia del despertar.

El koto es un instrumento musical de 5,7 cuerdas hecho en madera de paulonia, árbol de flores malvas que llega a medir 15 m. de alto. Al que hace referencia Ryokan medía 60-80 cm. de largo por unos doce de ancho. Los actuales son de 13 cuerdas y de una medida de 1,5 metros por 30 cm.

A Ryokan le gustaba escuchárselo tocar a Yamagoshi, médico de Iwamuraja; a Teishin, que tocará para él el koto de una sola cuerda (ichigenkin).

El koto junto a la poesía y el sake eran tres de sus aficiones como para el poeta chino Li Bai que tanto apreciaba.

Pensando en él, escribió Dogen en el Boshisatva shishobo:

“El koto, la poesía y el vino, hacen del ser humano, del cielo, y de Buda sus amigos.
El ser humano hace del koto, de la poesía y del vino sus amigos”.


martes, 20 de noviembre de 2012

La impermanencia











A veces, la impermanencia  invade nuestra vida sin permiso, sin aviso, sin conciencia de que sea algo que está ahí, que controla nuestra vida, que campa por el cosmos y lo controla. Su efecto, su acción, nos deja sin respiración, sin aliento, sin base en la que apoyarnos. Entonces, como el viejo maestro de Castaneda nuestro lamento se alza hacia el cielo gritando:

“Qué lejos estoy del suelo donde he nacido
Inmensa nostalgia invade mi pensamiento
      Y al verme tan sola y triste cual hoja al viento:
        Quisiera llorar, quisiera morir, de sentimiento”

¿Dónde estamos? ¿Qué es de nosotros, de nosotras?
En esos momentos de desesperación, de carencia absoluta de certezas, aparece la Vía. Es lo único que tiene validez.
Puede parecer cruel, pero en esta realidad en la que estamos sumergidos, sumergidas, es la única realidad, lo único cierto.
Abandonados, abandonadas a zazen, aparece nuestro hogar, la paz lo inunda todo, estamos en su territorio. No hay más morada que la de Buda, no hay más morada que la del cosmos. Nada que hacer, nada que demostrar, nada que definir,… Tan sólo ser, vivir.
Respira, siente, vive, sé tú. Y todo lo demás vendrá por añadidura. Aunque no lo creas, la paz te embargará y la vida, negada hoy, inundará de nuevo los nuevos arrozales que alimentarán el hambre de tu espíritu.

Kogen