martes, 28 de abril de 2009

Sábados de Abril-Mayo-Junio

HORARIOS SÁBADOS

Mayo:

Día 9.- Introducción a las 10 h. Zazen 11,30 horas
Día 15.- Costura a las 10 h. Zazen a las 11,30 horas
Día 23.- Zazen a las 11,30 horas
Día 30 .- Zazen a las 11,30 horas

Junio:

Día 6.- Costura a las 10 horas, Zazen a las 11,30 horas
Día 13.- Zazen a las 11,30 horas.
Sesshin en Auch con Patrick Pargnien.
Día 20.- Zazen a las 11,30 horas
Día 25.- Media jornada de 9 a 13,30, posterior comida y organización del verano.

Zazenshin, el espíritu del gesto

Zanshin, el espíritu del gesto

Zanshin literalmente quiere decir el espíritu del gesto. Es decir estar en plena presencia en todos los gestos en todos los momentos de nuestra vida y así soltar lastre del fardo del mental para hacer realidad que en cada momento de nuestra existencia podemos vivir una vida despierta, libre. Lo que implica que la vía espiritual se prueba en cada momento de nuestra existencia evitando así que se convierta en una técnica de salud corporal o en una técnica de relajación mental. Incluso si la salud corporal y la relajación mental son consecuencias de la práctica espiritual, no es la práctica en sí misma.

La práctica del « espíritu del gesto » permite que la Vía se encarne totalmente en nuestra vida y no sea cuestión de un espacio, de un tiempo ; si quedara limitada al hecho de un lugar, de una postura, de un tiempo particular, entonces esa vía estaría profundamente limitada y nos limitaría en nuestra dimensión de ser humano libre.

Esto implicaría que si nos contentamos con aplicar una técnica para despertar la mente, induciríamos que la liberación, el espíritu del despertar es una condición aparte, separada de la realidad humana.

Así, la posición de la enseñanza del Buda y por lo tanto de la enseñanza del Zen es que fundamentalmente todos y todas somos seres despiertos y que esta luz silenciosa, nunca ha dejado de brillar.

La mejor imagen es la del cielo : incluso si hoy hay nubes, el sol continúa brillando. Nunca ha dejado de brillar. Pero las nubes más o menos espesas, más o menos densas forman una pantalla que filtra su luz.

Cuando las nubes se disipan, el sol no aparece como « realidad-sol », aparece a nuestra visión. De la misma forma que el hecho de que desaparezca de nuestra visión no quiere decir que haya desaparecido como realidad.

La práctica del « espíritu del gesto » teje ese lazo entre la vida cotidiana y la vía espiritual, el espíritu absoluto y el mundo relativo. Nos lleva así a vivir cada momento de nuestra vida, de nuestra existencia como un momento de despertar, de práctica de la Vía, un momento para dejar que el cielo se abra, que las nubes se disuelvan como bruma que se disipa al contacto con el calor de la luz del sol.

En un zendo (lugar de práctica) existen reglas, maneras de desplazarse, de estar y es importante no aprehenderlas en su aspecto formal, histórico, como reglas esotéricas que nos vienen del Japón sino de forma viva como un medio hábil para alinearnos con la verticalidad del instante presente, para ser plenamente donde estamos y dejar de creer que nuestra vida pasa en otra parte, que sería mejor en otra parte, que el instante de después será feliz. Ahí, aquí y ahora puede ser feliz.

La práctica del « espíritu del gesto » nos saca de la conciencia « fantasma » para estar presentes en cada movimiento del cuerpo, en cada gesto que hacemos. Nos permite habitar nuestros gestos. Es posible realizar los gestos con una cuidada belleza y estética,
sentir cierto gozo en la belleza del gesto realizado sin estar en una consciencia habitada. De forma muy concreta y muy sencilla, por ejemplo aquí, cuando estamos de pie, estar en la sensación de la frescura y de la textura del suelo, estar en la sensación del movimiento del cuerpo, estar en el corazón de cada sensación y a la vez unidos al mundo que nos rodea.
Es interesante comprender y practicar todas las actitudes corporales en el zendo a la luz de la Vía del Medio y tratar de realizar esta vía de equilibrio en el propio cuerpo, no estar ni demasiado tensos, ni demasiado relajados en cada una de las posturas. Esto vale también para cuando nos desplazamos marcando los ángulos rectos y saliendo con el pie derecho ; podemos formar un ángulo, con cierto rigor, pero a la vez con flexibilidad. Cuando entramos en el zendo con el pie izquierdo, estar plenamente ahí en ese momento preciso. No estar en esa consciencia fantasma, sino estar ahí, en la acción de entrar en el zendo con el pie izquierdo.

Por supuesto podemos entrar con el pie izquierdo estando en el mental porque se ha convertido en un gesto mecánico. Pero practicar zanshin es justamente no seguir los gestos de forma mecánica, sino estar en el mismo estado de espíritu que durante la práctica de zazen, es decir vivirlos con un espíritu nuevo, vivir la experiencia a través del cuerpo, de esos gestos y así alinearnos con la novedad de la vida presente. Podríamos traducir también zanshin por zazen, comer, andar ; entrar con el pie izquierdo es zazen, al límite, estar atrapado en los pensamientos conscientemente y volver al momento presente es también zazen.

Todo lo que pasa, todo lo que hacemos en el zendo es la práctica de la Vía y la consciencia del cuerpo puede ser su precioso vehículo.

Por ejemplo podemos hacer gassho (saludar) de diferentes formas , los hombros levantados, los antebrazos bajos…Pero si vivimos ese gesto en el alineamiento corporal, las manos juntas a la altura del corazón (en el centro del pecho), los antebrazos horizontales, sobre el plano corporal no se crea ninguna tensión. En esta posición la espalda se verticaliza naturalmente y se puede realizar un estado de presencia, de disponibilidad.

En cada uno de estos gestos puede realizarse la Vía del Medio, como en todos los que realizamos en lo cotidiano. Así cuando realizamos cada una de nuestras acciones, estando en una presencia centrada, vertical y a la vez ligera y fluida, se cultiva a través del cuerpo de forma natural el espíritu delicado, el espíritu benevolente.

Sin él, el espíritu de concentración que se desarrolla en el Zen (y es importante), que nos aúna con la realidad viva del instante, sería una cristalización ; el espíritu de concentración que corta las ilusiones, sería más duro que la espada de un samurai si le faltara la comprensión del espíritu de la compasión. Y la vía espiritual sin el espíritu de compasión es una vía árida a la que no le queda más que el nombre de vía espiritual.

Por otra parte, la práctica del « espíritu del gesto » nos va a llevar a realizar que en la práctica de la vida, de la Vía en lo cotidiano no hay cosas grandes o pequeñas, lo que es importante o lo que no lo es.

Esta práctica hace « explotar » todas esas categorías, hay solamente la realidad tal cual es. Hay solamente la realidad que esta ahí y ser plenamente con ella es lo que nos permite realizar el espíritu de « penetración » (estar en el corazón de) y así no quedarnos en la periferia de nuestra existencia, de la vida. En el espíritu de la Vía, todo tiene su importancia, la vía espiritual, debe integrarse en todos los aspectos de la vida. Esto es lo que muestra la siguiente historia.

Ls enseñanza de Ikkyu era famosa y un monje que la quería recibir, se encaminó a su ermita. Se puso a llover, abrió su paraguas y continuó el viaje.
Cuando llegó, el monje cerró su paraguas, se quitó los zapatos y los colocó al lado de la puerta, luego se presentó a Ikkyu. Le saludó y le dijo :
« Hace varios años que practico y me gustaría ser tu discípulo, recibir tu enseñanza. »
Nosotros esperamos por parte del maestro preguntas sonte la enseñanza, sobre la profundidad de nuestra práctica, lo que hemos realizado, pero Ikkyu le dijo sencillamente : « ¿De qué lado de la puerta has dejado tu paraguas? »
El monje reflexionó, enfadado reconoció: « No lo sé. »
Ikkyu le dijo: « Vuelve más tarde a verme, no has comprendido nada del zen ».
« ¡Cómo !Tú me despachas por un pequeño error, dijo el monje ! »
« Decididamente no has compendido nada de la práctica ! En el zen no hay pequeños errores, respondió Ikkyu ».

Comer dormir, trabajar, andar por la calle, relacionarse, tener una calidad de atención a todo esto, habitar la realidad presente tal y como es, es la práctica espiritual de nuestra vida.

Estar atento a los gestos que hacemos no quiere decir que haga falta ponerse de repente a vivir al ralenti, eso sería una presencia, una concentración cristalizada, egocéntrica. La concentración no debe ser rígida, « tendida hacia », sino más bien distendida, abierta, ligera en cuerpo y mente y corazón. Y realizar así que la Vía es una vía de apertura.

Estar concentrado, estar presente no es más que una forma de hacer, una actitud de la mente sea la que sea la acción en la que estamos. Este cuerpo-mente unificado que experimentamos en la práctica de zazen, es esencial dejarlo irradiar también fuera del dojo, cuando estamos hablando,cuando andamos por la calle,cuando comemos…incluso si esto puede parecer más difícicl a realizar en esas condiciones exteriores.

Pero cuando estamos cada vez más presentes al instante, de cierta forma cuando honramos el instante presente, esta vida presente, (pues el único lugar en que estamos plenamente vivos es exactamente ahí donde nos encontramos) ; el más sencillo de nuestros gestos, la más simple de nuestras acciones comienzan a impregnarse de mucho más cuidado, de mucho más amor y de mucha más alegría, naturalmente.

Para acabar, la forma más sutil de zanshin, y la más difícil de realizar es cuando no hay « nadie » que actúa. Por ejemplo, abrimos la puerta, hay una plena consciencia de la acción que estamos haciendo, una plena atención a las sensaciones presentes, a las percepciones, a las formaciones mentales del instante, pero « yo » no lo atrapo. Ya no hay un « yo » apropiándose de la acción de abrir la puerta, justo una consciencia de eso que no interviene. Quizás hayáis experimentado el tener muchas cosas que hacer durante un día y ese día todo se desarrolla sin problemas , todo se encadena. De cierta forma es una experiencia similar ; cuando el sistema mental deja de asir, deja de hacer, deja de querer hacer o de no querer hacer, entonces deja sitio para que la acción se realice. Es decir que ya no hay intermediario, separación entre la intención, la consciencia y la acción, justo una circulación fluida, un dejar hacer, una gran confianza en la vida del universo que nos habita.

Para hacer realidad esto en el dojo, en la propia vida, hay que traer una y otra vez la atención. Entonces esta plena consciencia, esta plena presencia puede prolongarse, fluir en las diferentes acciones, los diferentes aspectos de nuestra vida. Es la práctica que no tiene comienzo ni fin, sin impacientarse, instante tras instante. Es en esta presencia que todos los tormentos, todas las inquietudes, todos los miedos pierden su influencia y todo sentimiento de separación desaparece. Entonces surje el gozo, la alegría tranquila, la alegría sencilla de estar justo ahí, en armonía con cada instante.

Patrick Pargnien, monje zen

jueves, 2 de abril de 2009

Zazen de los sábados

HORARIO DE ZAZEN DE LOS SÁBADOS


TRAS UNOS MESES INTENTANDO ADAPTARNOS
AL HORARIO DE LOS SÁBADOS,
PARECE QUE ENTRAMOS JUSTO EN LA RAYA
ENTRE "DOS MUNDOS" ASÍ QUE
HEMOS TOMADO LA SIGUIENTE DECISIÓN:

A PARTIR DEL SÁBADO 18 DE ABRIL EL ZAZEN SERÁ

A LAS 11,30 HORAS.

Buen Gyoji

Las cuatro vías del bodhisatva de Dogen





DAISATTA SHISHOBO

Las cuatro vías del bodhisattva


Ser bodhisattva es actualizar zazen en la vida cotidiana

Cuando estamos concentrados en la postura de nuestro cuerpo en zazen, pensamos con el cerebro derecho, dejamos nuestro discurso interior, dejamos de apegarnos a cualquier noción y sobre todo a la noción de un “yo” en zazen. Ya no soy yo el que hace zazen. Cuando nos olvidamos totalmente en la postura y en la respiración sólo queda zazen. En este zazen el cuerpo y la mente están en unidad con todo el universo. Todo espíritu de separación desaparece. En la inspiración, recibimos la energía del cosmos; en la espiración, esta energía se difunde en nuestro cuerpo. Nuestro espíritu se convierte en una puerta batiente, abierta a la vez al interior y al exterior. Así se desarrolla nuestra receptividad a la verdadera naturaleza de nuestra existencia que se actualiza en la práctica de zazen; una naturaleza totalmente libre, que no se estanca, que no se coagula mentalmente. Nuestra interdependencia con el sistema cósmico se actualiza.

¿Cómo continuar esto? ¿Cómo expresarlo en la vida cotidiana? ¿Cómo vivir a partir de este espíritu? Es el sentido de ser bodhisattva, cómo vivir a partir de nuestra realidad más profunda, vivir de manera auténtica, de manera transparente. Los diferentes votos, las diferentes prácticas en el fondo sólo son expresión de esto, de esta experiencia de zazen. No creáis que le falta algo a la práctica de zazen, algo que hubiera que completar a través de la ordenación, los preceptos, los votos. Si el espíritu de zazen guía vuestra existencia naturalmente, el deseo de recibir la ordenación aparece, de seguir los preceptos, de realizar los votos del bodhisattva como el sentido mismo de nuestra vida, de nuestra vida en unidad con todos los seres.


Amar zazen

¿Qué hay que añadir? ¿Qué falta a este zazen? Cuando practicamos zazen juntos, podemos hacer la experiencia de una forma de ser en nuestra vida, donde no falta nada. Donde no son necesarios los “tú debes”; donde los “hay que” desaparecen. Cuando nos sentamos en esta actitud, en este estado, podemos realizar la verdadera libertad. Dejar la tensión entre una u otra cosa. Cada instante es absoluto, completo. Más allá del antes y del después.

Un aspecto importante de nuestra vida de bodhisattva es amar zazen, compartir nuestro amor de zazen con los otros. En ese momento no hay necesidad de esfuerzo. Si uno quiere, el esfuerzo no es necesario. El amor es mucho más poderoso que la fuerza. Cuanto más damos a zazen nuestra atención, nuestra energía, más podemos recibir de zazen y más natural se convierte el compartir con otros esta práctica.

Estoy aquí hoy con vosotros porque, desde el primer instante que hice zazen, amé el zazen. Diría que zazen también me ha amado e incluso esto que trato de expresar, esto, viene después. La práctica de zazen no tiene consciencia de hacer zazen, de amar zazen, de ser amada por zazen. En el instante de zazen no hay más que zazen, todo el resto desaparece. Todo el resto se libera.


Las cuatro vías del bodhisattva

El Maestro Dogen escribió un capítulo del Shobogenzo que se llama: Daisatta Shishobo, “Las cuatro vías del bodhisattva”; para ayudar a los seres humanos. Se trata del fuse, del don; de ai go, las palabras de amor; de ri gyo, las acciones benéficas; y de do ji, no diferenciarse de los otros.


Fuse: El Don

Nuestro cuerpo no nos pertenece. Todo lo que creemos poseer solamente nos ha sido prestado por el orden cósmico para un periodo de tiempo limitado. Podemos sentir, experimentar que recibir y dar es hacer circular la energía, armonizarse con el orden cósmico. No nos convertimos en algo más cuando recibimos ni disminuídos cuando damos. Nosotros mismos no estamos limitados a este cuerpo. Si sentimos que el otro y yo no somos diferentes ni estamos separados, cuando un fuse se da, o bien es recibido, es justo un intercambio. En el total entre nosotros dos nada aumenta ni disminuye. Por ejemplo: si alguien ama completamente a otra persona, se convierte en esta otra persona. Si esta otra persona recibe una gran alegría, él no se pone celoso, al contrario, se alegra como si él mismo lo hubiera recibido, porque se ha hecho idéntico al otro, es lo que se llama do ji. Así, las cuatro acciones del bodhisattvas son completamente interdependientes.

El Maestro Dogen decía: “Solamente por la virtud del fuse, él le llama futon, es decir: sin avidez, sin cálculo, solamente por esta acción, podemos construir un mundo posible”. Todavía es más verdad en nuestra época. Si el espíritu del don y de solidaridad no se desarrolla, seguramente el mundo corre grandes peligros, muchos conflictos aparecerán. Así, para los que practican zazen como nosotros, es importante cultivar el espíritu del fuse, es la primera expresión de nuestra práctica como bodhisattvas.

Dogen dice: “Cada uno posee en su naturaleza propia la capacidad de dar, de hacer fuses espiritual o materialmente en cada momento; nos creemos pobres, tenemos todo el tiempo miedo de perder algo, de tener menos si damos algo”. Practicar zazen permite encontrar nuestra verdadera riqueza, realizar el espíritu que no mide, que no compara, que no crea divisiones ni separaciones. Entonces, el universo entero es mi posesión.

Dogen señala: “Ya que nada nos pertenece, podemos dar. Justamente porque nada nos pertenece en propiedad, podemos separarnos de nuestras posesiones, sin tener menos”. Poco importa si el fuse es importante, grande o pequeño, no es una cuestión de cantidad: lo importante es que sea benéfico para los otros.

Una forma de fuse que es muy importante es dar la propia vida para la práctica de la Vía. Ir a hacer zazen al dojo, practicar con los otros, dar nuestro tiempo, nuestra energía, dar nuestro propio cuerpo para hacer existir ese zazen. Y así, permitir a los otros practicarlo sin esperar una recompensa, sin segundas intenciones, sin cálculo, entonces, este zazen es ilimitado, una acción ilimitada. Si nos entregamos así a la Vía, nuestra vida se completa.

Ai go, palabras de amor

Ai quiere decir amor, y go, palabra. Ai go son las palabras de amor, no las palabras de seducción, quiere decir que no utilizamos palabras brutales, duras, sino que nos preocupamos del bienestar de los que encontramos. Quiere decir, estar atentos a la persona a la que hablamos, como un padre con su hijo. No es utilizar palabras diplomáticas sino expresar el verdadero espíritu. Ai go tiene el poder de reconciliar a los enemigos, de cambiar completamente el estado de espíritu del otro. Cada uno tiene mucho miedo en su mente, ai go, las palabras de amor, apaciguan los temores, dan un sentimiento de seguridad, de ser aceptado tal y como uno es, con simpatía, sin juicio, sin rechazo. Ai go, como el fuse, tiene el poder de cambiar el estado de espíritu de las personas que lo reciben. Como cambiar el estado de espíritu es una cosa muy difícil, ai go, como el fuse, es un medio muy importante para el bodhisattva, para ayudar a los seres a cambiar su espíritu ordinario y hacer aparecer el espíritu de la Vía.


Ri gyo: Las acciones benéficas

Ri gyo quiere decir cuidar de cada persona, sea cual sea su posición. No en relación a uno mismo, no en relación con el propio interés sino para permitir que esta persona se desarrolle en la vía. Ri gyo no se practica solamente con los seres humanos sino con todos los seres. Dogen, por ejemplo, cita la historia del hombre que habiendo visto a los pescadores que habían atrapado una tortuga, compró la tortuga y la liberó. Es ri gyo, cuidar de todos los seres vivos, sentir compasión por ellos sin esperar un mérito especial o una recompensa. Sencillamente no poder hacer otra cosa más que ayudarlos, inconsciente y naturalmente, no decirse: “Hace falta que practique ri gyo.” Sencillamente dejar que el propio espíritu de compasión se manifieste, no reprimirlo, no bloquearlo teniendo miedo de molestarse a uno mismo, de perder algo. El Maestro Dogen decía: “La gente estúpida cree que, si el bienestar de los otros está en primer lugar, el nuestro va a disminuir. En realidad no hay oposición ni separación entre el otro y uno mismo”.


Do ji: no diferenciarse de los otros

Dogen dice: “Como Sakyamuni Buda que nació y vivió toda su vida como ser humano”. Toda su vida ha sido la práctica, la Vía de do ji, es decir: No separarse de los otros sino, al contrario, practicar completamente con los otros sin convertirse en alguien especial. Algunos se hacen monjes o monjas y, a partir de ahí, desarrollan un cierto orgullo espiritual. Piensan que se han convertido en gentes especiales, por encima de los otros. Si pensamos así, eso es una ilusión; llegar a ser bodhisattva, monje o monja quiere decir profundizar cada día en lo que nos une con los otros, en lo que no nos diferencia de los otros.

Lo que crea las diferencias entre los seres es el karma, las acciones que sigue nuestro ego. Ser bodhisattva, monje o monja es enraizar la propia vida en la práctica de zazen que nos pone en contacto con lo que no es diferente de las otras existencias; no solamente de las otras existencias humanas sino tampoco de los animales, de las plantas, de los árboles, de las montañas, de los ríos, de las estrellas. Es realizar la dimensión cósmica en nuestra existencia. De esta forma nuestro espíritu se hace vasto. Hacerse monje es estar completamente solo, zambullirse en la soledad, es decir, en el hecho de que no podemos poseer nada; pero si lo aceptamos desde el fondo de nuestro cuerpo y nuestra mente, nuestra vida se abre a lo universal, a la dimensión más allá de nuestro pequeño ego.

El lugar en que esta práctica de do ji se realiza mejor es en el dojo. En el dojo, seamos monje, monja, bodhisattva o sencillamente laico, sin ordenación, cumplimos exactamente las mismas reglas, la misma postura, la misma práctica; todos practicamos gassho, zazen. sampai, de la misma manera. La misma respiración, el mismo espíritu que no permanece en nada, el mismo espíritu que es shuke, sin morada. Nuestro verdadero espíritu es el espíritu de monje, el espíritu de monja. El vasto espíritu como el cielo que lo acepta todo, que incluye todo sin rechazar nada: el sol, la lluvia, las nubes, a veces la tormenta, el día y la noche.

El Maestro Kanshi dijo: “El mar acepta el agua sin límite, así crea vastos océanos. Las montañas aceptan la tierra sin límite, así forman altas cordilleras. Igualmente, un soberano que tiene sabiduría comprende el espíritu de cada uno de sus súbditos, no crea discriminaciones y rechazo entre los seres, así un vasto pueblo se reagrupa alrededor de él y forma un gran país porque no rechaza a nadie”. Así es el espíritu del bodhisattva, el espíritu de do ji, el espíritu de zazen.

Cuando nosotros practicamos zazen, juntos en el dojo, abandonamos el espíritu que crea separaciones y ese zazen influencia todo el universo, es lo que se llama do ji jo do, la realización simultánea de la Vía, por todos los seres.

Por supuesto, esto pasa de manera invisible, no podemos asirlo, sencillamente quiere decir que nuestro zazen no está limitado a nosotros mismos. Es como cuando tiramos una piedra al agua, las olas concéntricas que se crean en ese momento se propagan hasta el infinito. Si una sola persona cambia en su cuerpo y en su mente, automáticamente influencia al mundo entero, aunque no sea visible; ningún fenómeno, ningún ser, está separado de los otros.

Si seguimos de esta forma, esta ley cósmica fundamental, do ji, no diferenciarse, no separarse de los otros, armonizarse con esta realidad, ejerce una buena influencia en nuestro entorno y nos sentimos responsables de nuestra propia vida, de los efectos de nuestra vida en los otros. Si vivimos así podemos encontrar un sentido profundo a nuestra existencia, nuestra vida puede encontrar su verdadero valor.

Roland Yuno Rech- Solingen 1996