domingo, 3 de noviembre de 2019

Sobre el Samu


SOBRE EL SAMU

La rana nada.
Su estado:
pura entrega.

Buson


En el zen hablamos a menudo del gyoji, la práctica continuada, que se representa por el círculo de la vía, que es la imagen de nuestro dojo.  Práctica que impregna toda nuestra vida cotidiana, cada uno de sus aspectos, cada fenómeno de nuestra vida, sin ceñirse al momento de la postura sedente.

Uno de los aspectos es el samu, el trabajo para la comunidad, hecho en el espíritu del zen, el espíritu del despertar. Con un espíritu mushotoku, sin espíritu de obtención, sin esperar acumular méritos por ello, un don, fuse a la sangha, pura entrega, para permitir que la práctica se desarrolle en las mejores condiciones posibles.

A lo largo de la historia del zen, el samu ha tenido una gran importancia. Hyakujo, maestro chino del siglo VIII, insistió mucho en este punto de la práctica. Una anécdota célebre cuenta que cuando era ya muy mayor, sus discípulos le escondieron las herramientas para que descansara y no trabajara más. Hyakujo dejó de comer mientras no le devolvieran sus herramientas y dijo: “Un día sin trabajo, un día sin comer.”

El samu es el complemento, la otra vertiente del zazen al mismo tiempo que su continuación. Totalmente concentrados en el momento presente. Es como colocar un paso tras otro en la postura de kinhin, la marcha meditativa.

El zen no es una práctica abstracta, separada de las realidades diarias de cada uno. A través del cumplimiento de las tareas más ordinarias, el samu permite unir nuestra práctica de zazen con nuestra vida de todos los días en la misma actitud zen de cuerpo-mente concentrados en unidad, totalmente presentes a lo que hacemos y a la vez liberados y serenos en esa tarea del hacer en movimiento.

Keizan en una enseñanza de sus últimos años, “Palabras sobre el Dharma” comenta: “Hay dos caminos en la sabiduría, el primero es la mente del buda que saboreamos en zazen, el segundo es el de las actividades diarias, cuando uno no está sentado en zazen . Aquí tenemos la oportunidad del despertar a través de concentrar la mente en la actividad diaria, sin olvidar la mente de sentarse no siquiera por un momento”   
                        
En el Zen de las cosas (https://elzendelascosas.wordpress.com/), Jesús Reigosa talla una escoba a la que acompaña un texto, del que extraigo este párrafo, que podéis consultar de forma completa en la dirección antes indicada:

   El Budismo Zen considera que la escoba es uno de los emblemas del sabio, y representa el contacto con el mundo que acompaña necesariamente a la pureza de pensamiento.


    La escoba sugiere simplicidad mediante la eliminación de lo innecesario, el barrido de las ilusiones, anhelos y apegos que embotan la conciencia y hace alusión al vacío en el que pueden emerger de manera espontánea, posibilidades no previstas de Iluminación.

Y recuerda cuando Xiangyang (Kyogen) barría y despertó al oír un guijarro que golpeaba un bambú. 
No podemos descuidar la globalidad de nuestra práctica, se trata de llevar la vida de  cada momento, cada gesto, cada espiración hasta el final, tanto en la práctica sedente, como en el movimiento de la vida diaria.

Antonio Taishin Arana



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