viernes, 27 de febrero de 2009

Tendo Nyojo versus Antonio Machado


El viejo ciruelo de podadas ramas
se cubre de brotes.
Florece de pronto: una, dos flores se abren,
luego tres, cuatro, cinco,
innumerables.
Su pureza es admirable
y su perfume más allá de todo elogio.
Cuando los pétalos caen,
la primavera está cerca,
la brisa sopla entre la hierba y los árboles .
Los monjes uno a uno,
despiertan en su intimidad
a su visión interior.
De nuevo la borrasca y la tormenta
traen un cambio brusco
y el suelo se vuelve a cubrir
de una espesa capa de nieve.
Pero en su interior,
el viejo ciruelo se mantiene en calma,
en nada le afecta la tormenta.

Tendo Nyojo
(Citado por Dogen en Baige, Shobogenzo)

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta.
Olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado

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