miércoles, 18 de junio de 2014

El camino de la Paciencia- Patgrick Pargnien


LA PACIENCIA

Continúo con el camino del Bodhisattva que se declina en seis prácticas que son el fundamento, la base de la práctica espiritual del Zen. Tras haber abordado el don y la conducta ética voy a seguir con la paciencia.
El ser humano, que somos o más exactamente la identificación con el sistema condicionado, nos lleva a desear intensamente y saciar el menor deseo. Esta forma de funcionar es muy postulada en la sociedad actual y muchos de nosotros soportan cada vez menos frustración, lo que genera e intensifica la cólera.
El velo de la cólera nos impide discernir, aprehender la existencia en toda su arborescencia  y  puede llevarnos hasta a eliminar el objeto, incluso el sujeto, lo que cerraría el camino hacia la realización del deseo. Este velo de la cólera expresa también hasta que punto estamos separados de nuestra más vasta dimensión, la dimensión del amor.
 La paciencia es una compañía necesaria para el o la que camina en la vía, ya que permite no  reaccionar cara a las diferentes situaciones, a los diferentes fenómenos que encontramos sino estar con una mente abierta. Permite  no cristalizarse, no resistirse, no juzgar o juzgarse y así cultivar la benevolencia cara a los otros y a uno mismo,
Consolida, reafirma la intención de caminar en la vía de la realización, tanto más cuando en el camino encontramos diferentes obstáculos como la agitación mental, las resistencias, las relaciones difíciles, los miedos, las dudas…La paciencia permite experimentar estas diferentes situaciones a las que estamos confrontados en el sentido de no reaccionar ni a favor ni en contra  alimentándonos con la intención de atravesarlas, lo que abre nuestra capacidad de discernimiento que no debemos confundir con el juicio.
El juicio como su nombre indica, juzga, pero también condena y rechaza, mientras que el discernimiento ve, reconoce lo que está ahí, tal y como está ahí. Con esta visión penetrante que es el discernimiento se abre una comprensión intuitiva de las diferentes situaciones que jalonan la existencia es el fruto de toda una red de interdependencias. Acompañados por el discernimiento conjugado con la apertura del corazón, los lazos de identificación, se desatan; no nos sentimos afectados ni amenazados por ello sino que realizamos que la única respuesta es armonizarse, estar afinados como la corriente de un río que abraza los diferentes obstáculos que encuentra a su paso continuando avanzando de forma libre.
Así que es importante comprender que la práctica de la paciencia no es una actitud pasiva sino un movimiento dinámico.
El campo de la práctica es vasto, se despliega en el menor aspecto de nuestra vida. Entonces tenemos muchas ocasiones de practicar la paciencia. Bien entendido que podemos experimentarla durante la práctica de la meditación sentada cuando nos confrontamos a los fenómenos que nos atraviesan y que invaden nuestro espacio interior; bien sean fenómenos de origen corporal o mental; siendo conscientes de ellos ,encontrando una afinidad paciente y regular con la experiencia viva del aquí y del ahora.
Esta práctica de la meditación sentada alimenta fundamental y profundamente nuestra actitud de ser en la vida y es esencial dejar que su perfume impregne todos los espacios de nuestra vida, cultivando así la paciencia en nuestras diferentes relaciones: las relaciones con los otros, con uno mismo, con los diferentes acontecimientos que recorren nuestra existencia y con la enseñanza de la vía.
Los cuatro votos que pronuncia el Bodhisattva se alimentan de la práctica de la paciencia y lo apoyan en el camino de su realización.
Cultivar la paciencia hacia los otros, respetando su camino de vida, y no encerrándolos en nuestras proyecciones, en nuestros deseos o aversiones y atravesar el mundo de las apariencias para ver en ellas que la esencia que nos habita fundamentalmente es el precioso vehículo que permite realizar el primer voto del Bodhisattva de acompañar a todos los seres en el camino del despertar.
El Bodhisattva, cultivando la práctica de la paciencia, frente a sus sombras, sus dificultades, sus dudas, sus condicionamientos, su impaciencia se pone en camino de realizar su segundo voto de liberarse de los apegos. Si no nos diferenciamos de los otros, si vivimos también nuestras sombras, nuestras dudas, nuestras dificultades…iluminándolas con paciencia, se despierta  la consciencia de que no estamos separados de los otros, de que nuestros cuestionamientos, nuestras sombras en el fondo, no son diferentes de las que puede vivir cada ser humano. Entonces, por ella misma, la paciencia se vuelva hacia los otros y puede manifestarse la compasión, terreno necesario y esencial para caminar en la vía de la realización.
Otro aspecto de la paciencia es la paciencia en relación con la enseñanza. A veces hay ciertas enseñanzas que pueden parecer incomprensibles, otras difíciles de poner en práctica o de hacerlas realidad que piden perseverancia, paciencia para continuar avanzando sin quedarnos  inmovilizados por los vientos de la duda, del desánimo. Pero la enseñanza no es solamente la de los textos, es también la de la vida, la de las diferentes situaciones que podemos encontrar en nuestra existencia que, según cómo las abordemos, pueden ayudarnos a « crecer », a ir más profundamente en la vía.
Viviendo cada condición como una enseñanza y no como un obstáculo infranqueable, cultivando la paciencia cara  a todas ellas el Bodhisattva camina para que se cumpla el tercer voto, que se haga realidad la multiplicidad de la enseñanza.
Así el Bodhisattva “saca agua” de la práctica de la paciencia para que se realice el cuarto voto de cumplir la vía de la realización. Este último voto que es a la vez el fruto de los otros tres y que a la vez los contiene.
El sentido profundo de la paciencia es no esperar nada, estar ahí con lo que está ahí tal y como está ahí. Entonces ningún contratiempo puede surgir, ninguna insatisfacción puede aparecer. Si en lo que vivimos percibimos un contratiempo o si sentimos una insatisfacción, es que no estamos suficientemente alineados(as)  con el momento presente, que existe una división, una separación y que esperamos otra cosa.

Os deseo una buena práctica.
Patrick











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