El voto de Jizo Bosatsu por Ryushin Rodríguez, Centro Zen de Artemisa (Cuba)
Asier González
Presentamos a continuación este inspirador kusen de Ryushin Rodríguez
Ryushin Rodríguez ha estado practicando en el Centro Zen Hoshinji (templo de la Verdad del Dharma) en la ciudad de Artemisa Cuba desde el año 2000, año de la fundación del primer Dojo Zen en esta ciudad.
Fue ordenado monje Zen en 2006 por la maestra Barbara Kosen, abad del templo Shorinji en España. En 2010, viajó a Buenos Aires y Sao Paulo, donde conoció al Maestro Dosho Saikawa Roshi en el Templo Busshinji, la sede de la Escuela Zen Soto para América del Sur. En 2013, regresó definitivamente a Cuba donde comenzó a promover la práctica del zazen y llevó a cabo otros proyectos comunitarios.
Recibió la transmisión del dharma del Maestro Keisen Vuillemin en Hoshinji en 2022, continuando de esta manera la práctica y la enseñanza en el Centro Zen en Artemisa.
Con Ryushin compartimos unas jornadas en diciembre de 2022, de las que nos quedaron unos entrañables recuerdos.
Y en la ermita de Chodoan: Ermita de la Vía del Pájaro. Acompañándonos también en el samu.
EL VOTO DE JIZO BOSATSU
Pocos saben que Hōshinji está dedicado al bodhisattva Jizo Bosatsu. En el Zen occidental, los practicantes están más familiarizados con Kannon Bosatsu y conocen poco al Bodhisattva Jizo. Por eso hoy quisiera hablarles de su eterno voto.
Su nombre en sánscrito es Ksitigarbha, "la Matriz de la Tierra”, pronunció un voto que desafía toda lógica ordinaria:
"Si los infiernos no quedan vacíos, no alcanzaré la Budeidad".
No es una promesa de fuerza. Es una decisión.
Cuando la compasión se vuelve tan vasta que deja de distinguir entre "yo" y "otro", la idea de salvarse uno solo deja de tener sentido. La Budeidad no es un destino que nos espera al final del camino, es más bien la forma en que caminamos cuando elegimos no dar la espalda.
En nuestra práctica, los "infiernos que habitamos" no siempre tienen llamas visibles. A veces son esos círculos de pensamientos que no conseguimos deshacer, las heridas y patrones que seguimos repitiendo, la soledad que parece no tener fin. Esos estados en los que el sufrimiento se vuelve tan denso que la luz parece imposible.
Jizo sama no promete sacarnos de ahí por la fuerza. ¡¡¡¡Promete estar ahí!!!!
En el fondo del pozo, en la oscuridad más absoluta. En ese momento en que hasta nosotros mismos nos hemos rendido. No está en la orilla esperando que salgamos. Está en el agua con nosotros.
En la sangha, practicamos la paciencia, la generosidad y la meditación. Pero ¿practicamos también el no abandonar? Y no me refiero al abandonar de Mushotoku....más bien hablo de acompañamiento.
El no abandonar, muchas veces, no tiene un objeto claro. Es una postura ante la existencia misma. Aunque no sepa cómo ayudarte, aquí sigo, aunque tu dolor me incomode, aquí sigo, aunque no tenga una respuesta, aquí sigo junto a ti.
No siempre tenemos las respuestas. No siempre podemos aliviar el sufrimiento del otro. Pero podemos elegir no dar la espalda. Y eso, a veces, es más difícil que dar algo, y quizá también más valioso.
La sangha no siempre es un jardín de lotos. A veces es precisamente el lugar donde nuestros conflictos más antiguos y torcidos salen a la superficie.
Entonces es fácil pensar:
"Esto no es lo que imaginé.......vine a Hoshinji a encontrar paz y me encuentro esto!"
Pero Jizo sama no promete una vida sin conflicto. Promete presencia en medio del conflicto.
Y la sangha, cuando funciona como verdadera sangha, no es un refugio donde el sufrimiento desaparece. Más bien es un lugar donde el sufrimiento puede ser visto, nombrado y, finalmente, trascendido.
Esto no significa tolerar lo intolerable. Significa quedarse el tiempo suficiente para ver qué está pasando.
A veces, lo que vemos nos dice que debemos irnos. Otras veces descubrimos que ese infierno que creíamos completamente externo también tiene algo de nuestro propio reflejo.Y solo al quedarnos podemos trabajar con eso.No necesitamos pronunciar el voto completo de Jizo sama, pero podemos practicarlo en pequeños gestos.
Escuchar sin intentar resolver nada.
A veces, lo que una persona necesita no es ser salvada, sino ser escuchada.
Estar como presencia invisible. No siempre son los maestros, a menudo son quienes están al fondo de la sala, quienes trabajan en la cocina, quienes preparan algo sin que nadie lo vea, quienes permanecen en la puerta despidiendo al último que se va.
La sangha necesita también esas presencias invisibles.
Habrá días en los que no querrás venir.
El voto no dice: "Nunca te vayas".
Dice: "Vuelve".
La tierra siempre está ahí cuando decides sembrar de nuevo.
En Hoshinji también encontraremos sufrimientos que no comprendemos. Personas cuyo dolor no sabremos cómo acompañar. Situaciones para las que no tendremos ni siquiera respuesta. El voto no nos pide comprenderlo todo.
Nos pide no alejarnos de aquello que todavía no comprendemos.
La próxima vez que estés en Hoshinji lleva contigo una pregunta sencilla:
¿Qué significa, en este momento exacto, no abandonar? ¿NO dar la espalda?
No necesitas tener la respuesta.
La pregunta misma es el voto.
Cada vez que la haces, extiendes una mano hacia el fondo de algún infierno, el tuyo o el de otro…. y dices:
"Aquí estoy. No sé si puedo sacarte de aquí. Pero no me iré, no te daré la espalda".
Y eso es suficiente. Eso es más que suficiente. Que la tierra que sostiene a todos los seres sostenga también nuestra práctica, nuestra sangha y este caminar incierto, pero honesto.
***
POEMA
Continuar más allá de nuestras circunstancias,
más allá de nosotros mismos,
como el pájaro blanco
con las puntas de las alas negras
que, sabiendo que las gotas de agua derramadas sobre el voraz incendio
no apagarían las llamas,
aun así,
CONTINUÓ.
Ryushin Rodríguez







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