jueves, 29 de diciembre de 2016

Sesshin con Roland Yuno Rech - Egino 17,18 y 19 marzo 2017

SESSHIN CON ROLAND YUNO RECH



DIRIGE:
Roland Yuno Rech, Maestro Zen, continuador de la obra del Maestro Taisen Deshimaru .

Durante la Sesshin habrá ordenaciones de Bodhisattvas, monjas y monjes.


FECHA:
17, 18 y 19 de Marzo de 2017.
Llegada el jueves 16 de marzo, a las 20,30 horas,  para la cena.
Salida el domingo 19 después de la comida y el samu.

LUGAR:
“Casa de oración Haitzur” de Egino (Alava). 

NECESARIO TRAER:
Zafu (cojín redondo y alto), kimono o ropa amplia y oscura, saco de dormir, cuenco, servilleta, cubiertos, linterna...


PRECIO:

110€ en dormitorios del albergue.
155 € en habitación individual.

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES:
Dojozen Genjo - Pamplona/Iruña.
Tfno. 948 182 594 - E.mail: zennavarra@yahoo.es

Para una mejor organización de la Sesshin avisadnos, al menos, con 10 días de antelación, para saber cuántos  somos y si necesitáis que vayamos a recogeros.

ORGANIZA:
Asociación Zen de Euskal Herria
Dojo Genjo de Pamplona/Iruña,
miembro de la Asociación Zen Internacional -fundada por el Maestro Taisen Deshimaru- y de la Abze




Dojo Zen Genjo - Pamplona / Iruña
Tfno.  : 948 182 594
E-mail: zennavarra@yahoo.es
www.zennavarra.blogspot.com
Facebook : https://www.facebook.com/zen.navarra.3?fref=ts

martes, 20 de diciembre de 2016

ESPÍRITU NUEVO Y PRESENCIA, PATRICK PARGNIEN



                                             
                                             


  Espíritu nuevo y presencia

Podemos encontrar en la vía escollos , como por ejemplo, mantener la idea de que la práctica de la Vía está para desarrollar el espíritu del despertar.

Por supuesto, podemos cultivar la aspiración al despertar (la realización de nuestra realidad profunda), y así darle vida a ese espíritu del despertar. Podemos crear las condiciones más favorables practicando regularmente la meditación y cultivando la presencia plena en cada momento de nuestra vida. Pero, ¿cómo podríamos desarrollar lo que siempre ha estado ahí ?

La práctica de la meditación sentada es fundamentalmente una práctica de despojamiento. Despojamiento en el sentido de soltar presa, de dejarse abandonar de todo aquello que creemos conocer, del saber sobre nosotros mismo, sobre los demás, sobre el mundo, sobre la Vía. Dejando así espacio libre para el advenimiento de la dimensión trascendente de nuestra realidad de ser. Y eso es un verdadero camino interior, « el reto sagrado » del viaje espiritual.

También, muchos practicantes piensan que en la práctica de la Vía, uno de los aspectos más difíciles son los dolores que pueden aparecer en la práctica de la meditación sentada, o en la confrontación con la agitación del sistema mental, o también el estado de ánimo inverso que es el sopor, el adormecimiento.
Por supuesto son aspectos dolorosos que hay que atravesar, pero lo más difícil de realizar en la Vía y en la propia vida, es un espíritu nuevo, una mente fresca a cada instante, un espíritu acorde con la novedad de cada instante. Un espíritu que no se coagula en lo que fue, ni que tiende hacia lo que será. En cierta forma un espíritu que tiene la capacidad de asombrarse.

Y ese asombro no es compatible con un estado de ánimo que se estanca en los hábitos.
Incluso si eso puede durar solo un instante, ese asombrarse ocurre cuando la mente no está apegada a experiencias pasadas, y que no esta coloreada por la espera de un futuro que se presupone mejor. Ese asombrarse es goce de ser. Un goce de ser que no permanece circunscripto a uno mismo, a su bienestar personal sino que es un verdadero alimento para el mundo.

El acorde con el movimiento, con la novedad del momento presente llama, “exige” una extraordinaria agudeza de la mente,  pero también una ligereza, una apertura del corazón para poder “seguir” sin resistencias el cambio incesante de la corriente de la existencia.
Cuando estamos acordes con la novedad de cada instante, con la realidad viviente del momento presente, no puede subsistir ninguna espera. Cuando no hay ninguna espera, ninguna impaciencia, ningún aburrimiento puede sobrevenir. Cuando no hay ninguna espera el espacio interior esta abierto, disponible. El espacio interior esta abierto, disponible al intemporal presente. El intemporal presente que no es un lugar, un tiempo solidificado en el que podamos instalarnos, quedarnos fijos, sino que es un movimiento cambiante sin cesar.

La realización de una mente nueva, de un espíritu fresco “pide” liberarse del estado de ánimo de la espera. Y para liberarse es importante observar nuestra forma de funcionar en la existencia. Muchos más que vivir la vida en sí, la piensan. Y así esperan para comenzar a vivirla. Podemos esperar días mejores, una situación mejor, condiciones de vida más favorables, la iluminación, etc… Es decir, que un reflejo condicionado nos empuje a desear mañana, a desear lo que será. La espera, sensiblemente, sutilmente, genera una tensión, un conflicto interior.
Un conflicto interior entre la realidad viva del aquí y ahora y la proyección de un envidiado futuro mejor. Cuando estamos prisioneros de ese conflicto, la calidad del ser, la calidad de nuestra vida se altera fuertemente, porque ya no estamos en contacto con el presente actual. El presente actual, en donde estamos plenamente vivos, en donde la dimensión trascendente de nuestra existencia puede manifestarse.

De ahí la importancia en la vida, cuando hay la percepción de que nos deslizamos hacia la espera, de no permanecer en ella, sino movilizarnos para relacionarnos con el momento presente, para habitar el instante con el cual nos comprometimos. Si en vuestra vida os dais cuenta que os deslizáis hacia el estado de ánimo de la espera, no permanezcáis en él. Movilizaos para conectaros a vuestras sensaciones, con la respiración, que se manifiestan en el momento presente ; para habitar las acciones, los gestos con los cuales os habéis comprometido. Es en esa calidad del ser que puede cultivarse un espíritu nuevo.
Ese espíritu nuevo, ese espíritu fresco acorde con cada instante, está en interdependencia con nuestra capacidad de estar instaurado en una atención, en una presencia que no interviene, que no se escapa de lo que es. Es decir, que no se aferra a nada y que no rechaza nada. Una presencia que no juzga, que ni analiza ni interpreta.
Esa calidad de presencia no es pasiva, no es resignada. Es una presencia viva, acorde con lo que es tal cual es, sin apegarse, sin identificarse. Hay simplemente presencia.
Es en el corazón de la presencia donde podemos liberarnos de la influencia del sistema de identificación. Porque en el corazón de la presencia que no se fija en lo que ha sido y que no se proyecta hacia el futuro, ese sistema que tiene, entre otras cosas, como base de oscilación entre la añoranza de lo que fue, y el deseo de lo que yo quisiera que fuera, no tiene ningún apoyo, ningún alimento. No hay nada entonces en lo que apoyarse para que quede cristalizado.
Es en el corazón de esa atención, en esa calidad de presencia donde puede revelarse lo que Ejo llamaba la “Luz espiritual”, o lo que yo llamo a veces la inteligencia del corazón.
La dimensión transcendente de nuestra realidad de ser.

¡Os deseo una bella práctica! De corazón a corazón,

Patrick



                                                                  

martes, 6 de diciembre de 2016

AGENDA


OS ADJUNTAMOS LA AGENDA PREVISTA EN ESTE MOMENTO:


-COSTURA: Habrá los jueves 22 y 29 de diciembre, tras acabar el zazen de la mañana, 9 horas y hasta las 12 h.

-del 27 de diciembre al 1 de enero, Roland Yuno Rech, sesshin de invierno en la Gendronnière.

-del 29 de diciembre al 1 de enero zazen con Patrick Pargnien en Grignols.

-el 16 comenzaremos el Encuentro zen con Alonso de 20 a 21,30, para continuar el 17 sábado de 8,30
a 13, 45, con posterior comida de hermandad. Si tienes intenciónde asistir ya nos lo harás saber para la buena organización del mismo.

-del 20 al 22 de enero (llegada el jueves 19, salida el 22 después del dEsayuno y recogida), habrá
una sesshin con Luc Boussard en Egino, organizada por la Azeh.

-el 3 y 4 de febrero tendremos un Encuentro zen con Eukeni Callejo, fundador del dojo de Pamplona
en conmemoración y celebración de los treinta y tres años de práctica en Pamplona y de treinta de la Asociación zen y práctica en Monasterios de Navarra 7.
 

-el 17, 18 y 19 de marzo, organizamos nuestro dojo la sesshin con Roland Yuno Rech en Egino.

-el 5, 6 y 7 de mayo sesshin en Egino con Raphael Doko Triet organizada por la Azeh.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Leonard Cohen , una aproximación a su vida zen.







 En 2009, en Rockdelux, cuya portada es esta imagen de Leonard Cohen saludando, “su” traductor Alberto Manzano escribió un artículo llamándole el burgués juglar.

Hemos entresacado y adaptado una parte de su artículo en que se refiere a los años de su vida que pasó como monje zen, sirva esta entrada como homenaje:

Leonard Cohen, fue ordenado monje en agosto de 1996. Escribiría:

“Después de la gira de ‘The Future’, caí en picado. Había bebido muchísimo y mi salud estaba tocada. Afortunadamente, siempre he tenido un estómago muy delicado y no he podido abusar de las drogas y el alcohol. Así que decidí retirarme, cuidarme como nunca lo había hecho. Al fin y al cabo, un monasterio zen es un lugar de rehabilitación para personas desquiciadas por la vida”.

En 1993, Cohen llevaba veinticinco años practicando zazen –meditación zen–, guiado por su maestro espiritual Roshi. De verdadero nombre Joshu Sasaki (1907), Roshi había vivido cuarenta y un años como monje en Japón, quince de ellos en calidad de maestro –actualmente ocupa la posición 88 en la línea de los patriarcas del budismo zen­ –, cuando, en 1962, llegó a Estados Unidos para establecer una rama del zen conocida como rinzai. Comenzó a finales de los años sesenta con una sesshin –retiro espiritual– en el monasterio de Mount Baldy –situado a dos mil metros de altura en el Bosque Nacional de San Gabriel, cerca de Los Ángeles–. Después de tres días de intensa práctica, el poeta se convenció de que “aquello era la venganza por la Segunda Guerra Mundial. Con un maestro japonés, Roshi, y un monje alemán, Geshin, a la cabeza del centro, tenían a un montón de chicos norteamericanos andando con sandalias por la nieve a las tres de la madrugada”. El viento soplaba y arrastraba la nieve por el comedor, helando la comida en los platos, el régimen era escaso, la disciplina extrema y, después de cuatro semanas, Cohen huyó a Acapulco –se puede ver su corte de pelo estilo budista en la foto de la portada de “Live Songs” (Columbia, 1973)–.

Sin embargo, algo quedó en él, y al cabo de ocho meses volvió. Trabó una profunda amistad con Roshi, acompañándolo en varios viajes a monasterios trapenses e implicándose personal y económicamente en la apertura de otros dojos, en Nuevo México, Texas, Nueva York y Montreal. 

“La meditación no es lo que piensas. Te sientas en absoluto silencio y tu mente empieza a repasar todas tus películas. Durante ese proceso, te vuelves tan familiar con los guiones que mantienes en tu vida que acabas hartándote de ellos. Entonces comprendes que la persona que crees que eres no es más que un complicado guion en el que gastas la mayor parte de tu energía. Tras un examen más minucioso, descubres que tu personalidad te asquea. Y eso es porque en realidad no eres tú. Si te sientes lo suficientemente aterrado por esa personalidad, espontáneamente permites que se desvanezca. Y entonces, si tienes suerte, puedes experimentarte a ti mismo sin la distorsión de esa personalidad. Ese es, en esencia, el proceso de zazen, la filosofía de Roshi”.

Pero Cohen nunca ha sido ortodoxo en este tema (ni en ningún otro), y mezclaba disciplina y vocación: “Sentado en meditación, he terminado una larga canción”, declararía –en su cabaña disponía de un sintetizador con el que compondría material para su siguiente disco, “Ten New Songs” (Columbia, 2001)–. Finalmente, en 1999, sintió que el velo había caído: “Siempre había tenido muchas versiones de mí mismo (¿contradicciones?) en las que utilicé la religión como apoyo. Hubo un momento en que pensé que podía iluminar mi mundo y el de los que me rodean, que podía tomar el camino de Bodhisattva, que es el camino de ayuda a los demás. Pensé que podía, pero no pude. El camino espiritual es un mundo en el que hombres mucho más fuertes que yo, mucho más valientes, más nobles y generosos, se han quedado hechos trizas. Yo no soy un hombre espiritual. Una vez que empiezas a tratar con material espiritual, te haces papilla”.

En Cohen, para quien “la ocupación de ser un hombre es más importante que la de ser un cantante o un poeta”, rehacerse como artista ha sido siempre su desafiante oficio. “Renacer de las cenizas constantemente en esta vida de extremos... Y aquí estoy de nuevo. La última vez tenía 60 años y era solo un crío con un sueño loco”.

 “(el camino / es muy largo / el cielo / muy vasto / el corazón / errante / por fin / no tiene casa) y este poema existe en un dibujo en su caligrafía bajo la luna llena, como existe el universo sobre la palma de una mano.” De El libro del anhelo.

Leonard Cohen persigue la poesía y lo hace cantando en su disco más reciente, Old Ideas:

‘‘Danza tu belleza con un violín en llamas / hazme bailar a través del pánico hasta que recupere mi centro / méceme como rama de olivo y transmígrate en ave que vuelve a casa / Llévame bailando hasta el fin del amor”.

En el último disco vemos un colibrí que sale volando de una luminosa ventana hacia la oscuridad:

Escucha al colibrí
cuyas alas no ves
escucha al colibrí,
no a mí.