martes, 26 de enero de 2016

Camino de un año nuevo- Patrick Pargnien







2016

  El camino de un nuevo año se abre ante nosotros, con su parte de misterio, de imprevistos y de experiencias enriquecedoras...
Todo dependerá de con qué ojos miremos los diferentes acontecimientos y circunstancias que lo jalonarán.
No podemos negar que vivimos en el seno de un mundo agitado que no parece dirigirse hacia la apertura. Esto a veces nos puede dejar un sabor de impotencia y de desánimo. Pero es esencial no obsesionarnos con ese sentimiento para abrirnos, dejarnos tocar por la belleza que existe también en torno a nosotros. En cosas muy simples, como una mirada, una sonrisa, el canto matinal de un pájaro, el florecer de una planta al sol. Muy a menudo dejamos pasar esos momentos por falta de presencia.
Hemos sido testigos de actos sumamente violentos, fruto de la oscuridad de la ignorancia,  que nos han conmocionado, y que continúan produciéndose en el mundo entero, ya sea hacia los humanos o hacia los seres vivos en general.
Y uno de los puntos esenciales para no responder con una reacción emocional es no sentirnos ajenos, porque esta violencia; estos miedos y conflictos existen también en el universo interior. Y si hay algo que podemos hacer es con respecto a nosotros mismos.
Esto nos muestra también la cólera, la herida por un sentimiento de falta de amor que habita en nuestro corazón y que nos separa de la fuente.
Si existe un camino, un terreno fértil para que se manifieste un cambio, para que se dé una conversión de la ignorancia, en la que podemos estar encerrados, en conocimiento intuitivo y penetrante, ese camino es el del amor y el de la consciencia.
Y nuestra responsabilidad como seres comprometidos con un proceso espiritual es la de tomar este camino de consciencia en todos los momentos de nuestra existencia.
Yo (nos) deseo, para este año que llega, toda la energía, la fuerza y la bondad necesarias para caminarlo y atravesar con la mayor serenidad posible este periodo algo agitado.
También deseo que la vía espiritual que compartimos sea un lugar fértil en el que las semillas de nuestras diferentes intenciones puedan germinar y florecer para dar un alimento que apacigüe al mundo que contribuimos a «crear».
Y mi último deseo es que cada uno de nosotros tenga en mente que existe en sí mismo una paz, una alegría, un espacio estable y una ausencia de miedo que no dependen de ninguna circunstancia.

                                 De corazón a corazón,      Patrick

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