jueves, 24 de marzo de 2011

Costura

LA COSTURA DEL KESA ES LA PRÁCTICA DE LA VÍA

Cuando practicamos zazen, nuestra mente se serena y podemos vernos a nosotros mismos con claridad. Nuestros apegos, nuestras ilusiones, la fuerza y la capacidad de arrastre de nuestro karma, de la educación que hemos recibido, de los valores que se nos han inculcado,… En esta visión empieza la transformación, el cambio, la revolución que zazen produce en nosotros.

Pero cuando volvemos a la vida cotidiana, al trabajo, a la familia, a los amigos, a la vida de ocio… volvemos a cometer los mismos errores, las mismas meteduras de pata, volvemos a ser arrastrados por las emociones, por nuestras apetencias o rechazos igual que antes de habernos visto, volvemos a quedarnos con el culo al aire igualito que antes.

Interiorizar, corporizar, hacer cotidiano ese espíritu de zazen no es tarea fácil. Durante zazen no hacemos nada y las aguas están tranquilas, pero en la acción, en la vorágine de lo cotidiano las cosas se complican.

Cuando cosemos un kesa, un rakusu, nos enfrentamos, como en la vida cotidiana a un montón de cosas. Aparecen nuestras torpezas a la hora de coser, incluso el cómo agarrar la tela o coger la aguja se vuelve un problema; la falta de concentración puede llevarnos a tener que descoser y aparece la frustración, el enfado, el punto no nos sale como pensamos y nos resulta feo y hay que aceptar que nuestros frutos tampoco son tan bonitos…

Así, la costura del kesa se convierte en una gran ayuda, una gran oportunidad, un valiosísimo puente que conduce, que transporta esa mente de zazen a la práctica en la vida cotidiana.

Practicando juntos, cosiendo juntos, tenemos la oportunidad de crear un espacio de compasión, de solidaridad, de ayuda en esta tarea. Hemos aprendido en nuestra práctica y lo compartimos con los otros. Profundizamos en la vida de Sangha.

En el dojo de Pamplona nos juntamos un sábado al mes a coser. Un sábado al mes en el que durante dos horas y cuarto (de 9 a 11,15), nos concentramos en la acción, en la costura, con el mismo espíritu que en zazen para coser un kesa, un rakusu.

Hasta ahora, cuando alguien quería aprender el punto o coser un rakusu o kesa para recibir la ordenación venía al taller.

Hoy quiero invitaros a venir sin objetivo, simplemente a practicar, a practicar juntos la práctica de lo cotidiano. Nuestro dojo se llama así: El koan de lo cotidiano.

Más allá de ordenación o no ordenación, más allá del fruto de esa costura, os invito a aprovechar la ocasión de practicar la Vía juntos y ampliar y profundizar la vida de la Sangha

I shin den shin

Txus Laita

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