martes, 5 de julio de 2011

SOBRE EL PENSAMIENTO DUALISTA


Mondo-1
P1.- En el tiempo de Buda, los arhat, consagraban su vida a la práctica, a la meditación. Pero para mí, también está la vida cotidiana, la familia… Tengo la impresión de que no llego a conciliar todo eso, que soy como un arhat a medias.

¿Por qué haces esa pregunta? ¿Es con respecto a la práctica? ¿Quieres decir que cuando vienes a la sesshin, eres un arhat, estás en la vía del arhat y cuando vuelves al hospital o a tu familia, ya no lo eres? ¿Crees que es más o menos, el tiempo de la práctica en sesshin y el tiempo de la vida cotidiana? Yo creo que el despertar a tiempo total existe porque “el despertar a tiempo total” no quiere decir no tener pensamientos dualistas. Estamos obligados a tener pensamientos dualistas. Incluso Buda tenía pensamientos dualistas, aunque no fuera más que para discutir con su interlocutor. En la vida cotidiana tenemos pensamientos dualistas. El problema no es el pensamiento dualista, que es necesario en el trabajo, en la vida social, sino el apego al resultado de ese pensamiento dualista que debe ser abandonado.
Buda también pensaba de manera dualista, en el nivel de la realidad relativa hay dualidad. La hay en mí, en ti, en los otros. La dualidad existe y Buda jamás lo negó. Lo que él criticó es que ese pensamiento dualista produjera nociones a las que apegarnos y el que esos apegos produzcan maneras de funcionar dolorosas. Dicho de otra forma, podemos utilizar el pensamiento dualista para hacer nuestro trabajo, como médico o cualquier otro trabajo, o en la familia, sin por ello apegarnos a un ego, a un yo, o a alguna sustancia, sea la que sea. Dicho de otro modo, creo que podemos funcionar en la vida social y ser un bodhisattva activo que se esfuerza en salvar a todos los seres, que actúa con compasión, aunque no esté apegado a la noción de un ser, de un ego y, aunque piense que en el fondo, no hay ningún ego al que salvar.
Para ello voy a redundar en lo que quisiera decir al final de esta mañana; es necesario para cada uno, tener siempre a la vista los dos niveles de la realidad y, por tanto, los dos niveles de verdad, si no estamos en la confusión. Creo que es esta no-distinción la que hace que los occidentales tengan tanto problema con la vacuidad. Me doy cuenta de que incluso en la Sangha mucha gente me dice: “No entiendo la vacuidad. Me gusta hacer zazen pero no comprendo la vacuidad.” Hay una especie de rechazo o de incomprensión con respecto a la vacuidad. Es verdad que, a priori, la vacuidad contradice la experiencia. Nos decimos: “No hay ego.” Pero no paramos de reencontrarnos con nuestro propio ego, como el funcionamiento egoísta de los unos y los otros. Así es que, es chocante decir, ¡no hay ego! Sólo que el ego no existe más que a un nivel relativo.
Shakyamuni Buda y Nagarjuna jamás han negado la existencia del ego a ese nivel relativo. Sólo cortaron de raíz la posibilidad de apegarse a la noción de un ego como algo sustancial. Esto no es sólo una postura teórica, es una posición ética fundamental pues tiene efectos en el comportamiento.
Podemos utilizar nuestro ego, nuestro mental dualista, nuestra personalidad, nuestras características, para estar al servicio del Dharma, de la Sangha, de la humanidad. Hacerlo con compasión y sin apego, verdaderamente libres, con un espíritu mushotoku. Hacerlo sencillamente porque es la cosa, la manera de actuar, la manera de ser que corresponde mejor a nuestra intuición de la realidad última. Esto quiere decir funcionar en los fenómenos de la realidad relativa utilizando el ego, sin apegarse al ego. Yo creo que la sabiduría es ser capaz de abrazar constantemente estos dos puntos de vista. A veces se nos dice que miremos con los dos ojos abiertos: el ojo que ve shiki, los fenómenos de la existencia relativa y el otro ojo, que ve ku, la vacuidad. Pero no son dos cosas separadas. Es la cara y el reverso.

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