miércoles, 2 de septiembre de 2009

La comprensión profunda

La comprensión profunda.Si queréis continuar avanzando en la Vía y no seguir divididos entre lo que habéis entrevisto y lo que hacéis realidad concretamente en vuestra vida, por favor, concentraos en la práctica con el cuerpo.

Kusen de Roland Yuno Rech, Sesshin de Alès 2008





Durante la sesshin, durante la práctica de zazen, nos hacemos íntimos con la Vía. Esta intimidad no dura, ya que nuestros condicionamientos son profundos. Aunque entreveamos la última realidad, a menudo continuamos viviendo como si no fuera nada, siempre prisioneros de nuestras construcciones mentales.



Hay diferentes métodos para profundizar el espíritu del despertar. El más profundo, el más antiguo, también en la enseñanza de la Vía de Buda, ya que remonta al mismo Buda Shakyamuni es dejarse penetrar profundamente por la impermanencia de todos nuestros objetos de apego. No solamente de los objetos, sino de uno mismo como sujeto de apego.

Es lo que recomendaba Nagarjuna, es lo que recomendaba el Maestro Dogen : todos los maestros de la transmisión han hecho estas recomendaciones.

Cada vez que un apego surge, recordémonos la impermanencia a la vez de este objeto de apego y del

« yo » que se apega.

Así la impermanencia, en lugar de ser nuestra enemiga, la que nos hace sufrir, la que nos molesta, se convierte en nuestra aliada en la Vía. Nos ayuda a fluidificar nuestras coagulaciones mentales y armonizarnos con el Dharma, el orden cósmico aprendiendo a soltar presa, no en el sentido de un sacrificio o de una pérdida, sino al contrario con el sentido de una realización, de una libertad superiores.



Sentir que el hecho de seguir la Vía y de practicar zazen es la cosa más importante de nuestra vida, permite despertarse a la verdadera naturaleza de nuestra existencia y vivir en armonía con ello ; es lo que se llama bodaishin, el espíritu del despertar.



Como decía el Maestro Dogen al principio del Hotsu Bodaishin del Shobogenzo, hay al menos tres clases de mente.

La mente que discierne.

La mente universal o el corazón, la esencia que anima todas las existencias.

Y después la mente que es capaz de abrazar lo que cosntituye la esencia del universo, la última realidad. Entre estas tres mentes (tres formas, tres modos de funcionamiento del espíritu) es el espíritu del discernimiento el que permite realizar bodaishin decía Dogen. Diríamos : es la observación justa en zazen.

Es este espíritu el que permitió a Shakyamuni realizar las Cuatro Nobles Verdades. Comprender el sufrimiento, observar la universalidad del mismo, comprender sus causas y de ver al mismo tiempo que hay un remedio para ello ; y este remedio es la práctica de la Vía. Esto implica un profundo discernimiento. No dejarnos engañar por nuestras ilusiones, sino ver la realidad tal cual es.



Aunque la mayor parte de nosotros lo hayamos comprendido , continuamos viviendo como si nada, como si esta comprensión de las Cuatro Nobles Verdades no se imprimiera en nuestra forma de funcionar : por ejemplo en el hecho de sufrir siempre emociones violentas que manifiestan un apego al ego , aunque sepamos en el fondo que todo esto es sin sustancia, impermanente. Por supuesto, volver constantemente a la conciencia de la impermanencia , como lo decía anteriormente, ayuda a disolver estos apegos.Pero esto queda todavía en el orden del discernimiento, es decir del mental.



La práctica del zen propone una aproximación todavía más profunda y eficaz : es la aproximación por el cuerpo y la respiración. Lo que quiere decir poner toda nuestra energía en el hara, concentrarnos en una espiración profunda y no dejar que la mente, la energía se estanquen en el mental, en el cerebro frontal : reunir toda esta energía, este espíritu en el bajo vientre , en el punto en que llevamos al final la espiración cuando empujamos los intestinos hacia el bajo vientre para espirar a fondo. Desarrollar este hara es completamente fundamental : esto forma parte de la práctica de la concentración. Todos los ejercicios de concentración en la vida cotidiana, la práctica de zazen, sanpai, el samu, ayudan a enraizarse en el hara, a dejar de rumiar los pensamientos a estar verdaderamente en el propio cuerpo, y en este cuerpo verdaderamente en el centro de energía que es el hara.



Cuando practicamos así sentimos que una estabilidad y un profundo enraizamiento se realizan en nosotros. Podemos volver constantemente a este enraizamiento : estando totalmente en los gestos, en el propio cuerpo, en la respiración ; no solamente en la cabeza, en el mental. Y todos los instantes de la vida cotidiana pueden ser la ocasión de realizarlo.



Cuando vivimos en la cabeza, estamos totalmente dispersos, separados de la realidad, con la mente agitada, corriendo tras todo tipo de ilusiones, forzosamente cada vez más insatisfechos e incitados a correr todavía más.



Hacer una sesshin , hacer zazen , es dejar aquí y ahora toda esta forma de funcionamiento y anclarse en una consciencia del cuerpo y la respiración.

Sin hacer esto realidad, todos los pensamientos más profundos sobre la Vía, serán siempre superficiales, sin capacidad de una verdadera transformación.



A menudo se dice que la Vía está bajo nuestros pies, ella está también en nuestros pies, en nuestra forma de andar, en nuestro vientre, en nuestros intestinos. En este cuerpo que está siempre perfectamente aquí y ahora, en contacto, en interdependencia con todo el universo, mientras que el mental trata sin cesar de escaparse.

Así para realizar verdaderamente la Vía y dejar de traicionarla con nuestro comportamiento, hace falta combinar estos dos acercamientos . Observar la impermanencia, observar la inconsistencia última del ego, su no-separación con todo el universo, su naturaleza sin nacimiento ni muerte. Y para anclar esta comprensión, para hacerla real y eficaz, hace falta que penetre todas las células de nuestro cuerpo, que se adhiera en todo nuestro ser, no solamente en la superficie del cortex frontal. Para ello nos concentramos totalmente en la postura sentada cuando estamos sentados, en la marcha cuando andamos, en las prosternaciones, cuando hacemos sanpai, en la respiración, en cada gesto. Y aprendemos a vivir en nuestro cuerpo y con nuestro cuerpo.

Aprendemos así a estar presentes a la realidad tal cual es y a no estar perdidos en nuestras cogitaciones.

Aprender a funcionar así es una verdadera revolución interior, una conversión : es salir verdaderamente de nuestro mundo de funcionamiento condicionado ordinario. Es la educación de base de todos los templos zen.

Por ejemplo, incluso si el estudio, la lectura, están permitidos en ellos se le dedica como máximo una hora al día. El resto del tiempo es la práctica con el cuerpo.

Entonces si queréis continuar avanzando en la Vía y no seguir divididos entre lo que habéis entrevisto, comprendido y lo que realizáis concretamente en vuestra vida, por favor, concentraos en la práctica con el cuerpo. Es la forma de realizar el Cuerpo de Buda, el cuerpo verdadero, el cuerpo en unidad con todo el universo. El cuerpo que existe más allá del nacimiento y de la muerte. A veces se le llama el dharmakaya.



Kusen de Roland Yuno Rech, Sesshin de Alès de 2008

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