jueves, 26 de junio de 2014

El despertar de la compasión





EL DESPERTAR DE LA COMPASIÓN

Erase una vez hace muchos, muchos años, que mil príncipes hicieron el voto de despertar.

Uno de ellos, Avalokiteshvara (Kanjizai, Kanon) hizo el voto de liberar a todos los seres sensibles, de los sufrimientos de los distintos reinos del samsara e hizo la siguiente plegaria ante los seres despiertos de las diez direcciones:
“Que pueda ayudar a todos los seres, y si alguna vez renuncio a esta obra, que mi cuerpo se destruya en mil pedazos.”

Recorrió los seis mundos, llamados así porque en cada uno de ellos, nos instalamos en una versión particular de la realidad: el mundo de los infiernos, el mundo de los espíritus hambrientos o gakis, el mundo humano, el mundo de los asuras, dioses celosos y el mundo de los devas, de los dioses (reinos que “los buscadores”  recorren).

Una vez en el reino de los dioses, volvió la vista hacia abajo y consternado descubrió que aunque había salvado a innumerables seres del infierno, seguían cayendo otros en un número igualmente incalculable. Esto le sumió en el más profundo pesar y por un instante perdió la fe en el noble voto que había hecho, de manera que su cuerpo estalló en mil pedazos.

En su desesperación, pidió ayuda a todos los seres despiertos y acudieron a socorrerle desde todas las direcciones del universo, en forma de suave ventisca de copos de nieve. Con su gran poder, estos seres, reunieron sus pedazos y a partir de entonces Avalokiteshvara tuvo once cabezas y mil brazos y un ojo en la palma de cada mano, como símbolo de esta unión entre sabiduría y medios hábiles que es la marca de la auténtica compasión y repetía una y otra vez este voto:
“Que no alcance el estado final del despertar hasta que todos los seres sensibles lleguen a la iluminación.”

Se cuenta que en su pesar ante los sufrimientos, le cayeron dos lágrimas de los ojos, lágrimas que se convirtieron en las dos Taras (las que nos liberan, las que nos transportan a la otra orilla del samsara). Una es Tara en su forma verde, que es la fuerza activa de la compasión y la otra es Tara en su forma blanca, que es el aspecto maternal de la compasión.

2 comentarios:

  1. Un buen recordatorio.
    Gracias Antonio.
    _/|\_

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  2. Con tus palabras has pintado un cuadro muy bonito en esta entrada, gracias por compartir:)

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