lunes, 19 de agosto de 2019

Encuentro zen en León 20-22 de septiembre de 2019



El trashumante inmóvil,
en la plaza del mercado.
Las casheras y casheros
que venden sus productos,
le llaman por su verdadero nombre de caminante.

Taishin

Avanza el verano.
Y ya llegando a la septiembre, como dicen en nuestras tierras, la organización del “nuevo curso zen”:
Para comenzar, el día 7 de septiembre a las 10 horas, comenzaremos la práctica en el dojo con un samu general. 

Tras el cual practicaremos zazen sedente, seguido de una valoración de las actividades realizadas el curso 2018-2019, y la preparación, organización del curso 2019-2020.
 (Si tenéis alguna sugerencia, ya nos la haréis llegar a zennavarra@yahoo.es
para que la tengamos en cuenta.)
A continuación, aperitivo autogestionado.

A FINALES DE SEPTIEMBRE,  los días 20, 21, 22, tenemos un encuentro en León con Antonio Taishin Arana.

El día 20 viernes a las  19,30 en el dojo de León, Suero de Quiñones 17, 1º D, tendremos una charla sobre: “Meditación zen y vida diaria” tras la que nos hospedaremos en el Albergue de Ada en Reliegos, a 25 km. de León. ( Pedro Pereiro es el que lo lleva) .

El sábado 21, la sesión será de 9,00 horas a 14 horas con práctica de zazen, introducción, teisho, mondo, ceremonia…
Y tras la comida, volveremos a Reliegos, allí habrá samu-preparación de la cena y costura.
Tras la cena, práctica de zazen.

Domingo 22: Zazen 7,30-9 horas. Desayuno. Paseo meditativo por el encinar de Reliegos.
11,30-13 zazen. Seguido de samu-costura y comida.
A la tarde turisteo por León con “guías locales”.

APORTACIÓN: 60 euros, salvo la comida del sábado.

INFORMACIÓN-INSCRIPCIÓN:
: Tél TEL: 691153014
zensotoleon@gmail.com 

NOTA: Desde Pamplona, hay un tren que sale a las 13, 15 el viernes hacia León y otro de vuelta el lunes a las 10,44 horas desde León.
Se puede volver el domingo.

viernes, 16 de agosto de 2019

Ante la transitoriedad de la vida: Platón y Buda

                                                            Fuente: Instituto europeo de artes y humanidades.



                                             ANTE LA TRANSITORIEDAD DE LA VIDA:
                                                              PLATÓN Y BUDA
                                          
Todas las culturas, religiones… han visto claramente la fugacidad y transitoriedad de la vida, y dicha transitoriedad ha despertado las conciencias de una u otra forma. A lo largo y ancho de este mundo y en las diferentes épocas de la historia se han desarrollado diferentes teorías, posturas, religiones o filosofías para responder a este hecho evidente.
También es verdad  que de alguna manera, nos tenemos que proteger ante la fugacidad de la vida y olvidar de alguna manera que somos seres mortales, aunque sea para sobrellevar con mejor ánimo el paso por esta tierra, no sea que pensar tanto en la fugacidad nos lleve a la desesperación o a una depresión profunda. A menudo olvidamos dicha fugacidad, pero una cosa es olvidarla momentáneamente y otra muy distinta es desterrarla a las capas más profundas del inconsciente.
Nuestra tradición filosófica y nuestra visión del mundo, proviene principalmente de la antigua Grecia, que colorea toda la cultura occidental. Allá por el año 500 antes de Cristo, los primeros filósofos intentaron prescindir de los mitos religiosos para comprender la realidad de un modo racional, y pasaron su mirada de los mitos homéricos, a mirar a la naturaleza. Lo primero que se dieron cuenta es que todo cambia, todo es cambiante, y entonces empezaron a preguntarse sobre el ser de las cosas, ¿de dónde viene la vida?
Platón recogió todas aquellas preguntas sobre el ser, y muchas más. Platón se hizo todas las preguntas que un hombre puede hacerse, su legado y su influencia es inmensa, incalculable. Todo Occidente de alguna manera proviene de Platón. El filósofo ingles Whitehead llegó a  afirmar que toda la Filosofía europea no son más que notas al pie de página de Platón.
Platón no dejo prácticamente ningún ámbito sin tocar desde la ética, pasando por la política y por la metafísica. La filosofía de Platón es inmensa, pero lo que nos atañe en este artículo es la pregunta sobre el ser. Platón como el resto  de los filósofos y de los mortales vio la transitoriedad de la vida, de la naturaleza, de las cosas y de los seres, y pensó que todo de alguna manera está llegando a ser pero sin ser plenamente y pensó que sólo lo inmutable es de alguna manera verdadero. Para Platón la transitoriedad no era verdadera existencia.
Lo que verdaderamente es no puede estar sujeto a cambio, lo que no está sujeto a cambio es el verdadero ser. Platón creó la teoría de las ideas, donde los seres contingentes no son más que copias de un mundo más verdadero, y pleno que no está sujeto a cambio. El pensamiento de Platón de alguna manera tenía su lógica, porque sin Platón la ciencia no hubiera podido desarrollarse. Para Platón la ciencia era descubrir las leyes fijas que rigen el movimiento. Las figuras geométricas cumplían con la estabilidad perfecta, que podía permitir el conocimiento perfecto. Por ejemplo el teorema de Pitágoras no cambia, ni la naturaleza del triángulo.
Platón representaba también los elementos físicos, tierra, agua, fuego, aire, con figuras geométricas. Las matemáticas y la geometría cumplían perfectamente los cánones de la perfección, al contrario que la realidad siempre cambiante de los seres. Por eso imaginó un mundo perfecto allá en algún lugar transcendente fuera de este mundo.
Este pensamiento lo trasladó Platón, a todos los ámbitos, en lo religioso creó la teoría del alma, y de la reencarnación, inspirado por la filosofía de Pitágoras. En dicha teoría Platón concibe el alma humana como algo transcendente e inmutable, situada más allá de este mundo corruptible y de este cuerpo mortal.  Para Platón las almas humanas no crecen ni disminuyen, son siempre las mismas y hay tantas almas humanas como astros en el cielo. Nuestra alma humana es un astro que rige nuestro destino y que algún día, no se sabe por qué, cayó desde un mundo perfecto, a encarnarse en un cuerpo humano corruptible, y el anhelo del alma es volver y regresar a aquel mundo perfecto al cual debe su origen.
Así que si alguien desea buscar su alma deberá mirar al cielo estrellado, en una noche despejada, y allí en algún lugar del cosmos estará la verdadera patria platónica y el verdadero ser que no cambia. Mientras tanto tendremos que seguir nuestro viaje por lo corruptible tan buenamente como podamos.
Era la mirada del hombre antiguo al cosmos,  que creía que la tierra era el centro del universo,  pensamiento lógico sin duda teniendo en cuenta los medios de los que disponían. Habría que esperar a Copérnico siglos más tarde para descubrir que es la tierra la que se mueve alrededor del sol.
¿Pero es fijo el sol? ¿Cambian el sol y las estrellas? ¿Cambia el universo? Los descubrimientos en astrofísica nos dicen que las estrellas nacen, envejecen y mueren, que también están sometidas a la ley de la impermanencia, al contrario de lo que creía Platón y dando la razón a Buda quien dijo que no hay nada fijo, ni ninguna sustancia permanente. Por eso a pesar de Platón, si por un casual existe nuestra alma esta será cambiante, y sujeta a transformación, para bien de todos, porque sólo en la transformación y en la transitoriedad podemos encontrar verdadera liberación.
El Buda no se preguntó por el cielo por las estrellas y por el alma, ni por encontrar algo fijo, sino que debió hacerse está pregunta cuando por primera vez salió de su palacio y descubrió la enfermedad, la vejez y la muerte, en sus famosos cuatro encuentros, con el viejo, el enfermo, el muerto, y el monje. ¿Por qué la transitoriedad nos hace sufrir? Y ese fue el inicio de su camino.
Según el budismo la transitoriedad es el verdadero ser de las cosas, al contrario de Platón y el problema es  porque vemos en ellos un problema, el Buda transformó lo que en un principio era el origen del sufrimiento, en la fuente del despertar, es decir que la transitoriedad que tanto desasosiego nos produce, se convierte en la puerta de la liberación.
Nosotros en pleno siglo XXI podemos hacernos la misma pregunta que el Buda, y seguir también su misma práctica y realizar su mismo despertar, gracias a zazen y aquello del alma inmutable, eterna y fija que tanto consuelo dio a Platón, es posible que a nosotros no nos dé tanto consuelo, porque:  ¿qué vida podría albergar lo eterno, lo fijo, lo inmutable, lo que no está sujeto a cambio?
Eduardo Donin García