martes, 15 de septiembre de 2009

Teisho ceremonia abad Roland Yuno Rech

Ceremonia de nombramiento del abad
Shinzan shiki


Templo zen de la Gendronnière
4 de agosto de 2009

Heijoshin kore dô

Al recibir vuestras preguntas he podido percibir vuestro gran espíritu de despertar. Pero para hacerlo realidad las palabras son insuficientes. Seguid concentrándoos en la práctica constante con cuerpo y mente libres de todo deseo de obtención.
Cuando Joshu preguntó al Maestro Nansen: “¿Qué es la Vía?”, el Maestro contestó: “Heijoshin kore do: el espíritu de todos los días, el espíritu ordinario es la Vía”. No se trata de la mente condicionada por las ilusiones y el karma, que siempre desea otra cosa, sino el espíritu que no crea discriminaciones entre lo profano y lo sagrado, entre la vida cotidiana y la Vía. No hay nada sagrado, no hay nada separado en la Vía del Buda. Si se comprende la vacuidad de todas las maquinaciones mentales, ni siquiera existen las Cuatro Nobles Verdades: cualquier oposición entre noble y ordinario desaparece. En el budismo, lo noble es lo que tiene el poder de liberarnos del sufrimiento. Mientras que la mente opone lo noble a lo vulgar, no se ha cortado la raíz del sufrimiento.
Nuestra mente no puede comprenderlo, pero zazen lo hace realidad por y para nosotros. Así que, cada instante de práctica es despertar y liberación, y nuestros votos de bodhisattva se cumplen en la alegría.
La Vía del zen es un camino que también es un caminar. Es nuestra forma de avanzar día a día en armonía con el Dharma. Esta Vía está bajo nuestros pies: no busquéis en otra parte. No nos conduce a ningún lugar pues ya hemos llegado, en cada instante. ¿Cómo? Si estamos sencillamente sentados cuando estamos sentados y andando cuando andamos. Entonces podemos vivir en paz con todos los seres y esta paz irradia a nuestro alrededor.
El Maestro Keizan despertó al oír a su maestro Tetsu Gikai enseñar Eijoshin koredo. Éste le preguntó: “¿Qué has entendido?” Keizan contestó: “Es como una bala negra que atraviesa la oscura noche”. Gikai le dijo: “No basta con eso.” Entonces Keizan dijo: “Cuando tengo sed, bebo, cuando tengo hambre, como”.
Gikai quedó satisfecho y le dijo: “Más adelante desarrollarás con fuerza el zen Sôtô”. Ojalá que nosotros, igual que nuestros maestros, podamos comprender todo esto a partir de nuestra práctica.
Entregamos toda nuestra energía a la Vía. Pero si queremos dirigirnos hacia ella conscientemente, nos alejamos de ella. Es como estar en el agua y gritar: “¡Qué sed!”
Cuando estamos separados de la Vía, buscamos el sentido de la Vía. Pero lo que está separado no es la Vía.
Si se es uno con la vida de cada instante, la cuestión del sentido de la vida desaparece. Lo que se manifiesta en ese momento es el verdadero cuerpo en unidad con todas las existencias. Este cuerpo, como el del bodhisattva de la gran compasión, dispone de numerosos brazos y manos guiadas por la sabiduría para ir a ayudar a aquellos que sufren.
Aunque en el fondo no haya nadie a quien salvar, permitir que los demás queden libres gracias a su propia naturaleza de Buda es el sentido de nuestra vida de bodhisattva.
Algunos pasan la vida intentando responder a los deseos egoístas de los demás y al final quieren ser ellos mismos. Pero, en el fondo, siempre somos exactamente uno mismo, incluso hundidos en la ilusión.
“Para alcanzar immo”, la última realidad, más allá de la ilusión y del satori, y que no puede abarcarse con el pensamiento dualista, “tenéis que convertiros en una persona de immo”, decía Ungo Doyo, y añadía: “Como ya sois personas de immo, ¿por qué preocuparos de immo? Aquel que ha comprendido es como un abanico en invierno o una boca cubierta de musgo. No es algo que se consigue por la fuerza: es naturalmente así.”
Cuando se hace realidad, inspirando y espirando, la mente no permanece en nada y recibimos inconscientemente la enseñanza de todos los fenómenos, igual que Dôgen cuando escribe:

En primavera las flores, en verano el canto del cuco
En otoño la brillante luna y en invierno la nieve helada.
¡Cuán puras y claras son las estaciones!

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