miércoles, 23 de noviembre de 2016

Wanshi, un maestro chino por Roland Yuno Rech



 

Wanshi, un maestro chino

Wanshi, fue un monje chino. Vivió en el siglo XII, un siglo antes de Dogen. Era monje desde la edad de once años. Había practicado con un maestro de la escuela Soto que se llamaba Kumu.
El Maestro Wanshi despertó al oír una frase del Avatamsaka Sutra: “Los ojos que nos han dado nuestros padres pueden contemplar tres mil mundos”.

Tres mil o diez mil, es un número infinito, ilimitado. Se trata de los ojos de la intuición, de la mente que lo engloba todo. No está limitado por las categorías mentales de próximo o alejado, de pequeño o amplio. Son los ojos que nos han dado nuestros padres y que ellos han recibido de sus padres. Esos ojos no son el resultado de la práctica. No es zazen quien produce esa intuición. Pero permite encontrarla haciéndonos abandonar todo lo que oscurece nuestra mirada, nuestra mente.

A la edad de veintitrés años, Wanshi encontró al Maestro Tanka Shijun, otro gran maestro de nuestro linaje Soto. Ese maestro le preguntó: “¿Cuál es tu verdadero sí antes del kalpa del vacío?” Es decir: ¿Cuál es la esencia de tu existencia más allá de tu ego limitado?

Esta pregunta, evidentemente, no sólo se le hizo a Wanshi. Es el koan esencial de nuestra práctica.
Wanshi respondió: “Una rana, en el fondo del pozo se come a la luna. A media noche, no percibo la luz de una linterna”.
Y Tanka le golpeó diciendo: “¿Dices que no percibes nada?”
Y Wanshi despertó
Tanka preguntó: “¿Por qué no dices nada?”
Wanshi respondió: “Hoy he perdido el dinero y he sido castigado.”
Tanka concluyó: “No tengo tiempo de pelear contigo”. 

Después de esto Wanshi recibió el shiho del Maestro Tanka. Se instaló en el monasterio del Monte Tendo, Tendo San, donde un siglo después el Maestro Dogen encontró al Maestro Nyojo.

La rana en el fondo del pozo somos tú y yo aquí y ahora. ¿Cómo puede comerse la luna? Lógicamente eso no es posible, pero si abandonamos la mente q   ue crea separaciones, que se ve pequeña ante una luna grande, que se ve aquí mientras la luna está allí, que piensa que la naturaleza de Buda es otra cosa distinta a sí mismo, si abandonamos esa mente, ya no hay necesidad de comerse a la luna, ¡es ella la que viene a nosotros!

Cada uno debe realizarlo por sí mismo, aunque llevemos prestada la linterna de algún otro, cada uno debe ser capaz de iluminar su propia vida, cada uno, como Tokusan cuando Ryutan apagó la linterna que acababa de enseñarles.

Aunque la esencia del zen esté enteramente contenida en nuestra práctica de zazen, el ejemplo y la enseñanza de los antiguos maestros nos ayudan a revelar el verdadero sentido de nuestra práctica. Aunque llevemos por un tiempo sus linternas, si volvemos a la experiencia que ellos han transmitido, no tenemos necesidad de pedir prestado nada. Aunque perdamos dinero no por ello somos pobres.

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