lunes, 4 de octubre de 2010

Las ilusiones son infinitas

Las ilusiones son infinitas





Si estamos apegados a la noción de satori, nuestra práctica se estancará, seremos decepcionados.” A menudo pensamos que practicar zazen, es despertar de las propias ilusiones. Hay quienes incluso ponen un despertador en el dojo para estar seguros de despertarse. ¿Se trata de esto?

Si queremos dejar nuestras ilusiones, nos damos cuenta de que son infinitas. Por ejemplo cuando estudiamos nuestro propio karma, a veces creemos haber comprendido profundamente: “¡Ah, de acuerdo! ¡Es por esto! ¡Eureka!” Mas tarde comprendemos que esa comprensión era limitada: aparecen otros recuerdos, otras historias, otros karmas. Todos son ciertos y es infinito. No podemos llegar jamás al final de nuestra ilusión. Si creemos que hemos llegado al final nos volvemos idiotas, nos estancamos en una historia fija. Así es que lo mejor es continuar la práctica en medio de las propias ilusiones, no crear una nueva ilusión creyendo que podemos acabar con ellas. En zazen, es dejar pasar todo lo que aparece. Practicar zazen como Buda, es estar simplemente sentado más allá del satori o de la ilusión, más allá de todo pensamiento.

Cuando el emperador Yang preguntó a Bodhidharma: “¿Quién eres?” él contestó que no losé, fu shiki. (Un vacío insondable y nada sagrado). Por tanto, se dice siempre que practicar la vía de Buda, despertarse, es aprender a conocerse a sí mismo. Pero aprender a conocerse a sí mismo no quiere decir que se llegue a ese conocimiento. Estar en la vía es ir siempre más allá, más allá. No creer nunca que hemos llegado a alguna parte. Por ejemplo, en zazen, de instante en instante, nuestra vida se refleja en el espejo de zazen y dejamos pasar, no retenemos nada. Es estudiar sin estudiar, sin buscar conscientemente una solución, una verdad; dejar que las cosas aparezcan naturalmente, sin elegir.

Kodo Sawaki decía: “El hombre de la vía es una persona que ni siquiera sabe que está en la ilusión”. Saber que uno mismo está en la ilusión es como un hombre rico que sabe que es rico: se vuelve arrogante. Saber que estamos en la ilusión, es tener una idea de lo que es la no-ilusión. Y precisamente no podemos saberlo, entonces tampoco podemos saber qué es la ilusión: es infinito, ilimitado. Si lo sentimos íntimamente, entonces podemos practicar libremente, sin objeto, mushotoku. Incluso aunque no lo sintamos si continuamos practicando, el mismo zazen es mushotoku. Si no podemos serlo, podemos, sin embargo continuar zazen, y armonizarnos inconscientemente con el orden cósmico, más allá de esta diferencia entre buda y el ser humano en la ilusión.

Entonces la práctica ya no es mezquina ni egoísta, se hace generosa como la vía.

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