DE LA SESSHIN DE PRIMAVERA EN EL NEGRE CON ARTUR SHOGYO DUCH Y CONSOL BOFILL
DE LA SESSHIN DE PRIMAVERA EN EL NEGRE
ARTUR SHOGYO DUCH Y CONSOL BOFILL
…Y llegamos a El Negre tras una hermosa pista de montaña de nueve kilómetros con la compañía de Keizan que me susurraba al oído, no te quedes en una montaña, en una indeterminada, en la tutelar, en cualquier montaña; los montañeros saben que detrás de un monte otro monte, detrás de un monte otro monte…y recitaba el hermoso regalo del Hannya Shingyo: gyatei gyatei , el mantra incomparable. Más allá, más allá… Hay una constante en las diferentes sesshines en que he participado y quizás en éste ha sido más evidente, y es la importancia del entorno, el lugar que nos acoge, “la casa”, el mismo dojo; como factores muy a tener en cuenta.
El Negre nos acogió, tras una pista de nueve km ascendente y luego descendente, en esta hermosa paradoja de ascender a lo profundo, de prepararnos para el abrazo del lugar.
Y tras los saludos la fluidez de la sesshin no es en silencio, pero somos respetuosos con el mismo: “Todo es leve en la montaña azul”. Y el don de la metáfora de Daichi hecha realidad allí, de cómo “el paso de las nubes blancas no perturban el corazón del cielo puro”.
Comenzamos con la presentación del encuentro a cargo de Artur Shogyo Duch zazen y Consol Bofill Feldenkarais y ambos el taller de pintura abstracta. La caligrafía que nos va a acompañar y sobre la que gira la sesshin es Mushin/ No-mente, el nombre de nuestra sangha. Mushin generalmente se traduce como no-mente. Esa mente que mushin niega, es el mental conceptual, el mental mono que montado en una bici fija pedalea sin parar con la intención de llegar a alguna parte.
Es preciosa esta capacidad del pensamiento de moverse por los tiempos, pero a la vez nos puede distraer del momento presente, haciéndonos viajar a un pasado que ya no existe o a un futuro que todavía tampoco existe y de estar forma alejarnos de la realidad del instante, la única realidad verdadera. Otra característica que añade mushin es superponer a la realidad lo “que hubiera debido ser”, negando la realidad tal cual es.” La consecuencia -nos dice Gérard Pilet- de esto es vivir cada uno en su mundo, en lugar de vivir en el mundo”. Mushin es abandonar el mental, abrirnos a la experiencia de aquí y del ahora, a la ahoridad del instante que en sí mismo es la realidad plena. Uno se da cuenta de que todo es en este instante, esta experiencia es mushin. El abandono de este mental y de sus categorías dualistas sobre la consciencia nos abre a un espacio ilimitado que nos permite “abrazar las contradicciones” como decía el maestro Deshimaru.
Mushin es nuestra naturaleza real en sintonía con el orden cósmico y de la que nos separa nuestro apego al mental y a nuestras diferentes categorías. Es el fin de nuestras referencias dualistas (me gusta -lo quiero, no me gusta-lo rechazo) o de nuestros juicios de valor, es realizar la visión justa. Ver la montaña tal cual es, como solamente montaña, sin nada que añadir.
Artur Shogyo comienza la presentación: “Nos sentamos en zazen, pintamos, nos movemos, sin aferrarnos a nada, sin ningún objetivo, sin dejarnos influir por nuestra inteligencia personal. Sin dejar que nuestros conceptos pasen por delante de la realidad de las cosas. Sin menospreciar los pensamientos que aparecen, pero sin aferrarnos a ellos” Mushin se desgrana desde el primer momento.
Tras la presentación de zazen, la mano de Consol Bofill nos ofrece la visión de la sesión de Feldenkrais: "En plena conexión con la totalidad de uno mismo prestando atención a cada gesto, a cada sensación a todo surgir se van liberando tensiones y bloqueos. Los movimientos lentos, atentos, nos muestran hábitos y fijaciones que hemos ido adquiriendo a lo largo de la vida y que nos impiden movernos con libertad. Vestimos una coraza que creemos protectora, pero que en realidad nos aleja de ser nosotros mismos. Cada sesión es como un viaje, se inicia en un lugar, se sigue un trayecto y cuando se regresa ya no se es él mismo, algo ha cambiado”. Acabará diciéndonos: “Cuando los límites se mueven, la conciencia se expande, la persona reencuentra su potencial y se reconoce lo que verdaderamente es “.
Posteriormente el enfoque de la creatividad a través de la pintura abstracta, la libertad de la mente, del gesto, del soltar en el mismo, del despojamiento en sintonía con Mushin, el lema de la sesshin.
Y comenzamos el primer zazen en el que se nos aparece la primera realidad, en El Negre, una antigua masía del siglo XV, mirar al muro, como en Chodoan, la Ermita de La Vía del Pájaro, no es una metáfora.
A la mañana siguiente comenzamos con ese leve encuentro en torno a un café. Y en el dojo, nos espera ya la estufa encendida desde hace un rato por Mark, muchas gracias, y ya se tiñe de calidez el día. Feldenkrais, media hora y el agradecimiento de mi cuerpo tras días de tensión, por la liberación que me ofrece. Sin salir del dojo continuamos con el zazen. Breve paseo para saludar en gassho a las montañas encabalgadas a lo lejos y abrazar en unidad su profundo latido.
Y el día se ritma, feldenkrais, zazen, pintura, zazen, feldenkrais pintura, zazen…Y se desgranan los kusenes de Artur Shogyo. “Todo es leve y profundo en la montaña azul”.
La invitación del godo es a no aferrarnos a nada, a soltar los apegos, a la práctica sin objetivo, sin meta, mushotoku, sin colocar nuestros conceptos por delante de la realidad lanzándonos a abandonarnos a la profundidad de la práctica, a soltar, a despojarnos, a depositar nuestros huesos a los pies de zazen y dejar que él haga zazen. Si nos abandonamos a la espiración, desgrana el godo, y dejamos que la inspiración nos llene en un armonioso vaivén, sólo queda un zafu vacío. El peso de una llama.
Aparecerá en sus palabras el recuerdo a la impermanencia, la crónica del desapego de la hoja de Francesc Miralles que cae suave, delicadamente posándose sobre la nieve. Ocre amarillo sobre blanco Y sigue cayendo polvo de nieve y la silueta de la hoja desaparece…solo queda el blanco y dice Miralles, en esta crónica de desapego, he comprendido la impermanencia. “En el vuelo descendiente de la hoja, he visto la película de mi vida”. Y nos susurra al oído en resonancia con ello el verso del Sutra del Diamante. “Si tu mente no permanece en nada, la verdadera mente aparece”, que hizo despertar a Hui Neng.
Y la invitación del godo a ir más allá, a actualizar mushin, esta mente natural, libre de pensamientos intrusivos, juicios, prejuicios, miedos, ansiedades en nuestra vida. Fluidez e intuición , espontaneidad en el momento. Práctica justa. Holomovimiento en y entre todos los miembros de la sangha, al unísono con las dedaleras, con el ciprés, el haya, el peral tutelar de El Negre, flexibilidad ante los vientos de la vida, para seguir su ritmo y nuestro propio y auténtico ritmo sin resistencia, sin endurecernos, sin quebrarnos, siguiendo el orden cósmico.
Mushin-Itsuo Tsuda“No busques la verdad en los sutras, en las palabras, los rituales, mira directamente en tu interior”. Esta invitación del kusen a vivir en el flujo, en el orden natural de la existencia, en plena corriente incierta de la vida.
Y tras estas palabras, nos visita Ikkyu:” Antes de dedicarse al estudio intelectual de los textos budistas y a recitar incansablemente los sutras, el practicante debería apreciar cómo leer los cantos de amor que envía la nieve, el viento, la lluvia. Solo estar atentos a su llegada, a la visita del cartero con estas cartas, a veces con formas que conmueven nuestro corazón en las manos abiertas de la escucha del encuentro”.
Y para acabar la caricia interior de Hui-Neng: “Así como una lámpara sirve para disipar mil años de oscuridad, un relámpago de sabiduría puede destruir mil años de ignorancia”. Sabiduría Shikantaza en cada momento de nuestra vida. Shikantaza en el dojo. Shikantaza al lavar los platos. Shikantaza al comer, al pasear.
Aprecié profundamente el acompañamiento, la frescura, la mirada limpia entregada al asombro del instante, de los dos niños y dos niñas que nos acompañaron. De las cartas que nos escribían, firmadas por el asombro ante los árboles, los gusanos, los bichos. el tejer de la amatxi.
Y de despedida la improvisación, la música, el glosat , el garrotín de los amigos de Cor de Carxofa y sus improvisaciones , mushin, en el abandono, el olvido de cada uno, en el deshacimiento del yo , el duende apareció al lado del fuego del hogar y de nuestros corazones y nos dejó con sonrisilla tonta al calor del fuego y de nuestros corazones . Y el Hegoak para acabar con su sencilla y profunda letra que nos conmovió en esa expresión del amor condicional.
“Si le hubiera cortado las alas, el pájaro no se hubiera ido, el pájaro hubiera sido mío, pero yo amaba al pájaro”.
Con lo que se queda en el tintero, solo me queda agradecimiento a todos los que la han hecho posible.
Antonio Taishin Arana
Dojozen Genjo Pamplona/Iruña








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