Sin separación, Artur Shogyo Duch , sesshin de verano, Monasterio de los Agustinos-Marcilla 2016


 

SIN SEPARACIÓN

 Experiencias y enseñanzas compartidas.

A veces sucede que cuando queremos explicar pensamientos, vivencias o experiencias, sentimos a menudo que las palabras que utilizamos, no tocan la esencia de lo que realmente queremos decir. También nos sucedealguna vez que hemos tenido una experiencia especial, y nos gustaria compartirla con algún amigo, o con la família, pero cuando vamos a explicarlo nos damos cuenta de que aquel momento ya ha pasado, y ellos están ahora en otro momento, y al final no lo explicas porque no lo entendería , porque hay cosas que han de ser vividas para comprenderlas.

Casi todas les religiones creen en un creador, separado de su creación, y afirman que Él, es quien ha hecho y hace todas las cosas. Esto por ejemplo, pasa en el judaísmo, el cristianismo, el islam, y en el hinduísmo. En cambio, en el budismo se nos explica, que todos los fenómenos son el resultado de la ley de la causalidad. Siempre que hay un efecto, es porque ha habido una causa. Si la causa cambia, también hay un cambio en el  efecto. Si no hay causa naturalmente no hay efecto. Ningún fenómeno tiene una entidad propia.

Durante zazen, alguna vez aparece una calma silenciosa, un vacío que en realidad, es plenitud sin forma, no se busca nada, es reconocer una sensación de algo, que ya está en ti. Sentir que estás donde debes estar, es como estar en casa. Cuando nos dejamos caer, en el fondo de nosotros mismos, podemos intuir el sentido profundo de nuestra existencia. Debemos estar muy atentos.

Hay una bonita historia de un maestro zen con un muchacho que era su discípulo. Una vez el discípulo preguntó al maestro: maestro ,seguramente debe haber un camino más corto para llegar al despertar, ¿verdad?

El maestro respondia: ¡Sí claro!

El discipulo dijo: ya lo sabía, y ¿cuál es?

Pués atención -dijo el maestro.

El discípulo respondió:- Bueno sí, pero hay más, ¿no?

Y el maestro respondió: Sí; atención, atención, atención...

Démonos cuenta de que no estamos en el  universo, sino, ¡que somos universo!  Hay que experimentarlo por nosotros mismos. Porque si no todo esto que os explico, no nos sirve de mucho si sólo es una comprensión intel·lectual. Tenemos que comprender con todo el cuerpo y el espíritu.

Dos maestros zen muy ancianos, se encontraron para tomar un té. Cuando se vieron se hicieron gassho mirándose a los ojos y dibujando una leve sonrisa en los labios, se sentaron en el suelo. La maestra del té, les sirvió el té, bebieron tranquilamente, en silencio. Cuando terminaron se despidieron con otro gassho.

No se dijeron nada y nada quedó sin decir.

  El ego, no es una entidad, es un patrón de pensamiento repetido, y a menudo confundimos este patrón con quienes somos. ¿Pero quienes somos en realidad? La separación entre nosotros y el mundo, es una construcción mental; si observamos algo, nosotros y aquello que observamos, formamos parte de lo mismo. Lo que comemos, tanto si es un vegetal o un animal, vive en nosotros, porque nosotros vivimos gracias a ello.

Todo está interrelacionado, nada existe por sí mismo. Si yo no dijera estas palabras, vosotros no las oiriáis, sin nuestros padres tampoco estariamos hoy aquí, sin el aire que respiramos, ¿cómo podríamos vivir? 

En un cuerpo humano, los riñones, los pulmones, el corazón,... unos dependen de los otros, si todos funcionan correctamente el ser humano está sano. Me gusta pensar que todo el mundo es como un cuerpo humano. Así funciona todo.

 Todas las cosas son parte de otra gran cosa.

La vida es una experiencia, pero el ansia de querer más y no perder lo que tenemos, nos produce dolor, miedo y también ansiedad.

Cuando dejamos de forzar, la vida fluye.

El flujo natural de la vida no necesita  nuestra intervención.

Así como la  conciencia no nos pertenece, nosotros pertenecemos a ella.

Y ésta está presente desde antes de que empezara nuestra búsqueda como seres humanos.

Pero a veces sucede que el afán de encontrar, no nos deja ver que ya estamos aquí.

La búsqueda constante, puede convertirse en una huída disfrazada porque quien busca la iluminación con un objetivo, ya se ha alejado de ella.

Hay que practicar desde la atención, la sensación, la percepción, la intuición, y si se puede practicar con continuidad alguna actividad artística, esto también nos puede ayudar a desarollar la creatividad. Con esta pràctica continuada despertamos en nosotros la compasión, la empatia y el respeto hacia todo lo que existe.

La verdad no se tiene, solo se percibe, querer atrapar la realidad, es como querer coger el viento con las manos.  

 La realidad y la verdad,  también forman parte de la impermanencia, todo cambia, como la visión y comprensión de cada uno.

Y para terminar:

No podemos olvidar tres fuerzas que son universales:

La impermanencia.

La interrelación.

Y la interdependencia.

 

Artur SHÔGYÔ Duch. Julio 2026.

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