viernes, 26 de agosto de 2011

La compasión, Roland Yuno Rech

“El abandono del lenguaje y del pensamiento
nos conducirá más allá de cualquier lugar.
Si no podemos abandonar el lenguaje ni el pensamiento, ¿cómo podremos resolver la vida?

Sozan


LA COMPASIÓN


P. Zazen nos despierta a la sabiduría y a la compasión, mi pregunta es: ¿es posible tener compasión sin sufrir?

R. No. El sufrimiento nace de la compasión, es lo que llamamos la empatía, es el sufrimiento que consiste en colocarse en el lugar del otro. Al mismo tiempo, no somos el otro. Podemos tener empatía, podemos ponernos en el lugar del otro pero al mismo tiempo permanecemos en nuestro sitio. Estas dos posiciones son muy importantes.

Hay algo en nosotros que nos permite simpatizar, compartir el sufrimiento del otro, tratar de ponernos en su lugar. Por otra parte, cuanto más aprendemos a conocernos a nosotros mismos, más sensibles somos a los diferentes aspectos del sufrimiento y a las causas del sufrimiento, más receptivos estamos al sufrimiento de los otros.

Pero ese movimiento de ponerse en el lugar del otro, no implica que seamos el otro. Somos nosotros mismos. En este punto la sabiduría puede venir en ayuda de la compasión. La compasión no es sólo un sentimiento, una emoción, es estar con el otro en su dolor, como las personas que se apiadan del sufrimiento de los otros. La compasión es también hacer el voto profundo de ayudar a los otros, lo mejor que podamos, ayudar a los otros a resolver su sufrimiento. Para ello no es necesario ser el otro, hay que ser uno mismo.

A menudo se recuerda en los mondos que no podemos salvar a alguien que se ahoga, ahogándonos con él. Eso no es posible. Es preciso que uno mismo simpatice con la persona que se ahoga para sentir verdaderamente la urgencia de socorrerlo, tener el impulso de socorrerlo. Al mismo tiempo, tenemos que mantenernos en la superficie. Si nos hundimos, somos dos los que nos ahogamos. Eso no funciona.

A propósito del sufrimiento, es cierto que cuando simpatizamos con alguien que sufre, sentimos un cierto sufrimiento. Es cierto. Pero no es el mismo sufrimiento que el de la persona que sufre. Es la razón por la que no somos engullidos por ese sufrimiento. Mantenemos una disponibilidad para tratar de ayudar a la persona que sufre para tratar de que tenga otro punto de vista, para encontrar un espacio a su dificultad. Esto es fundamental.

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