martes, 29 de noviembre de 2011

Sesión de invierno en la Gendronnière

Del 27 de diciembre de 2011 al 1 de enero de 2012, tendrá lugar la sesión de invierno en la Gendro, dirigida por Roland Yuno Rech.
Si estáis interesado-as:

www.zen-azi.org

Os adjuntamos la carta que ha publicado Roland en las news de la Abzen (www.abzen.eu)


Querido(a)s amiga(o)s de la Vía:

Espero que estéis bien en esta agradable estación entre el calor del verano y el frío invernal. A menudo el cielo en esos momentos tiene una claridad particular, los árboles se visten con bellos colores antes de despojarse de sus hojas en cuanto el viento de otoño se ponga a soplar. También es la estación de algunas cosechas y espero que los frutos de la práctica de zazen sean buenos para todos.

Hacemos el voto de compartir esta práctica con todos los seres, sobre todo en los dojos y las sesshines. Entre ellas la sesshin de invierno en la Gendronnière es una hermosa ocasión de encuentro entre los miembros de todas las sanghas de los sucesores del Maestro Deshimaru y espero reencontraros allí.

Espero que hasta pronto.

I shin den shin

martes, 22 de noviembre de 2011

¿Y LOS OTROS?


Presentación de ¿Y LOS OTROS? DE Georges Guérin


Este verano , como habíamos anunciado con anterioridad, se ha puesto a la venta en francés, el libro de Georges Guérin, ¿Y los otros?, en este libro de Eco-espiritualidad de promocionan una serie de valores que no cotizan en bolsa.
Nuestras vidas son totalmente interdependientes con las de todos los seres. En esta interdependencia es responsabilidad de todos el cuidarlas, el cuidarnos. Georges se apoya en diferentes estudios e informes oficiales que muestran cómo reduciendo nuestro consumo de carne, podremos contribuir eficazmente a frenar el calentamiento global y a resolver el problema del hambre en el mundo.

Para estimular nuestra compasión por el sufrimiento de los animales y seres humanos, el autor se apoya en el testimonio de diferentes personas, tanto de personas que vivieron antes como otras actuales con una espiritualidad comprometida con el mundo moderno.

Expresa de forma vibrante, la necesidad de una coherencia interna entre aquello a lo que nos despierta toda Vía espiritual (religiosa, laica, atea o no) y nuestra forma real de vivir la vida.

"Este texto es una contribución importante al esfuerzo de los hombres de buena voluntad para afrontar los retos de la crisis global que estamos viviendo. » (Prólogo de Roland Yuno Rech, Vice-Presidente de la AZI, Associación Zen Internacional ).

En él se celebra la belleza del mundo con una fe viva y lúcida en el futuro.
Os deseamos e inspiradora lectura del mismo.

Los interesados en contactar con Georges, pueden hacerlo por los siguientes medios:
Georges Guérin
29 Chemin Pouciquot Bât. A Studio 8
Ramonville St. Agne 31520
Teléfono: 05 -61 - 13 - 47 - 63

domingo, 13 de noviembre de 2011

HAIKU

En la corriente de barro

un pétalo.

Taishin

viernes, 11 de noviembre de 2011

11-11-11 ZAZEN

Zazen


Durante zazen, cuando os concentráis en la postura, concentraos totalmente en la postura, hasta el punto de que ninguna otra preocupación tenga ya lugar. Entonces, la concentración en la postura se vuelve la realidad total de este instante. Nos volvemos completamente el cuerpo en la postura de zazen. Toda concepción respecto de nosotros mismos o bien respecto del zazen queda entonces abandonada, para volvernos un cuerpo y un espíritu sentados en zazen.
Cuando nos concentramos en la respiración, quedamos por completo absorbidos por la respiración. Nos volvemos totalmente uno con la inspiración cuando inspiramos, uno con la espiración cuando espiramos. Se abandona cualquier otra preocupación. No debería haber siquiera concepción alguna sobre la respiración: ¿es larga o corta? Poco importa. Estamos sólo en el acto de respirar. En ese momento, la respiración se vuelve nuestra práctica absoluta de este instante.
En zazen, sentados frente a la pared, cuando volvemos nuestra mirada hacia el interior y nos observamos, nos percatamos íntimamente de que todo lo que nos constituye es impermanente, y de que aun nuestro propio espíritu es inasible. Esta enseñanza tiene por efecto liberarnos del apego a nuestro ego, suavizar la mente, resituarnos en la realidad tal cual es, en la realidad de nuestra total interdependencia con el orden cósmico; por ende, tiene por efecto abrirnos, ampliar el espíritu más allá de todas nuestras categorías mentales, disolver todas las coagulaciones del ego. A veces, algunos se equivocan pensando que la práctica del zen se trata de una forma de desarrollo personal en que hay que afirmarse a sí mismo. La práctica del zen es olvidarse de uno mismo. Sin embargo, este olvido atañe simplemente a una noción falsa que uno tiene de sí. Lo que se olvida, lo que se abandona, es una ilusión acerca de uno mismo. En cambio, al practicar, podemos experimentar la realidad de nuestra vida de cada instante. ¡No es la nada! Por supuesto, no es nada sustancial, nada coagulado, nada separado, pero al mismo tiempo nuestra existencia se actualiza a cada instante.
Cuando miramos desde el punto de vista del tiempo, observamos la impermanencia, pero es porque todavía pensamos y porque tenemos noción de lo que antes era, de lo que ahora es, las suposiciones o las expectativas de lo que más tarde será. Mediante ello, construimos la noción de la duración y del tiempo que corre. Es a través de la memoria y de la imaginación como se construye el tiempo. Es una concepción, una categoría de la mente. Por eso, la enseñanza de la impermanencia es sólo un aspecto de la realidad, tiene por fin disolver las coagulaciones mentales, el apego a algo fijo. Cuando esto se realiza, o durante su realización, es pues importante comprender y experimentar que el tiempo también es una ilusión, una construcción.
En esta práctica de la concentración, ya no vemos que el tiempo corre, sino que vivimos una sucesión de instantes presentes, totalmente vivenciados, totalmente experimentados. Es la experiencia de una total afirmación de lo que es justo ahora. Ninguna afirmación del yo, de mi ego, sino de la posición dhármica en que uno se encuentra, que es única, que es importante vivir plenamente, ya que «yo» no soy otro. Nadie puede practicar este zazen en «mi» lugar. Nadie puede despertar en «mi» lugar.
Por supuesto, podemos recibir enseñanzas, consejos, recomendaciones, seguir el ejemplo de nuestros antecesores, pero no podemos sino realizarlo en este instante y por nosotros mismos. Como decía Joshu: «Si mear nadie puede hacerlo por mí, con tanto más razón el despertar». Así que penetrar por completo en este lugar, en este sitio, en este momento de nuestra vida, es muy importante. Todo lo demás no son más que sueños, construcciones mentales. Este instante no se convierte en el instante siguiente. El instante siguiente es otra coyuntura, otra realidad. Habrá un instante, luego otro y así sucesivamente. Cada uno de esos instantes es una realidad.
Como decía Dogen: «Es falso creer que, al arder, la leña se transforma en ceniza». Antes, había leña; luego, habrá un montón de cenizas; pero la realidad de la leña, la realidad de la ceniza, son dos realidades diferentes. Es sólo porque nos acordamos de la leña que estaba antes, que decimos: la leña se ha convertido en cenizas. Pero, en realidad, la leña era un estado del tiempo, una posición y, algunos instantes más tarde, es otra posición la que se actualiza: la del montón de cenizas.
De la misma manera, no se dice que el invierno está convirtiéndose en primavera, ya que el invierno es una realidad y la primavera es otra. Cuando hay nieve, cuando hace frío, cuando el sol se pone temprano, es invierno. Cuando los días se alargan, cuando se abren los cogollos, cuando hacen eclosión las flores, cuando cantan los pájaros, es primavera: otra realidad. Pero de ninguna manera puede el invierno convertirse en primavera. El invierno es totalmente invierno, y la primavera, primavera.
Si vemos así las cosas, podemos comprender la enseñanza de Buda respecto a la vida y la muerte, a saber: que la vida no se transforma en muerte.
La realidad de la vida y la realidad del cadáver son dos realidades diferentes, totalmente discontinuas. Mientras vivamos, nos concentramos totalmente en la vida. La vida es la vida absoluta. Por supuesto, con la imaginación podemos decirnos que algún día ya no estaremos vivos, pero no moriremos ya que la vida no se convierte en muerte. La vida es la vida y la muerte es la muerte. Son dos estados radicalmente diferentes.
Es importante entenderlo ya que si no vemos más que el lado impermanente, del cambio, de la no sustancia de todo, tenderemos a estar en un estado mental evanescente, mientras que la práctica del zen es una práctica en la acción, en la total concentración sobre cada acto y a cada instante. Como en kin-hin, totalmente concentrados en cada paso, como en una sesshin, totalmente concentrados en cada momento de la práctica, en zazen cuando hay zazen, en el canto de los sutras cuando cantamos, en la comida cuando comemos, en el samu cuando es hora del samu, en el sueño cuando es hora de dormir. Cuando se vive plenamente cada una de estas actividades, se vive cada día sin nada incumplido, sin remordimiento, sin falta. Nuestro espíritu se sitúa por completo más allá del tiempo y de la impermanencia, en la dimensión de la realidad que puede llamarse “eterno presente”; pero ¡aún así es una denominación!
El presente remite al pasado y futuro pero, cuando estamos verdaderamente concentrados a cada instante, no hay pensamientos tales como después, pasado, presente, ni futuro, sino simplemente la vida vivenciada totalmente justo ahora; simplemente concentrados en llevar a cabo lo que tenemos que llevar a cabo, justo ahora; el después no es importante. Experimentar eso es particularmente posible durante una sesshin. Todo converge para poder realizar esa experiencia. A continuación, podemos seguir de la misma manera en la vida cotidiana. Simplemente, consumar, cada día, aquello que tenemos que hacer. Es el mejor modo de ser zen en la vida en que todo el mundo sueña “ser zen”. Es solamente un slogan, sin realidad alguna.
Si queremos realizar el sereno espíritu del nirvana, ello remite a la expresión «ser zen», que quiere decir estar solamente concentrado en el instante presente, abandonar todo remordimiento, no estar con expectativa de nada, sea lo que fuere, ni de resultado, ni de recompensa, ni de reconocimiento. Sólo llevar a cabo la acción absoluta de este instante.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Mondo: Maestro-Discípulo

Mondo
- ¿Los maestros son infalibles? ¿Qué quiere decir seguir a un maestro zen? y ¿Qué es lo que caracteriza la relación maestro-discípulo?


- ¿Necesitas seguir a alguien infalible? Un maestro zen no es un seguro a todo riesgo. Es un poco menos falible que otro ¡debe tener unos cuantos largos de ventaja! En cuanto a la relación maestro- discípulo, tiene muchos aspectos. La principal es la confianza en que el maestro puede ayudarnos en el caminar en la Vía. Esta confianza no debe ser ciega sino luminosa a fin de comprenderse mejor a uno mismo y evitar las trampas de la Vía, de permanecer prisionero en ella. No se trata de entregarse totalmente a otro. Algunos lo sueñan porque es muy tranquilizador para la mente. Lo importante en la relación maestro-discípulo es iluminar juntos la ilusión, incluida la ilusión que se instala en la relación. Es mucho más precioso que tener enfrente alguien que se supone perfecto, que lo ha comprendido todo, infalible, dotado de todas las virtudes, que sería un ejemplo a seguir. Este sueño de encontrar a alguien que responde a nuestro ideal podría impedirnos ver profundamente en nosotros mismos.
Hablar de la relación maestro-discípulo, nos conduce a hablar de lo que es un maestro y lo que es un discípulo. Para analizar lo que es un maestro, tenemos la referencia del Maestro Deshimaru o del Maestro Dogen pues este ha escrito abundantemente sobre lo que debería ser un maestro zen. El Maestro Deshimaru encarnaba realmente lo que enseñaba pero, al mismo tiempo, no era una figura tan ideal. Algunos lo han idealizado. Personalmente yo era muy próximo a él, muy íntimo y lo veía en toda su humanidad, con sus debilidades, sus apegos, sus miedos. Eso lo hacía próximo y humano y por ello yo lo quería más y quería seguirlo. Tenía la gran honestidad de no esconder sus defectos, sus ilusiones sino al contrario, nos enseñaba cómo iluminarlos. En la intimidad, tenía esa capacidad de mostrar cómo descubrir su ilusión y era muy irónico con respecto a sí mismo. Era muy estimulante y eso daba confianza. Yo no he apreciado los maestros ideales descritos, por ejemplo, por Arnaud Desjardins. A esas figuras ideales les falta un poco de humanidad y corren el riesgo de crear un gran foso entre ellos mismos y el camino que deberíamos seguir. El Maestro Deshimaru, con mucha energía, tenía una gran capacidad de arrastrar a las gentes a practicar. Para el Maestro Dogen, esta capacidad era esencial para un maestro zen. El Maestro Deshimaru, incluso fatigado, venía a hacer zazen todos los días. Eso nos impresionaba mucho.
En lo que concierne a la descripción de un maestro zen hecha por el Maestro Dogen, era haber recibido la enseñanza de un verdadero maestro e inscribirse en ese linaje. El Maestro Deshimaru estaba de tal forma impregnado de la enseñanza de Kodo Sawaki que teníamos la impresión de conocerlo. Por su enseñanza lo había vuelto a la vida. Nos mostraba los lados más entrañables de Kodo Sawaki pero en la intimidad, también nos mostraba sus ilusiones de una forma muy divertida. No idealizaba demasiado su función de maestro. La transmisión de maestro a discípulo debe ser certificada, confirmada. En nuestra tradición, estas son las características principales de un maestro e implican la naturaleza de la relación de maestro a discípulo.
Mucha gente se interroga sobre lo que es un maestro, ¡pero también habría que interrogarse sobre lo que es un discípulo! Muchos practicantes se engañan con el hecho de ser discípulos. ¡Tengo una experiencia decepcionante desde hace tiempo! La gente quiere sinceramente ser discípula de un godo pero, al mismo tiempo, quieren ser aprobados. Es a veces lo más esencial. Es decir que la elección se hace en el godo que confirma lo que la persona piensa. El día en el que ese godo enseña algo un poco diferente o critica al discípulo, ¡entonces es un mal maestro! Es una ilusión frecuente.
Un discípulo debe desear sinceramente, con mucho entusiasmo y compromiso, seguir la Vía del maestro, caminar con él en confianza pero también aceptar ser puesto en cuestión: SI un maestro no perturba jamás al discípulo y pasa el tiempo dando palmaditas en la espalda, no hace su trabajo de maestro. Un maestro debe ser también un “agitador” y el discípulo debe aceptar ser zarandeado. Sino como decía Arnaud Desjardins, somos aprendices de discípulos. El discípulo debe medir lo que quiere decir seguir la Vía. Seguir la Vía es colocarla en primer lugar en nuestra vida, como cuando nos hacemos monjes. La Vía no es un elemento dentro de un ensamblaje de las cosas que constituyen nuestra vida. Debe haber un vaivén, un vuelco en las prioridades. Si no hacemos un falso camino. El verdadero espíritu de la Vía es poner en cuestión todo lo que hemos pensado hasta el presente y dar una prioridad absoluta a la práctica de la Vía. El resto se organiza alrededor pues no abandonamos nuestra familia ni nuestra profesión pero cambiamos de perspectiva: la práctica de la Vía con el maestro, se vuelve una prioridad.
- La relación maestro-discípulo parece plantear la cuestión del Despertar. En el Denko-roku, el Despertar aparece como un acontecimiento que podemos situar en el tiempo. Esto parece oponerse a la enseñanza del zen Soto en donde la práctica de la realización…
- Hay dos sentidos del Despertar que se reúnen. El Despertar-acontecimiento, un clic que hace ver las cosas de otra manera: las ilusiones y los apegos se abandonan ahora. Es el Despertar en el sentido de kensho tal cual se enseña en la escuela Rinzai y el Despertar que el Maestro Dogen privilegió, en el que la práctica y la vida cotidiana son vividas en armonía. Este despertar no es vivido como un acontecimiento en el instante T sino como algo constante. Practicamos un zazen profundo en el que hay un verdadero abandono de nuestros apegos y nuestras reflexiones. No es cualquier práctica la que es “Despertar.” Es la práctica de shin jin datsu raku, cuerpo y mente despojados de sus apegos. Este shin jin datsu raku se produce a menudo una primera vez en un instante. Es un contacto entre la práctica y el Despertar, entonces la enseñanza es completa. Pero si no se ha sentido esta unidad, si no se produce la superación de esa dualidad entre uno mismo y la práctica, subsiste una duda. De hecho, el kensho, es el momento en el que las dudas desaparecen. Es lo que pasó entre Dogen y Nyojo. Dogen practicaba zazen desde hacía quince años y de repente, todas sus dudas a propósito de la práctica se desvanecieron incluida su duda de, ¿por qué practicar si todo es ya Buda? A partir de ese momento, su práctica pudo ser práctica del Despertar
- Keizan en el Denko-roku, presenta experiencias de personas excepcionales, ya sean Buda, los Patriarcas o el Maestro Dogen. Pero una persona ordinaria, ¿puede conocer el despertar?
- El kensho no es importante y la espera del kensho puede incluso ser un obstáculo a una práctica del despertar. Pero está bien conocer la historia de la transmisión del Despertar en tanto que kensho. No es extraña a la práctica del zen tal como Dogen lo enseñó pues él hizo comentarios sobre el Gran Satori, sobre el Despertar. A través de su enseñanza, Dogen nos muestra la forma de practicar zazen como práctica de despertar que no depende de un acontecimiento particular. Pero en un momento dado, toma a veces la forma de una conmoción y de un shock muy fuerte. Depende del karma de los individuos, de su historia. Parece que estaría relacionado con la medida de su desesperación. Personalmente, antes de empezar la práctica de zazen, estaba al borde de la locura, en una búsqueda desesperada, en busca de sentido. Estaba realmente en el fondo del pozo. El hecho de sentarme en zazen, fue una conmoción. Todo empezó a dar vueltas a mi alrededor, estaba próximo al desvanecimiento. Era un shock muy fuerte teniendo en cuenta el estado de fragilidad, de desesperación o de vulnerabilidad en el que había llegado. No pretendo ser equivalente a los grandes maestros de la tradición, pero cuando leo su historia, me recuerda lo que yo sentí, esa gran conmoción, ese gran sosiego. Mucha gente viene al zen sin llegar al fin de su desesperación. En el zen Rinzai el rol del maestro es un poco ese, llevar a la gente a la desesperación a través de la práctica del koan. Artificialmente, la práctica del koan pone a la gente en un callejón sin salida. Si llegan a abandonar, a cambiar de estado de conciencia, se provoca un sentimiento conmovedor de liberación, proporcional al callejón sin salida en el que se han metido. En el zen Soto, no creamos ese tipo de desesperación artificial. Por el contrario, para mucha gente, la vida es un koan y estaría bien que cada uno tomara por medio del cuerpo el koan de su vida, que las dificultades encontradas no sean obstáculos sino un koan a “cargarse” verdaderamente, profundamente para llegar a un verdadero cambio de conciencia.
- Como maestro, ¿deberás certificar el Despertar de un discípulo?
- ¡Por supuesto! A través de lo que puedo observar de la práctica y de la evolución pues pueden darse formas de despertar brutal, abrupto, un poco espectaculares pero me fio. Después del shock de mi primer zazen, cuando no conocía ni el budismo ni el zen, volví a “currar” pero ya no tenía la desesperación existencial de antes. Había una enorme diferencia. Sin embargo, queda todo por hacer a partir de ese momento. Ese fue el rol del maestro Deshimaru, mostrar que aunque en un momento dado tengamos una intuición muy fuerte, no significa que todo nuestro ser se haya transformado. En efecto, nos arrastra nuestro karma pasado, nuestros condicionamientos. Son los viejos hábitos de los que habla Wanshi. El Despertar debe ser actualizado en lo cotidiano viviendo en armonía con lo que es la práctica de zazen. Es menos espectacular pero bastante más profundo. Necesito pues apreciar la intuición y la comprensión pero, sobre todo, mirar los actos. Mucha gente lee kusen, se impregnan y tienen la impresión de haber comprendido pero, ¡son loros! Lo importante no es quedarse con las palabras, haber retenido los conceptos, sino actualizarlos: es el comportamiento. El Maestro Deshimaru apreciaba a los discípulos más en el comportamiento que en las discusiones.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Dogen y el otoño


Aunque las flores del ciruelo y del melocotonero sean hermosas,
que no te entusiasmen sus colores en primavera,
ni te entristezcan los cambiantes tonos del otoño.

El que practica la Vía, se olvida de sí mismo.

Es como un copo de nieve
que con la más suave brisa, desaparece.

Dogen (Eiheikoroku)
Foto: Kontxi Y.

La naturaleza es un tema privilegiado en la poesía y en los textos de Dogen. Nos dirá:


Día y noche dejad que todo venga
y os habite.
Dejad que vivan juntos tu corazón y toda cosa.


Los poemas de Dogen nos hablan de aceptar en el cuerpo todos los fenómenos del universo. Nos hablan de una experiencia específica, vivida completamente, vívida. Con ayuda de metáforas nos explica de qué forma podemos seguir el orden cósmico, armonizarnos con la vía.

No dudamos al contemplar la naturaleza, al contemplar un árbol, al escuchar el sonido del arroyo del valle. Ésta no crea ninguna dualidad. Esta mirada podemos llevarla sobre los seres humanos. Podemos observar en ella y más en estos días, mujo, la impermanencia.

Que el viento de otoño que sopla en las copas de los árboles (llamado tradicionalmente ryujin, el canto del dragón), barra como hoja marchita tus dudas.

Antonio (Por el dojozen Genjo, Pamplona/Iruña)

Noticias: El 17 de diciembre se ha marcado el próximo día de costura a las 9 de la mañana.
También pensamos hacer una iniciación a la práctica el día 19 de noviembre, sábado.
Igualmente el día 4 de enero tenemos prevista media jornada y comida con Eukeni.