sábado, 9 de marzo de 2013

La Vía del corazón, Patrick Pargnien




ZAZEN, VÍA DEL CORAZÓN
Es en la absorción en el cuerpo sentado, en el ritmo, en el movimiento del aliento, en la absorción en  la experiencia viva de cada instante donde puede tener lugar la disolución de las obsesiones, de las rumias mentales, de los diferentes apegos y condicionamientos. Ahí puede darse la disolución de la apropiación y del sistema de funcionamiento de la identificación.
Por difícil que pueda parecer, únicamente hay  que realizar la liberación de los lazos, de los apegos a ese sistema de funcionamiento. Mientras  estamos atados a ese sistema, estamos presos en el torno de la dualidad del aferre y del rechazo, de la exclusión sin tener siempre consciencia de que eso es sufrimiento.
Cuando estamos así sentados, sentadas, lo que importa no es que haya fenómenos mentales o que no los haya, el punto crucial es liberarse de la apropiación y del sistema de identificación con ella. De todas formas, mientras estamos vivos nuestra existencia siempre estará jalonada de fenómenos, de condiciones, de acontecimientos a veces agradables, a veces difíciles, incluso muy difíciles.
Lo que importa es cómo entramos en relación con esto. Cómo la mayor parte del tiempo estamos atados a ese sistema de identificación y de apropiación, actuamos a favor o en contra de manera reactiva. El sistema que llamo « sistema condicionado » actúa de forma reactiva, actúa para sobrevivir. Desde nuestra infancia somos condicionados para alcanzar diferentes objetivos, para ser eficaces, para luchar, para realizar algo, para llegar a ser alguien. Nunca hemos sido acompañados para ser sencillamente. Nunca hemos sido acompañados para vivir, para hacer realidad la felicidad, la sencilla alegría de ser. Nunca hemos sido acompañados para estar afinados, acordes con la danza, con la música del universo.
El sistema de funcionamiento al que estamos atados, identificados es también el sistema de funcionamiento de la sociedad humana. Este sistema genera la exclusión, la miseria, el hambre en el mundo, las guerras, el sufrimiento.
Es en este sentido que es esencial no solamente sentarnos aquí en el dojo, sino de establecernos en esta atención pura, (es decir en una atención que no aferra nada, que no rechaza nada) en los mínimos hilos del tejido que componen nuestra propia vida. Pues es esencial que podamos iluminar ese sistema de funcionamiento, liberarnos no solamente para nosotros mismos, para nuestra propia existencia, sino para todos los seres.
Todos los seres, es decir, no únicamente los seres humanos, sino todos los seres vivos : los vegetales, loa animales, los minerales… Hacer así realidad de forma profunda, no solamente desde un punto de vista filosófico, la interdependencia.
Entonces sentarse, totalmente sentarse y andar en la vía de la liberación, andar por/para sí-mismo, también para los otros ; no por una intención voluntaria de hacerlo, sino por el hecho de esta interdependencia con todos los seres : lo que se libera en nosotros-mismos, lo que se despierta en nosotros-mismos, se libera y se despierta en todos los seres.
Entonces en este sentido, ir en la vía de la liberación es una de las mayores ayudas que podemos hacer para la humanidad no solamente en la meditación sentada cara a la pared, cara a sí-mismo sino también en esa pura atención que podemos establecer en cada acción, en cada forma de ser en nuestra vida.
En el seno de la atención pura se despliega la inteligencia del corazón que irradia naturalmente, sin intenciones para todos los seres.

                                                                   Patrick

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