jueves, 30 de diciembre de 2010

Lee Lozowick , Philippe Coupey

Lee Lozowick ha muerto, sirvan estas líneas como homenaje para los que hace años conocimos su frescura, su fluidez, su danza de la via, en la vía... y para los que lo conocen o conocerán.

Gracias Lee.

Antonio

DZP – Philippe Coupey

Miércoles 01 de diciembre de 2010 – Zazen de 7H30

Toma de notas : Juliette Heymann


LEE LOZOWICK

Zazen

Esta mañana, vamos a dedicar esta ceremonia a Lee Lozowick, que ha muerto hace unas dos semanas, no he podido hacer esta ceremonia antes porque estaba en el hospital. Lee Lozowick era un gran gurú hindú de la escuela Bâul. Ha pasado mucho tiempo en India con su maestro al que estaba muy unido, creó un asrham en Arizona, Estados Unidos , otro cerca de Poitiers y otro en India.

Yo lo encontré hace años. Uno de vosotros me lo presentó — Jean-Claude. Algunos días después, me invitó a su casa, la casa en la que estaba cuando pasaba por París. Poco tiempo después fui de nuevo a verlo. Entré en la haboitación en la que estaban todos sus discípulos sentados en el suelo y en una silla más elevada estaba él. Me pidió que me sentara a su lado en otra silla idéntica. Para mí no supuso ningún problema, incluso me hacía sonreír, conocía historias parecidas en el budismo. Y nos hicimos inmediatamente buenos amigos. Más que amigos, mucho más.

A través de mí, Lee encontró a Deshimaru, es decir, su enseñanza, y gracias a él, Deshimaru fue publicado en Estados Unidos por su editorial, también publicó otros libros sobre el zen, sobre todo los míos. Nos veíamos cada año en París. Los discípulos y los que estaban interesados en conocerle, venían conmigo a encontrarle en un lugar de París. La foto que está sobre el altar fue tomada en una de esas ocasiones, en un café. En su cara podéis ver esa bondad, esa sabiduría. Todavía tenía mucho pelo como lo podéis constatar en la foto, pero poco después se afeitó la cabeza.

Vino a Parías hace poco más de un mes, estuve con él. Teníamos una relación muy amistosa y alegre a fin de cuentas, y profunda. Pero esta vez cuando lo abracé, sabía que iba a morir. Su cuerpo moría, no su espíritu. No podía hablar, había perdido la voz, totalmente, pero eso no cambiaba gran cosa. Algunas semanas más tarde, por la mañana, estaba dormido y me me desperté con un enorme dolor de cabeza. No era un dolor de cabeza como el que sintió Eka poco antes de encontrar a Bodhidharma. No era una migraña, era otro dolor. Poco después me levanté y supe que Lee había muerto en ese mismo momento. Poco después tuve un ataque cerebral y me llevaron al hospital en una ambulancia, y estuve en él durante una semana.

Es el mundo invisible en el que todos vivimos. Podemos vivirlo todos si no tenemos obstrucciones que lo bloqueen.

Esta mañana recitaremos el Hannya Shingyo, luego el Dai Shin Darani. Y las personas que lo conocieron, pueden venir a hacer shoko siguiendo al kyosaku. Y por supuesto todos los que quieran.

— Kaijo !

Quand j’ai dit que Eka avait eu un mal de tête avant de rencontrer Bodhidharma, ce n’était pas tout à fait exact. Il a eu un mal de tête avant de savoir qu’il allait le rencontrer peu de temps après.

Lui non plus, il ne savait pas…

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