ROLAND YUNO RECH, DÉCIMA LUMINOSA PUERTA DEL DHARMA: LA CONSCIENCIA DE LA SHANGA
DÉCIMA LUMINOSA PUERTA DEL DHARMA
LA CONSCIENCIA DE LA SANGHA
“La consciencia constante de la Sangha, es la décima luminosa puerta del Dharma, ya que ella conduce inevitablemente a la verdad”
“Ser constantemente consciente de la Sangha conduce inevitablemente a la verdad”, es la décima puerta del Dharma en el sutra que evoca las ciento ocho puertas del Dharma.
Tradicionalmente, la Sangha budista está compuesta de cuatro tipos de miembros: los monjes, las monjas, los discípulos y discípulas laicas, nosotros diríamos los bodhisattvas hombres o mujeres. En su deseo de ayudar a todos los seres, sea cual sea su nivel de evolución y sus capacidades, el Buda dio enseñanzas adaptadas a cada uno, es decir, permitir a cada uno, a su ritmo, practicar la Vía. Por supuesto, él mismo era un monje, un shukke, y se dirigía más a menudo a los monjes porque los discípulos que lo rodeaban eran monjes, pero también pasó mucho tiempo enseñando a laicos.
Compartir bodaishin
La Sangha es el Tercer Tesoro con el Buda y el Dharma. Es un tesoro porque la Sangha es la comunidad de los que siguen al Buda y a su enseñanza, el Dharma, y se esfuerzan por actualizarla en su práctica y en su vida cotidiana y son así, los unos para los otros un espejo y, a la vez, un estimulante.
Lo que se comparte en la Sangha es bodaishin, el Espíritu del Despertar. Es lo que nos impulsa a venir a hacer zazen a la mañana al dojo, a romper nuestros hábitos, nuestro pequeño ego para practicar con los otros y compartir esta práctica juntos. El hecho de practicar con la Sangha, compartir la práctica con los otros, hacer el fuse de nuestro tiempo y de nuestra energía para que esta práctica continúe, es ya en sí, una práctica de Despertar pues dar, significa ya, soltar presa de nuestro egocentrismo, la tendencia a pensar siempre “yo primero”. Esto no quiere decir “los otros primero” como decimos a menudo, sino todos juntos, sin crear oposición o discriminación entre uno y los otros. Es tratarse a uno mismo como a los otros, como nos gustaría que los otros nos trataran y tratar también a los otros como a uno mismo. Esto implica la capacidad de soltar presa de nuestro punto de vista condicionado por nuestros hábitos egocéntricos y zazen nos ayuda a soltar presa de ese punto de vista limitado. Facilita la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, lo que es el punto de partida de la compasión y la benevolencia. Hay que poder ponerse en el lugar del otro para sentir su sufrimiento y sentir el deseo de ayudarle a remediarlo. Es preciso ponerse en el lugar del otro, también, para sentir lo que sería bueno para él, para ella, lo que le haría bien y así, ejercitar nuestra bondad.
La armonía de la comunidad
Practicar zazen nos permite tener una visión mucho más amplia, no permanecer encerrados en nuestras categorías mentales. Cuando estamos encerrados en nuestro pequeño ego, estamos como si viviéramos en el fondo de un pozo. Aunque miremos hacia el cielo, no vemos de él más que una pequeña parte limitada. Practicar zazen permite realizar un espíritu vasto, ver la verdadera naturaleza de todas las existencias y recibir su enseñanza, estar despierto a todos los fenómenos que encontramos. Zazen nos permite salir de nuestro egocentrismo y encontrar de verdad a los otros, sin prejuicios, ponerse en su lugar y tener compasión.
La compasión no es piedad, es un sentimiento activo. Nos conduce a querer aliviar el sufrimiento de los otros, reconfortarlos y, sobre todo, darles los medios para resolver su propio sufrimiento compartiendo con ellos la práctica de zazen y todas las enseñanzas de Buda que no tienen más que un solo objetivo: resolver el sufrimiento humano. Y así permitir llevar una vida feliz que no dependa de nuestras posesiones, de nuestra posición, sino de nuestra calidad de ser. Es esta calidad de ser la que permite formar una comunidad pues compartimos los mismos valores.
Para preparar la gen
mai, tomamos diferentes verduras, puerros, zanahorias, nabos, cebollas,
apio, arroz. Cortamos las verduras en pequeños trocitos, mezcladas y cocidas
juntas, luego revueltas con el arroz, y al final, todos esos elementos
diferentes forman la gen mai. Cada
uno tenía su propio sabor, pero finalmente, mezclados armoniosamente forman un
solo sabor: el sabor de la gen mai.
De la misma manera, la Sangha forma una comunidad armoniosa con un solo sabor,
el sabor del Dharma pues lo que nos
reúne es nuestro voto de practicar y de estudiar el Dharma de Buda, y es eso lo
que nos armoniza. Nuestra comunidad no es una comunidad separada y, mucho menos
opuesta, a los otros pues el Dharma de Buda que practicamos corresponde a un
voto universal del ser humano: ser liberado de las causas de sufrimiento y
llevar una vida feliz que tenga sentido.
Somos totalmente diferentes por nuestro karma, nuestra historia, nuestras características personales, nuestra posición en el Orden Cósmico, pero fundamentalmente, somos semejantes. Es lo que nos permite comprendernos a pesar de nuestras diferencias. Todos aspiramos a la paz y a una vida armoniosa. A partir de nuestra práctica de zazen, podemos crear medios hábiles para apaciguar los conflictos, contribuir a restablecer la paz, restablecer la armonía, más allá de nuestras diferencias. La Sangha es el lugar en el que podemos experimentar esto por la práctica en común, no sólo la práctica de zazen sino todas las actividades que permiten la vida en común, de manera armoniosa. Esto quiere decir que cada uno da su energía para permitir la existencia de esta comunidad, también su tiempo.
La Sangha actualiza la naturaleza de Buda
La Sangha muestra la Vía a cada ser humano para realizar l universalmente con todos los seres. Nos ayuda a soltar presa de nuestras particularidades, nuestros apegos y a estar en contacto con la verdadera naturaleza de nuestra existencia, que compartimos con todos los seres. A esta verdadera naturaleza, en nuestra escuela, la llamamos la naturaleza de Buda. El Buda no hacía aquí referencia a una persona en particular, sino al Despertar realizado, y no sólo por Shakyamuni. Como él mismo dijo, no hizo más que descubrir la antigua vía, y desde hace veinticinco siglos, la vía que el mostró, la que reveló, ha sido transmitida de generación de generación. Así, decimos que la Sangha es la presencia de Buda hoy.
En la época de Buda Shakyamuni, los practicantes, se reunían en ciertos periodos del año para practicar juntos la meditación, escuchar la enseñanza, hacer samu para mantener los lugares de la práctica y cuidar los unos de los otros. Entonces, esto ocurría durante los tres meses de la estación de las lluvias. Ahora, esto ocurre cuando tenemos vacaciones. La periodicidad es diferente, las formas suelen ser diferentes, pero el espíritu es el mismo. Es el espíritu de fe, en el sentido de una confianza profunda en el hecho de que, cada uno de nosotros puede despertarse a la verdad, y por su propio despertar, su propia experiencia, contribuir al despertar de los otros pues, el mismo corazón, la esencia misma de la experiencia del despertar, es la experiencia de nuestra no separación de todos los seres. Por tanto, el despertar no puede tener lugar más que con los otros. Debemos realizar el sí mismo, pero no podemos más que querer compartirlo con los otros. Y esto es posible, pues a verdad que hay en nosotros y que compartimos todos los seres tienen la misma naturaleza y despiertan por la propia naturaleza de Buda. Lo que podemos transmitir es la confianza en la posibilidad de hacer realidad esto, y el camino: la práctica para realizarlo, es decir zazen, y la práctica cotidiana en armonía con zazen, es decir, cada cosa practicada con una gran atención y realizada como un servicio rendido a la comunidad.
Incluso cuando cuidamos de nosotros mismos, es para darnos la capacidad, la energía para poder ayudar mejor a los otros. Lo que recibimos, es decir, todo, porque lo hemos recibido todo, empezando por la vida, lo compartimos y volvemos a dárselo a los otros. Y así, actualizamos la naturaleza de Buda, nuestra verdadera naturaleza que es estar totalmente en interdependencia con todos los seres. La gran enfermedad de la sociedad actual es el individualismo excesivo, con mucho egocentrismo a causa del no Despertar, a causa de la ignorancia y de la ilusión, que se convierten en causa de todo sufrimiento. Los que siguen el Dharma de Buda comprenden esto, trabajan para liberarse y así, contribuyen a ayudar a los otros a liberarse. Esta es la función de la Sangha, que tiene vocación de ser universal. Para actualizarlo en la vida cotidiana, para hacer real este despertar, es preciso ser consciente no sólo de nuestras diferencias, sino de lo que tenemos de semejante y que juntos compartimos. Es lo que llamamos la sabiduría y que es lo que permite una auténtica compasión. Y es lo que, cotidianamente, hacemos voto de realizar por el bien de todos los seres. Deseo que este voto continúe acompañándonos e iluminándonos en nuestras vidas cotidianas y que, así, la práctica no cese jamás.
El espejo de la Sangha
El sutra dice que ser constantemente consciente de la Sangha, conduce inevitablemente a la verdad, sólo porque la Sangha está incluida en la práctica del Dharma, y el Dharma es la verdad a la que Buda se despertó y a la que cada uno de nosotros puede despertarse practicando juntos: la verdad de la impermanencia, de la interdependencia de nuestra existencia con todos los seres, la verdad de la causa del sufrimiento que es el apego, la verdad de la posibilidad de liberarse de él que es el soltar presa. Si la Sangha es también un factor de verdad y si nos conduce inevitablemente a realizarla, es que es un espejo, evidentemente a veces deformante pues cada uno en la Sangha tiene también su propio ego, su propio punto de vista; pero un espejo de todos modos generalmente es muy útil para verse uno mismo más objetivamente que lo hacemos de habitual, cuando tenemos tendencia a ser complacientes con nosotros mismos o a rehusar ver nuestras propias sombras, a disimularlas, no solo ante los otros sino ante nosotros mismos.
Y para que la Sangha sea verdaderamente un espejo, es preciso que cada uno practique con atención, energía y benevolencia, en particular absteniéndose de criticar a los otros a sus espaldas, pero permitiéndose hacerlo cara a cara con bondad, si pensamos que eso puede ser útil para la persona y ella nos pregunta. Esto debería ser así si de verdad tenemos bodaishin, el deseo de profundizar nuestra práctica de la Vía, de aceptar cuestionarnos, soltar nuestros malos hábitos y armonizarnos cada vez más profundamente con nuestra verdadera naturaleza, la naturaleza de Buda.
Así el Buda, el Dharma, la realidad última a la que él despertó, y la Sangha, la comunidad de los que comparten la misma práctica de ese Dharma, forman realmente Tres Tesoros, lo más precioso que hay en nuestra vida, que merece ser, no sólo respetado, sino desarrollado en la práctica.
Roland Yuno Rech
Traducción y libros completos disponibles en :
Dojo zen Genjo Pamplona/Iruña

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