jueves, 9 de junio de 2011

La comprensión justa del Dharma

LA COMPRENSIÓN JUSTA DEL DHARMA
Complementariedad entre la práctica de zazen y el estudio
En principio, a modo de introducción, quisiera decir que la filosofía, en el budismo en general y en el zen en particular, no tiene la función de encerrar la realidad en conceptos, con el pretexto de asirla mejor, de comprenderla mejor. ¿Cuál es la función de la filosofía, de la sabiduría? Yo creo que es profundizar la intuición. Profundizar o ampliar a otros dominios de la mente, la intuición que se hace realidad en zazen.
En zazen hay una intuición, creo yo, fundamental, sobre la verdadera naturaleza de la existencia, -¡En cuanto empleamos palabras surge la dificultad!- de nuestra existencia, sobre la verdadera naturaleza de la realidad. O, ¿es que no hay nada de eso? No hay en absoluto comprensión, sino sólo una armonización inconsciente y natural. Es decir que en zazen no comprendemos nada. Nuestra manera de funcionar; la manera de funcionar de cuerpo y mente en zazen, es la conciencia hishiryo, una conciencia que precisamente no sólo no atrapa el pensamiento o concepto, sino que tampoco los fabrica.
Yo creo que es la realidad, es decir que en zazen, no estamos en una reflexión consciente y filosófica a propósito de la verdadera naturaleza de nuestro ego, y mucho menos sobre la realidad cósmica. No pensamos en esas cosas, pero algo ocurre. Una transformación del funcionamiento de la mente.
Y esa transformación hace que, interiormente, haya una liberación de nuestra tendencia a apegarnos a todo tipo de cosas. Pero como ocurrió con Shakyamuni, si queremos compartir esa experiencia después de zazen, buscamos palabras para expresarlo y forzosamente construimos una especie de teoría, de explicación de lo que pasa. Hay un montón de teorías, ¡no una sola! El problema es que esa expresión teórica, esa explicación, no debe traicionar el sentido de la experiencia. Ese es el gran problema de la filosofía budista. Es un problema real que ha necesitado todo tipo de reformas, de revoluciones, de deconstrucciones y reconstrucciones. Es toda la historia de la filosofía budista, porque la mente humana siempre tiene tendencia a construir. Y el zen trata precisamente de no construir nada. De ahí, el lado delicado de un seminario como éste y, ¡de la dificultad en la que me encuentro para animarlo!
¿Qué es lo que me impulsa a hacerlo? Yo me digo que somos seres con una mente. Un cuerpo y una mente. Pero una mente que tiene diferentes funciones, que funciona en diferentes registros, diferentes estados de conciencia. Aunque realicemos hishiryo durante zazen, no estamos siempre en ese estado de conciencia, lejos de eso. También debemos funcionar en la vida cotidiana, y ahí, nuestra mente dualista retoma el mando. Pero lo importante es que ese mental dualista no olvida la intuición profunda de la realidad realizada en zazen. Intuición o incluso experiencia práctica de la realidad. Dicho de otro modo, ¿cómo armonizar nuestro ego?, por simplificar las cosas, ¿cómo armonizar nuestro ego y nuestro mental dualista, ordinario, que discrimina, que elige, con la conciencia hishiryo, la conciencia despierta de zazen? Yo creo que sólo es necesario que ese ego, ese mental, tenga una comprensión tan consciente y justa como se pueda de la realidad. Por otra parte es la primera rama del Óctuple Sendero: la comprensión justa. “Comprensión justa” quiere decir que el mental ordinario tiene una visión suficientemente clara de la realidad como para no dejarse arrastrar por todo tipo de visiones erróneas y por tanto de actitudes erróneas. Porque, en última instancia, lo importante no es tanto la visión, la comprensión, como el comportamiento, la actitud. Yo creo que es el corazón de la filosofía, de la reflexión budista.

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