miércoles, 4 de marzo de 2015

La Energía, 4º paramita, Patrick Pargnien









LA ENERGÍA

Continúo con las seis prácticas del Bodhisattva, la cuarta práctica es la de la energía, de la perseverancia, la del esfuerzo entusiasta, alegre. Sin perseverancia, la paciencia corre el riesgo de transformarse en una actitud pasiva y sin la paciencia, la perseverancia puede ser un movimiento que provoque una tensión interna y desánimo. En cierta forma estas dos prácticas que se encuentran en el centro de las otras seis son « el elemento » bisagra entre lo que nos pone en camino y la realización de ese camino.
Es decir que en el caminar vamos a encontrar un cierto número de obstáculos, de resistencias. A veces vamos a desanimarnos y la confrontación con los diferentes obstáculos nos va  a pedir no solamente paciencia, sino también cultivar la perseverancia para atravesarlos sin oponernos a ellos, sin vivirlos como impedimentos o barreras infranqueables sino como otras tantas enseñanzas que van a permitir que ahondemos el surco del conocimiento del sí-mismo.
Esta dimensión de la energía es fundamental en el camino, ya que para cualquier práctica que sea : el don, los preceptos, la paciencia, la concentración y la sabiduría, necesitamos energía para ponerlas en práctica.
En nuestra vida cotidiana o en nuestro camino espiritual, algunos (as) de entre nosotros pueden sentir que les falta energía, lo que a menudo puede provocar una pérdida de motivación ; pero también cierta incomprensión al tener la impresión de no avanzar en la vía a pesar de la aspiración espiritual que nos habita.
Entonces, ¿cómo abordar esta cuarta práctica del Bodhisattva? Fundamentalmente somos seres de energía, entonces, ¿cómo es que aparece  a veces esta falta de energía?
Antes de querer paliar esta falta, lo esencial es reconocer, identificar y concientizar lo que frena la energía fundamental que circula en nosotros para que pueda emerger una respuesta ajustada, y así liberarla para que circule en su plenitud.
Otra cuestión que aparece, que es tan central en la vida espiritual como la precedente es cómo reunir esta energía, cómo unificarla?
Este sentimiento de una falta, de una « pérdida » de energía, a menudo es debido, al hecho de que al estar tan atraídos o absorbidos por múltiples objetos , la energía se derrocha en multitud de direcciones. Lo que nos lleva a sentirnos dispersos
y por ello a sentirnos vulnerables cara al mundo o a los otros.
También puede ser frenada por una educación que, notablemente, lleva a reprimir las emociones; y así, al no encontrar caminos y tampoco espacios « creativos » para expresarse quedan bloqueadas. Y ese bloqueo consume mucha energía.
La frustración, la decepción, la dificultad de estar o sentirse en su sitio en el mundo ; es decir, la imposibilidad de que las propias competencias, las cualidades creativas encuentren un espacio  de expresión al servicio de la comunidad nos desprovee de nuestra energía. Así perdemos mucha energía manteniendo conscientemente o inconscientemente emociones como el miedo, la cólera, la tristeza, la envidia, la culpabilidad; estados de la mente como la venganza, la malevolencia u obsesiones mentales. Y por supuesto esta enumeración de emociones, de estados de la mente que son energetívoros, no es exhaustiva.
También podemos pasar mucho tiempo quejándonos, criticando. La queja nunca estará satisfecha con lo que es, es una de las actividades en la que más se completa el sistema condicionado y que engendra una gran pérdida de energía. Si no cultivamos una plena energía en lo cotidiano, estos diferentes estados de ánimo tendrán sitio libre para destilarse, insinuarse en las menores parcelas de nosotros mismos dejándonos con poca energía para dar en lo esencial de nuestra existencia.
Estos diferentes bloqueos, estos diferentes frenos pueden disolverse en la toma de consciencia de su manifestación y de sus consecuencias. En este « estar ahí ». Su disolución puede también llegar en el desarrollo de espacios y tiempos en que nuestras aspiraciones, así como nuestra creatividad pueden expresarse con toda libertad.
La práctica regular de la meditación sentada, permite que algunos de esos bloqueos se disuelvan por ellos mismos por la alianza entre la plena consciencia de todo lo que se manifiesta y la observación sin elección y sin rechazo.
Esta alianza, no solamente favorece esta disolución « espontánea » sino que también nos abre a una visión intuitiva, penetrante que deshace los lazos que nos atan a esos frenos, factor importante de la liberación de la energía.
El silencio es una fuente fundamental y necesaria para unirnos con el corazón de nosotros mismos en relación con el mundo y con el corazón del presente. Damos mucha importancia al habla y así pues a las palabras pero la mayor parte del tiempo nos perdemos en ellas, ya que a menudo expresan la necesidad de colmar una falta, de velar una angustia existencial, más que comunicar verdaderamente con los otros o expresarnos en lo esencial. Y eso también puede contribuir a vaciarnos de nuestra energía. Lo que como meditantes nos lleva a interrogarnos sobre la calidad del silencio.
Existen varias calidades de silencio, el que se sitúa entre dos sonidos, entre dos palabras o entre dos pensamientos. También podemos experimentar una cualidad de silencio en la práctica de la meditación o cara a la belleza de la naturaleza…(cuando el sistema egocéntrico desaparece) que no puede ser definida, que no es un espacio « entre dos » que no puede ser elaborada por el pensamiento.
Un silencio que está en el corazón de cada fenómeno, de cada manifestación de la vida. Un silencio en el corazón del cual se disuelve todo sentimiento de separación, todo sentimiento de división.
Este silencio es plenitud. Este silencio es amor.
En esta calidad de silencio contemplativo llega un surgir de energía como una fuente inagotable que fluye y nos acompaña durante todo el recorrido. Esta práctica de la perseverancia del Bodhisattva, en el sentido de dar la propia energía a la práctica a la vez de la meditación sentada y a la práctica de la plena consciencia en lo cotidiano también se califica como esfuerzo entusiasta, gozoso pues se apoya en el sentimiento profundo, intuitivo de que nuestra realidad de ser no se limita exclusivamente a funcionar bien en una estructura social ; sino que es como el vasto espacio, como el curso de un río límpido fluyendo libremente y escapa a todas las condiciones y ningún sistema, cualquiera que sea, puede definirla.
Así, el esfuerzo que a veces puede pedirnos la vía de la liberación de los condicionamientos, factor de sufrimiento para que se realice lo que en la vía del Zen se llama « naturaleza de Buda » « luz espiritual » etc.… que a veces llamo « luz silenciosa », es alegre, entusiasta pues está animado por este presentimiento, esta intuición.
Sea cual sea el nombre que le demos, caminar por la senda que nos abre a la trascendencia del ser es un gozo simple y profundo.

Os deseo buena práctica.


De corazón a corazón,     Patrick



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