La razón poética y el zen, Eduardo Donin García

 


      LA RAZÓN POÉTICA Y EL ZEN

                                                                       El logos poético

La gran aportación de la filósofa María Zambrano fue la conceptualización de la razón poética. Para la filósofa malagueña, el filósofo busca un sistema, un pensamiento que pueda sistematizar la realidad. Frente al poeta que vive la vida, expresa sus vivencias sin buscar una razón a aquello que le ocurre. Para Zambrano, el logos tomo dos caminos, el del pensamiento y la Filosofía que más tarde se convertirá en Ciencia, y el de la poesía, que acabará siendo un camino más marginal.

María Zambrano en una obra temprana suya como fue “Filosofía y poesía” expresa la diferencia entre ambos logos. “la poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método”.  Ese doble camino del logos, que para Zambrano nacieron en lucha, se hicieron contradicción en el corazón de un solo hombre: Platón. Zambrano expone una curiosa interpretación de la obra de Platón, y del mito de la caverna. Para Zambrano, Platón fue un poeta frustrado, en su interior lucharon ambos logos, pero se decidió por la Filosofía por considerarla más verdadera. La Filosofía busca la verdad,  por lo menos en aquel entonces, y el camino de Platón rechaza y renuncia “el camino que lleva del simple encuentro con lo inmediato” Por eso en el mito de la caverna, el filósofo se desata y sale de la caverna, al encuentro del mundo de las ideas, de lo verdadero, de lo que es eterno y no está sujeto a cambio.  En el particular dualismo de Platón, el mundo inteligible, es el mundo verdadero, porque la idea puede ser atrapada por el intelecto, frente a las sombras y fugacidad de lo inmediato. Por eso según Zambrano, Platón, quería expulsar de la ciudad a los poetas en su imaginaria república, que tenía que ser gobernada por filósofos. El poeta narra su encuentro con lo inmediato, su encuentro con la fugacidad de las cosas. El poeta se mueve en el mundo de lo sensible, el filósofo en el mundo de lo inteligible.

La obra filosófica de Zambrano nos habla de esas necesidades que la razón no puede colmar. Para Zambrano el ser humano es algo más que un ser racional, la razón no puede colmar todo lo que el ser humano necesita. Ni puede definir todo lo que el ser humano es. Hoy en día podemos sustituir en la obra de Zambrano la palabra Filosofía por la palabra Ciencia, sin desvirtuar un ápice el pensamiento de Zambrano. La Ciencia no puede decir todo lo que el ser humano es, ni todo lo que el ser humano necesita.

Hoy podemos tener la tentación de querer una República a lo Platón pero gobernada por científicos. O pensar que el discurso científico es el único realmente válido en nuestra sociedad. Una república tecnológica, como ya la concibió también Francis Bacón, dominada por la ciencia y la racionalidad. Hoy vivimos gobernados por un sistema económico que pretende ser racional y válido, por una tecnología que nos permita dominar la vida de principio a fin. Sin quitar un ápice al valor de los avances científicos, la Ciencia no puede colmar todo lo que el ser humano necesita.

En último término el logos poético de Zambrano apunta a esa insatisfacción en la definición del ser humano como ser racional. Ese algo más que no puede ser definido, ni hallado por un método, o por un sistema de pensamiento.

El zen tiene más de logos poético que de logos racional. Frente a otras formas que ha tomado el budhadharma, o intentos como el Abbidharma intentando convertir el dharma de Buddha en un sistema. El zen nace a partir de la experiencia de la práctica de zazen, en un intento por volver a la raíz de  la enseñanza de Buda, que nace de la fuente de zazen.  Por tanto, sin dicho contacto directo con la práctica, todo lo demás es un “moverse por las ramas”, sin conocer la sabia viva que fluye desde la raíz.

Por supuesto eso no supone un rechazo a las palabras de Buda o de los maestros posteriores, pero dichas palabras sin la experiencia de zazen se hacen incomprensibles. La tradición se actualiza con cada practicante, en una simbiosis que une la práctica viva, del practicante de carne y hueso,  con las palabras, textos y enseñanza oral trasmitida, que sin ellas el zen dejaría de ser zen. El zen no carece de textos, ni de enseñanza oral.

El zen ha encontrado en la poesía en el logos poético, una forma de expresión donde  sencillez y profundidad se unen. Dentro del hilo de la tradición muchos han escrito poesía, como Dogen, Ryokan, o Santoka por citar algunos. Pero incluso aunque no se hayan dedicado a la poesía, la forma de expresión de la enseñanza tiene esa tendencia hacia el logos poético al cual alude Zambrano. Donde el logos se une a lo presente, a la presencia misma, de lo que es tal como es, en este preciso instante. Ya puede ser lo cotidiano más vulgar, un paisaje,  un sentimiento, o la propia muerte. Cualquier cosa cabe en un poema, sin necesidad de ningún credencial, o de proteger la propia imagen.

Así por ejemplo Dogen parece encontrar la libertad en el poema, donde puede expresar lo que siente sin tapujos, desde la espontaneidad del instante.

“Esta pobre cabeza de antaño,

¡una vez más en la necesidad!

Así es el lazo de los apegos.

Por favor tened lástima de

estas mangas de cáñamo.

 

 En el fondo zazen es como un poema, y cada instante, o la existencia misma es como un poema. Algunas veces los poemas se escriben.  Como decía Zambrano “la poesía nació para ser la sal de la tierra” porque este don de la poesía no es de nadie y  es de todos. Nadie lo ha merecido y todos, alguna vez, lo encuentran”.

 

Eduardo Donin García

Dojozen Genjo

Pampolna/Iruña 

 


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