martes, 21 de septiembre de 2010

De la no-dualidad

CONFERENCIA DE ROLAND YUNO RECH CON OCASIÓN DEL COLOQUIO «UNIVERSALIDAD DEL BUDISMO»
EN EL MONASTERIO DE LA GENDRONIÈRE



El mundo está en crisis. Los seres humanos han perdido el sentido de la realidad de su existencia.

Las ciencias humanas, como las ciencias de la naturaleza, muestran cómo ningún ser existe sino es por sutiles relaciones de interdependencia. Pero en lugar de sacar de ello una serie de consecuencias para su vida concreta, prolongando la interdependencia en solidaridad activa, los seres humanos se enfrentan en luchas fratricidas para defender sus intereses egoístas.
Hace ya veinticinco siglos, el Buda se inquietó al respecto. Mostró a los hombres la Vía del despertar. Esta se transmitió de generación y generación en India, en China, luego en Japón.
Conmemoramos ahora el cuadragésimo aniversario de la transmisión del Dharma a Europa por el maestro Deshimaru. Si su misión se desarrolló rápidamente y si las semillas que sembró siguen floreciendo, es sin duda porque se concentró en transmitir lo más universal del budismo: la práctica de shikantaza, la meditación sedente sin objeto y, por tanto, más allá de los pensamientos condicionados por las diferencias culturales.
Zazen actualiza la Naturaleza de Buda común a todos los seres. Aunque todos seamos diferentes por nuestro karma, en la Vía no hay ni Oriente ni Occidente: sólo la naturaleza real de la existencia compartida por todos los seres. Cuando nos damos cuenta de ello, se convierte en fuente de sabiduría y de compasión. Nuestra energía se estimula con ello. Todos los actos de la vida cotidiana se vuelven la actualización del despertar (dotoku), y esta vida recobra su profundo sentido.


1) LA EXPERIENCIA DE LA NO-DUALIDAD

La práctica del Dharma supera las dualidades en que nos encierra el pensamiento dualista de lo mental ordinario, apegado al yo y a lo mío.

- Unidad del cuerpo y del espíritu

En zazen, concentrándose en la postura del cuerpo, el espíritu se vuelve este cuerpo totalmente sentado, y este cuerpo se convierte en el verdadero cuerpo: shin jitsu nitai.
En la vida cotidiana, cada acto realizado con total atención es ocasión de olvidarnos a nosotros mismos (shinjin datsu raku) y de actuar naturalmente al servicio de los demás, de manifestar nuestra solidaridad y, así, de estar en armonía con lo que somos en realidad.


- Unidad sujeto-objeto

Uno mismo y los demás no están separados. Vivirse a sí mismo exclusivamente como individuo separado crea una falta, una frustración que estimula la avidez. Pero nada puede reemplazar el despertar espiritual, la realización de la verdadera naturaleza de nuestra existencia.

- Unidad del hombre y de la naturaleza

El ser humano ha creído que su vocación era la de volverse amo y poseedor de la Naturaleza, olvidando que era parte de ella. Los problemas medioambientales no podrán resolverse más que reconociendo la totalidad sin separación entre uno mismo y todos los seres: ese fue el despertar de Shakyamuni. Ser ecologista es amar a la Naturaleza como a sí mismo y encontrar una mirada poética sobre la existencia.De ello resulta naturalmente respetar la naturaleza en y alrededor de uno mismo, detener los derroches y las degradaciones. Esta revolución interior es mucho más eficaz que cualquier decreto.


2) LA PRÁCTICA DEL DHARMA PERMITE REENCONTRAR LA FUENTE DE LOS PRECEPTOS Y DE LOS DEMÁS PARAMITA, COMO EXPRESIÓN DE LA NATURALEZA DE BUDA.

- La realidad tal cual es: dolorosa, impermanente, sin sustancia, perturba la necesidad del ego humano de justificar su existencia, como si vivir no bastara. Nos hace redimir la «culpa» por haber nacido.

- Si Dios no existe, la vida carece de sentido: esta toma de consciencia provocó la crisis del nihilismo del siglo XX. El budismo responde a ello con una teleología de la salvación mediante el despertar. Este despertar, que constituye la esencia del budismo, tiene varios aspectos: el despertar de los arhat, que alcanzan la liberación del ciclo del samsara mediante la práctica de las Cuatro Nobles Verdades; el despertar de los prattieka, mediante la comprensión de las Doce Causas Interdependientes; y el despertar de los bodhisattvas, mediante la práctica de Los Seis Paramita. Pero estos tres accesos no son más que medios hábiles para realizar el despertar supremo de Buda que está más allá de cualquier dualidad, tal como uno mismo y los demás, presente y futuro, sentido y sinsentido. Podemos vislumbrarlo en la práctica pura de shikantaza (O zanmai).

- Zazen es el acto absoluto (ippo gujin) que deja sin vigencia la pregunta por el sentido de nuestra existencia: hishiryo está más allá de todos los porqués. El sinsentido de la práctica responde al sinsentido de la existencia. El hacer girar la flor, de Shakyamuni, está más allá de todo significado. La sonrisa de Mahakashyapa expresa esa liberación, y las respuestas de Bodhidharma al emperador la transmiten al Este.

El corazón de la enseñanza del maestro Deshimaru era Mushotoku. Y él bien merece el nombre de «Bodhidharma de los tiempos modernos». Practicar sin esperar ningún mérito es el gran mérito de la práctica. No conocerse a uno mismo es un gran conocimiento: nacimiento al verdadero sí que incluye a uno mismo y a los demás.

Rendir homenaje cada día a los Tres Tesoros sin apegarse a ello, ni siquiera a practicar las Cuatro Santas Verdades: vivir gozosamente el vacío infinito sin nada sagrado.

El hombre del Zen es el hombre de immo. Nada tiene que agregar a la realidad tal cual es: su práctica es la de la aceptación, su vida es un «sí» que incluye los «no»: ¡la aceptación de no poder aceptar, a veces, ya no volver a ver la luna de otoño!

- Su práctica vuelve inútiles a los preceptos, ya que ningún mal puede hacerse cuando la conciencia se vuelve empática (shoaku makusa).
Así que ya no es posible matar, robar, mentir, intoxicarse, estar ávido, creerse superior ni despreciar a los demás. Los Tres Tesoros se respetan y protegen naturalmente.

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