lunes, 30 de diciembre de 2019

¿QUE ES LA ÉTICA?: UN HORIZONTE INELUDIBLE



¿QUE ES LA ÉTICA?: UN HORIZONTE INELUDIBLE

                                                     Una pequeña aproximación

¿Qué es la Ética? Podemos contestar a esta pregunta de un modo muy sencillo, la Ética es simplemente portarse bien. Sin embargo la palabra misma bien ya tiene muy diferentes acepciones, y ni siquiera en todas las épocas, y en todos los lugares ha significado lo mismo.
En la época actual llena de subjetividades cada vez es más difícil comunicarse y establecer un verdadero diálogo, que pase en primera instancia por definir adecuadamente las palabras para saber si estamos hablando de lo mismo.
Si definimos la ética como la búsqueda del bien, debemos de definir qué es el bien, porque es posible que no estemos de acuerdo en lo que es el bien, así que podemos coincidir en la definición de Ética, pero podemos no coincidir en lo que es el bien. Por lo tanto aunque estemos de acuerdo en lo que es la Ética, si no estamos de acuerdo en lo que es el bien, entonces no estaremos de acuerdo en absoluto;  a pesar de que superficialmente bien pudiera parecerlo y demos las manos como hermanos pensando que pensamos lo mismo.
La definición de las palabras no es un debate nuevo sino que se pierde en la noche de los tiempos.  Ya Platón pensaba en la existencia de un bien supremo, aunque  jamás pudo definir que era aquello del bien supremo. Aristóteles descontento con su maestro, no es que definiera el bien, sino que lo expresó como referido a  diferentes cosas. Existe un bien para cada cosa, así el bien en la guerra es la victoria, el bien en la medicina es la curación, el bien del individuo es el bien de la ciudad, y el bien de la ciudad es al mismo tiempo el bien del individuo.
Las épocas cambian por supuesto, pero no podemos ni juzgar, ni ver las épocas anteriores desde los parámetros de la nuestra. Por ejemplo alguien puede pensar, bien por Aristóteles, que fue crítico con su maestro y vio sus errores, por supuesto, bien por Aristóteles, pero reviso la filosofía de su Maestro después de veinte años siendo su discípulo y siguiendo sus lecciones.
 Más o menos justo lo que sucede ahora, que uno se muestra crítico, o aparentemente crítico, con lo que dice el vecino sin dejarle siquiera acabar la frase. También ciertas palabras pueden resonar bien en nuestra mente pero dejar de hacerlo cuando vemos verdaderamente su significado.
Muy al contrario también puede suceder que algo que no nos guste en primera instancia y rechine en nuestros oídos, cuando lo comprendemos, puede que estemos de acuerdo. Así cuando oímos hablar de lo que dijo Kant, sobre la Ética y la moral, y conceptualizó aquello de que el ser humano posee autonomía moral, y de que cumplir algo por obediencia a Dios no es en sí ningún acto moral. O cuando vemos que  Kant no dio ningún mandamiento y su ética ha sido, exclusivamente formal; es decir que no nos dice lo que tenemos que hacer, es posible que tiremos cohetes y veamos en ello una excusa para hacer lo que nos dé la gana y pensar que eso es tener autonomía moral o libertad. Sin embargo cuando vemos lo que quería decir Kant con libertad, cual es su concepto de libertad, es posible que la cosa cambie. Para Kant la libertad es la capacidad que se tiene para cumplir con el deber y no seguir las propias inclinaciones. Es decir que la libertad para Kant es la capacidad para vencer las resistencias que nos impiden cumplir con el deber. Al oír esto es posible que alguno suelte algún espurio mal sonante contra Kant o en su defecto contra la madre del mismo, y puede que  algún otro esté plenamente de acuerdo con él.   La autonomía moral para Kant es la única autoridad que existe y que el hombre encuentra en su propia conciencia moral, que le dice lo que debe o no debe hacer en función de dicha conciencia; que lejos de ser un subjetivismo etéreo, tenía en su origen orientación de universalidad. Si usamos de un modo correcto la razón,  encontraremos la verdadera moralidad.
 Es posible que mucha gente no esté de acuerdo con ello, sobre todo después del convulso siglo XX en el cual se ha visto de todo, y los viejos ideales de la Ilustración que en su día fueron nuevos y novedosos hayan quedado sumidos en una profunda crisis.
Dos grandes corrientes atraviesan la Historia de la Ética en Occidente, las éticas teleológicas y las éticas deontológicas. Las primeras derivadas de la palabra telos que significa fin en griego, consiste en actuar buscando algún bien a conseguir, alguna finalidad, toda acción persigue un fin. Las éticas teleológicas además atribuyen al ser humano una naturaleza y una finalidad que le es propia. Dicha finalidad es la felicidad. 


Por el contrario las éticas deontológicas derivadas de la palabra griega deon que significa deber, conciben que el verdadero valor moral de una acción reside, en actuar por principios, independientemente, de las consecuencias de la acción. El valor moral no reside en la finalidad buscada o conseguida, sino en haber actuado por principios morales que guían la conducta.   
En su memorable, fundamentación de la metafísica de las costumbres, mantiene que si la finalidad del ser humano fuera la felicidad, la naturaleza no hubiera dotado al hombre de razón. Para Kant los animales son felices, y el hombre no puede aspirar a la felicidad del animal. Sin embargo el hombre tiene conciencia moral, que es lo que le hace actuar por principios. Los principios no nacen ni de Dios, ni de la consecución de la felicidad, ni de la aspiración a la misma, sino de la conciencia moral que es autónoma.  
Podemos o no podemos estar de acuerdo y también podemos preguntarnos: ¿Qué es el deber? Según Kant este reside en la propia conciencia moral, y uno puede encontrarlo si bucea en ella; dicha conciencia es de alguna manera universal, es decir, que podemos llegar  a ser seres morales si razonamos correctamente desde nuestra propia autonomía.
Está claro que la pregunta: ¿Qué es el deber? También puede hacerse desde una connotación muy diferente, con un tono irónico que en realidad remita a una excusa para seguir haciendo lo que nos dé la gana. En su sentido original Kant la concibió como una pregunta fundamental del ser humano, como un horizonte ineludible que diría Charles Taylor.
Esta pregunta nos persigue una y otra vez, porque siempre estamos pensando en lo que vamos a hacer  y en lo que debemos hacer o no hacer: debería ir a ese sitio, debería comprar aquello, debería llamar la atención a esa persona por un comportamiento tan reprobable, en fin que siempre estamos debatiendo diferentes posibilidades de acción.
También podemos esperar algún rayo divino, a Buda a Dios o al mismísimo Jesucristo para que nos dé la respuesta; pero como mantiene el existencialismo el ser humano está solo ante sus propias decisiones. Para el existencialismo las decisiones nacidas de la propia autonomía generan en cierto modo angustia, porque si dependemos de alguna autoridad externa, la responsabilidad de nuestra decisión también será de aquella autoridad, y en última instancia echaremos balones fuera, y echaremos la responsabilidad a otro a otro y a otro.
El filósofo español Aranguren conceptualizó aquello de la moral como estructura, el ser humano inevitablemente está llamado a la moralidad, porque la realidad no le viene dada de modo unívoco. Tiene capacidad para responder a la realidad de diferentes maneras, tiene siempre ante sí varias posibilidades de acción, y ahí reside el carácter moral de la existencia humana. Siguiendo a Aranguren y parafraseando una vez más a Taylor: la moralidad es un horizonte ineludible.
Como practicantes de zazen sabemos que nuestra práctica también tiene una dimensión ética, que sin duda conviene no olvidar. Los preceptos no nos quitan autonomía moral, sino que nos remiten una y otra vez a ese horizonte ineludible.

Eduardo Donin García

viernes, 13 de diciembre de 2019

Elogio de la mala conciencia de uno mismo, Szymborska


     Estamos preparando para el primer sábado de febrero, día 1, un encuentro zen , en el que Eduardo Donin García impartirá un teisho relacionado con la ética y el zen.

Hemos publicado el anterior texto de Roland, sobre La refundación de la ética. Y hoy este Elogio de la mala conciencia de uno mismo de Szymborska, que completaremos con otro que ha escrito Eduardo Donin sobre: ¿Qué es la ética?





ELOGIO DE LA MALA CONCIENCIA DE UNO MISMO

El buitre no tiene nada que reprocharse.
Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.
No dudan de lo apropiado de sus actos las pirañas.
El crótalo se acepta sin complejos a sí mismo.

No existe un chacal autocrítico.
El tábano, la langosta, la tenia y el caimán
viven como viven y así están satisfechos.

De cien kilos es el corazón de la orca,
pero no le pesa.

Nada más animal
que una conciencia limpia
en el tercer planeta del Sol.

Wislawa Szymborska
(Traducción de Abel a. Murcia Soriano)

martes, 10 de diciembre de 2019

Roland Yuno Rech, De la experiencia de la no-dualidad a la refundamentación de la ética


                                                                                      Imagen publicada por Thegaru

DE LA EXPERIENCIA DE LA NO-DUALIDAD 
A LA REFUNDAMENTACIÓN DE LA ÉTICA

Conferencia de Roland Yuno Rech con motivo del simposio "Universalidad del budismo", en el Monasterio de La Gendronnière.

El mundo está en crisis. Los seres humanos han perdido el sentido de la realidad de su existencia.
Las ciencias humanas y las ciencias naturales muestran cómo todos los seres existen solo a través de relaciones sutiles de interdependencia. Pero en lugar de sacar de ahí todas las consecuencias para sus vidas concretas ampliando la interdependencia en solidaridad activa, los hombres se enfrentan entre sí en luchas fratricidas para defender sus intereses egoístas. Hace veinticinco siglos, el Buda se entristeció. Les mostró a los seres humanos la Vía del despertar. Esta se ha transmitido de generación en generación en India, China y luego en Japón. Actualmente nosotros estamos conmemorando el cuadragésimo aniversario de la transmisión del Dharma en Europa por el Maestro Deshimaru. Si su misión ha crecido rápidamente y las semillas que ha plantado continúan floreciendo, es sin duda porque él se concentró en transmitir lo que es más universal en el budismo: la práctica de shikantaza, la meditación sentada sin objeto y, por lo tanto, más allá de los pensamientos condicionados por las diferencias culturales.

Zazen actualiza la naturaleza de Buda común a todos los seres. Aunque todos somos diferentes por nuestro karma, en la Vía no hay Oriente ni Occidente: solo la naturaleza real de la existencia, compartida por todos los seres. Cuando lo realizamos, esto se convierte en una fuente de sabiduría y compasión. Nuestra energía es estimulada. Todas las acciones de la vida diaria se convierten en la actualización del despertar (dotoku) y esta vida recupera su significado profundo.

1.-Experiencia de no dualidad.
La práctica del Dharma supera las dualidades en las que encerramos el pensamiento dualista de la mente ordinaria apegada al yo y al mío.

-Unidad de cuerpo y mente:
  En zazen, concentrándose en la postura del cuerpo, la mente se convierte en ese cuerpo totalmente sentado y ese cuerpo se convierte en el verdadero cuerpo: shin jitsu nintai.
En la vida diaria, cada acción, realizada con total atención, es una oportunidad para olvidarse de uno mismo (shinjin datsu raku) y actuar naturalmente al servicio de los demás, manifestar solidaridad y, por lo tanto, estar en armonía con lo que somos en realidad.

-Unidad sujeto-objeto:
El yo y todos los seres no están separados. Vivir exclusivamente como un individuo separado crea una falta, una frustración que impulsa la codicia. Pero nada puede reemplazar el despertar espiritual, la realización de la verdadera naturaleza de nuestra existencia.

-Unidad del ser humano y la naturaleza:
El ser humano creía que su vocación era hacerse dueño y poseedor de la naturaleza, olvidando que él era parte de ella. Los problemas medioambientales solo se pueden resolver realizando la totalidad sin separación entre uno mismo y todos los seres: este fue el despertar de Shakyamuni. Ser ecologista es amar a la naturaleza como a uno mismo y recuperar una mirada poética sobre la existencia. Respetar la naturaleza en uno mismo y alrededor de uno mismo, detener los despilfarros y los deterioros que resultan en consecuencia. Esta revolución interior es mucho más efectiva que todos los decretos.

2 / La práctica del Dharma permite encontrar la fuente de los preceptos y de los demás paramitas como expresión de la naturaleza de Buda.

-La realidad "tal cual es": dolorosa, impermanente, sin sustancia perturba la necesidad del ego humano de justificar su existencia, como si vivir no fuera suficiente: debemos redimir la "culpa" de haber nacido.

-Si Dios no existe, la vida no tiene sentido: esa sensibilización provocó la crisis del nihilismo del siglo XX. El budismo responde con una teleología de salvación a través del Despertar. Este despertar, que constituye la esencia del budismo, tiene varios aspectos: el despertar de los arhats, que alcanzan la liberación del ciclo del samsara a través de la práctica de las cuatro nobles verdades; el despertar de prattiéka a través de la comprensión de las doce causas interrelacionadas y el despertar del bodhisatva por la práctica de las  seis paramitas. Pero estos tres enfoques son solo medios hábiles para realizar la iluminación suprema de Buda, que está más allá de toda dualidad, como el yo y los demás, el presente y el futuro, el significado y el sinsentido. Se puede vislumbrar en la práctica pura de shikantaza (O zanmai).

-Zazen es el acto absoluto (ippo gujin) que elimina la cuestión del sentido de nuestra existencia: hishiryo está más allá de todos los por qué (¿y para qué?). El sinsentido de la práctica responde al sinsentido de la existencia. Shakyamuni haciendo girar la flor está más allá de todo significado. La sonrisa de Mahakasyapa expresa esta liberación y las respuestas de Boddhidharma a las preguntas del emperador la transmiten hacia el este.

El corazón de la enseñanza del Maestro Deshimaru fue Mushotoku y él  bien merece el nombre de Bodhidharma de los tiempos modernos. Practicar sin esperar ningún mérito es el gran mérito de la práctica. No conocerse a uno mismo es un gran conocimiento: el nacimiento del verdadero Ser que incluye a sí mismo y a los demás.

Rendir homenaje todos los días a los Tres Tesoros sin apegarse a ellos ni siquiera para practicar las cuatro nobles verdades: vivir el vacío infinito como nada absolutamente sagrado, alegremente.
Los-las practicantes del Zen son los seres humanos de immo: ellos no tiene nada que agregar a la realidad tal como es: su práctica es la aceptación, su vida es un sí que incluye el no: ¡la aceptación de no poder  aceptar a veces no volver a ver la luna de otoño!

Su práctica hace que los preceptos sean inútiles porque no se puede cometer ningún mal cuando la conciencia se vuelve empática. (shoaku makusa).

Por lo tanto, ya no es posible matar, robar, mentir, intoxicarse, ser codicioso, creerse superior y despreciar a los demás. Los tres tesoros son, de forma natural, respetados y protegidos.

Roland Yuno Rech