viernes, 17 de junio de 2011

LOS DOS ACERCAMIENTOS A LA VACUIDAD


Los dos acercamientos a la vacuidad.
La primera corriente es el Madhyamika, la enseñanza de Nagarjuna, que recuerda que la enseñanza fundamental de Buda, es la enseñanza de la vacuidad y la Vía del Medio; y que nos aproxima la vacuidad, esta Vía del Medio, a través de la lógica y la argumentación. Nagarjuna era un temible dialéctico, capaz de manejar la lógica, la dialéctica para deconstruir conceptos. Utilizó toda su inteligencia en demostrar lo absurdo de las tesis de todos los pensadores que querían encerrar la realidad en conceptos, aunque fuesen budistas. Como el Hannya Shingyo, también criticaba el apego a las Cuatro Nobles Verdades1. De hecho, criticaba el apego conceptual a nociones, ya fueran estas nociones ordinarias, como la noción de yo, de un ego o nociones budistas como las Cuatro Nobles Verdades.
Podemos decir que, un siglo después de Nagarjuna, que vivió en el siglo segundo, el Yogacara, se centra, gira en torno a la consciencia. Es una vuelta a la vacuidad diciendo que “todo es mente” “todo es consciencia.” Encontramos expresiones como “la vida es una sueño,” “todo es un sueño.” Estas expresiones son la manifestación del punto de vista del Yogacara. “Los tres mundos no son más que espíritu.” Es una vuelta a una comprensión de la vacuidad, no por la lógica, sino por la psicología. Por eso es interesante estudiar el Yogacara. No se ha contentado con afirmar la vacuidad de todos los fenómenos, sino que se ha interrogado cómo, a pesar de la vacuidad de todos los fenómenos, puede ser creada la ilusión por los procesos psicológicos. Proyectamos nuestros pensamientos que son como sueños y terminamos por creer que son la realidad. Es otra aproximación. Por una parte decimos que todo es sin sustancia porque todo es interdependiente y por tanto vacuidad. Este es el punto de vista de Nagarjuna y del Madhyamika. Por otro, decimos que todo no es más que pensamientos, todo no es otra cosa que producciones de la mente, como un sueño. También, en este sentido todo es vacuidad, no hay realidad.
Daros cuenta que, en los dos casos, si permanecemos fieles al espíritu de Buda, no son conceptos a los que nos apegamos, sino sólo visiones, medios hábiles para liberar la mente de sus apegos. Se puede decir que Nagarjuna y el Madhyamika se dirigen a la gente más intelectual y lógica, a la que le gusta analizar las cosas y puede utilizar esa mente analítica para comprender y liberarse del apego a los fenómenos. Y la gente que se inclina por el Yogacara, es prioritariamente gente que practica la meditación (por eso se le llama Yogacara, “Yoga” por cierto) que estudian profundamente el funcionamiento de la mente a través de su propia experiencia de la meditación y terminan por darse cuenta de que, en el fondo, todo lo que percibimos no es más que proyección de la mente. Que la realidad que creemos poder asir es, de hecho, nuestros pensamientos, no la propia realidad. Sólo nuestros pensamientos sobre la realidad.
Ahora, la cuestión fundamental es saber si permanecemos en el espíritu de Shakyamuni o no. Es decir, saber si hacemos de cada una de esas dos visiones un punto de vista, una concepción a la que apegarnos y, consideramos como la última realidad. Si hacemos eso, traicionamos completamente el espíritu de Shakyamuni, porque de nuevo, nos apegamos a la vacuidad, a la interdependencia que, se vuelve una noción, un concepto. O nos apegamos a la consciencia, a la mente que, se vuelve un nuevo concepto, y pensamos que, tenemos ahí una palanca de cambio que nos permite asir la realidad última.

Vía abrupta, Vía gradual
Podríamos decir que Nagarjuna retomó el tema de La Causa Original y que desarrolló el pensamiento de Shakyamuni demostrando lo absurdo de toda noción. Ninguna noción descansa sobre algo real. Todas las nociones pueden ser deconstruidas, demostrando que son relativas a otra cosa, que son interdependientes. Ni siquiera el nirvana existe sólo en sí mismo. El nirvana no existe más que en relación con el samsara. Es pues una noción, e incluso una experiencia que no tiene sentido más que por el hecho de, hemos vivido el samsara y el agotamiento del samsara. Cuando ese apego cesa, se produce una liberación a la que llamamos nirvana. La cesación de las causas de sufrimiento. Pero está claro que, eso sólo puede producirse, porque hay una ilusión. Sin ilusión no hay despertar. Sin el samsara no hay nirvana. Esto no quiere decir que no haya vida despierta o experiencia del nirvana, pero no hay producción de la noción del nirvana, del despertar, lo que hace que no podamos apegarnos al nirvana, al despertar o al satori. Mientras que Nagarjuna demuestra lo absurdo de toda noción a través de la lógica, la dialéctica, el Yogacara, trata de mostrar el camino para llegar ahí.
En cierto modo, podríamos decir que la aproximación de Nagarjuna es abrupta. Esto recoge la enseñanza esencial de la Prajna Paramita, de la que, de alguna manera, Nagarjuna es el que la comenta. Esta aproximación tuvo el favor del zen a partir del quinto patriarca ya que, el maestro de Eno, transmitió el sutra del Diamante y basó toda su enseñanza en la vacuidad. Sin embargo, alguien como Jinshu, que había adoptado una aproximación progresiva, se ataba, por su modo de pensamiento al Yogacara, esta psicología del despertar que implica un trabajo progresivo, a través de la meditación, para despojarse del apego a las ilusiones, para llegar al despertar tras un cierto número de etapas. Es la vía progresiva. En el zen coexisten estas dos tendencias. En tiempos del sexto Patriarca, se tuvo la impresión de que había triunfado la aproximación súbita. Pero desde el principio de la escuela Soto, son el Sandokai y la enseñanza de Sekito, hay un rechazo de esta oposición y se adopta una visión en la que lo gradual y lo súbito, es decir Prajna Paramita y Madhyamika por un lado y Yogacara por el otro son complementarias2. Por ello, quiero esforzarme en hablar del Yogacara.
Efectivamente en el zen, hay dos tendencias. Las encontramos constantemente en las enseñanzas y, en tanto que enseñantes, está bien comprender los fundamentos filosóficos. El año pasado propuse hablar del Lankavatara sutra, me interesaba ya que se dice que ese sutra había sido transmitido por Bodhidharma. Estaba pues en el origen del zen, de nuestra escuela. Pero si estudiamos la enseñanza de Bodhidharma, aunque sólo sea su diálogo con el emperador o los mondos con Eka, su enseñanza, ¡no es en absoluto una enseñanza del Yogacara! Desde el origen, todas las enseñanzas de los patriarcas del zen son muy Prajna Paramita. Finalmente, hay muy poco Yogacara. Pero también veremos que lo hay, lo cual es normal y complementario.
(Traducción Txus Laita y Antonio Arana)

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