Roland Yuno Rech, La conciencia de la sangha como puerta del despertar (Continuación)

     Mari Jóse Rekalde

 

CONTINUACIÓN DE LA DÉCIMA PUERTA:

LA CONCIENCIA DE LA SANGHA COMO PUERTA DEL DESPERTAR

 Extender la Sangha a todos los seres

Es el mérito de la Sangha lo que facilita esta práctica del Despertar a lo cotidiano, pero no hay que limitar la Sangha a la comunidad de los que vienen a practicar al dojo. Por supuesto que, en la base, es sobre todo, esta comunidad con la que compartimos nuestra experiencia de la práctica. Pero, cuando somos discípulos de la Vía de Buda, es importante testimoniar esta experiencia del Despertar alrededor de nosotros y, para empezar, en nuestra familia, en nuestros próximos y así, alargar el círculo de la Sangha pues, en el fondo, todos los seres tienen vocación de despertarse pues todos los seres son la naturaleza de Buda.

Para servir a los propios padres, para ayudar a los hijos a desarrollarse es preciso aprender el cariño, el amor desinteresado hacia todos los seres y para vivir concretamente este amor desinteresado, es preciso abandonar nuestro egocentrismo, nuestros deseos egoístas, de forma que creemos armonía en el seno de la familia, de nuestros próximos y, de próximo a próximo en la sociedad. Dicho de otra forma, hay que evitar oponer la vida de familia o la vida social en general y la vida en el zen, en la Sangha, en la comunidad de los discípulos de Buda y mejor extender ese sentido de comunidad a todos los seres. Ese es el interés que hay en practicar la Vía en la vida cotidiana, en la vida social, sin convertirnos en reclusos encerrados en los monasterios. Por el contrario, es más difícil. Hay todo tipo de causas de distracción, de dificultades en la vida material que hay que superar, que chupan energía, tiempo, que acaparan nuestra mente.

Entonces es tanto más importante recordarse que, todo lo que nos llega, de la mañana a la noche puede ser la ocasión de practicar la Vía, de dar un paso adelante en su realización. Es lo que en el zen llamamos el Genjo koan, el koan es decir la realidad que se actualiza en todos los fenómenos, a condición de estar atentos a lo que pasa en uno mismo y en la relación entre uno mismo y los otros, el mundo que nos rodea. Y la práctica de zazen nos ayuda a estar más atentos, menos distraídos por nuestros pensamientos. Así, el ideal es practicar zazen cada día, particularmente a la mañana y después recordarse lo que es la esencia misma de la experiencia de zazen en todos los aspectos de la vida cotidiana, y así vivir plenamente y sin nostalgias una vida despierta

Los discípulos de Buda realizan el despertar aquí y ahora

Ser un discípulo de Buda, es recordarse siempre la verdadera significación de la práctica, su dimensión espiritual, no dejar que se transforme en técnica de bienestar psicosomático y recordarse que todas las enseñanzas y todas las prácticas en el budismo zen, como en todas las escuelas budistas, tienen por sentido realizar el Despertar, no sólo, como para muchos budistas, al final de un largo caminar que puede tomar muchas vías, sino aquí y ahora, en la práctica justa, que es el punto esencial de nuestra escuela Soto y de la enseñanza del Maestro Dogen.

Las prácticas, y en especial zazen, no son medios para llegar a despertarse más tarde tras numerosos esfuerzos, sino que son, en particular zazen, realización del Despertar aquí y ahora, siempre que se practique de manera justa, es decir, no esperando un resultado más tarde, un Despertar, un satori en el futuro, sino absorbiéndonos totalmente en la práctica de aquí y ahora abandonando el espíritu de discriminación, no creando dualidad, y para ello, estando totalmente concentrado en el cuerpo y en la respiración.

Este era el punto esencial de la enseñanza del Maestro Dogen. Desde el origen, en el Fukanzazengi, decía que el zazen no es un aprendizaje de la meditación, sino la práctica realización, en una palabra, de un Despertar perfecto. En lo que concierne a los discípulos laicos, los bodhisattvas, y que en nuestros días no son muy diferentes de lo que son los monjes; es decir que practican sin abandonar en mundo social ni la familia, es importante recordarse que, aunque vivamos en el mundo social, familiar; no deberíamos apegarnos a ellos demasiado, lo que no quiere decir no amar a la familia sino amarla de una forma profundamente espiritual, es decir, deseando el Despertar de cada uno, no contentándose sólo con  desear satisfacer los deseos ordinarios de cada uno. Vivir en el mundo social sin apegarse demasiado, es recordarse que todas las cosas son impermanentes y, finalmente inasibles y que el apego es la causa principal del sufrimiento pues, finalmente, no podemos conservar eso a lo que estamos apegados. Así, la inquietud por perder aquellos a los que amamos, la cólera por no poder obtener aquello que deseamos son las principales causas de sufrimiento.

Cuando comprendió esto, el Buda decidió transmitir la práctica que permite verdaderamente la liberación, el soltar presa, el no apego, lo que no quiere decir el no amor sino el no amor egoísta. El apego es, en el fondo, amarse a uno mismo; estamos apegados al otro por lo que nos aporta. En la práctica del zen es a la inversa. En nuestra relación con el otro, con los otros en general, estamos más preocupados con lo que podemos aportarles, darles, compartir con ellos, con ellas. Así, las relaciones humanas que, a menudo, son fuentes de conflicto, de apego, de sufrimiento, se convierten también en ocasión de practicar la Vía, lo que hace que, sin tener que retirarse de lo social ni de la familia, todos los lugares, todas las circunstancias son buenos lugares, buenas circunstancias para practicar y despertarse.

 

Roland Yuno Rech

Traducción Dojozen Genjo Pamplona/Iruña

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