miércoles, 28 de noviembre de 2018

Dejad que nazca el espíritu de la vía, Roland Yuno Rech


Dejad que nazca el espíritu de la vía
Kusen de Roland Yuno Rech | Sesshin de Grube Luise, 2008



Al empezar la práctica de zazen, a menudo observamos una mente que discrimina. Es decir, que distingue, que discierne cuál es la postura adecuada, quién se esfuerza por realizarla, quién observa sus pensamientos, quién distingue su carácter ilusorio e impermanente y se esfuerza por dejarlos pasar, quién se esfuerza por abandonar la mente cotidiana y alcanzar la mente de la vía. Esta forma de funcionar de la mente se llama shiryo.

 Shin, en sánscrito citta, es la mente que discrimina. Es el punto de partida del espíritu de la vía. Distinguir sin errores, desear acercarse a la verdad, es el punto de partida de la mente de buda. La constatación de que existe el sufrimiento, de que nuestra forma de vivir, de pensar, crea sufrimiento, es lo que da lugar al espíritu de la vía, el que quiere practicar la vía.

Pero para realizar esta vía hay que ir más allá de la mente que discrimina observando la vacuidad de toda forma de discriminación. Todos los polos de las dualidades están ligados a nuestras construcciones mentales.

 Las nociones de «yo», de otro, del bien, del mal, de la verdad, la mentira, la vía, la no vía, el satori, la ilusión, son producto de la mente que discrimina, la mente que funciona con palabras, conceptos, que solo existe como elemento diferenciado de todo lo demás. El propio ego está constituido de esta diferenciación del resto.

Por supuesto, esta diferenciación es necesaria para ser un individuo, pero si funcionamos solo con este modo de pensamiento, aparecen numerosos conflictos, tensiones y sufrimiento entre uno mismo y los demás e, interiormente, entre las ilusiones y la búsqueda de verdad. Al comprender internamente que todos estos polos solo existen en relación al otro, es decir, que no tienen existencia propia, autónoma, se puede relativizar y observar la vacuidad, su ausencia de sustancia propia. Toda esta observación es el producto de la mente que discrimina, pero permite distanciarse de este tipo de pensamiento.

 Así, al concentrarnos completamente en la postura del cuerpo, en la respiración, sin aferrarnos a los pensamientos, se puede experimentar otra forma de ser y de pensar. Es lo que se llama hishiryo.
Observar la vacuidad de nuestras fabricaciones mentales se llama fushiryo. Así se deja paso a otro funcionamiento que va más allá del pensamiento y del no-pensamiento, es decir, hishiryo: la mente que abarca todos los polos de todas las dualidades, la mente que supera todas las separaciones, todos los opuestos, percibiendo la realidad que hay más allá de eso. Es lo que se experimenta en la gran concentración del zazen, en el samadhi del zazen cuando dejamos de pensar exclusivamente con la cabeza y pensamos con todo el cuerpo.

 La mente que discrimina nos lleva a las puertas de la vía y para franquearla es necesario ir más allá de la mente que discrimina. No basta con observar que hay una vía adecuada, más allá de nuestra mente ilusoria, sino que hay que experimentarlo de forma concreta para superar nuestro modo de pensamiento habitual.

Cuando el cuerpo y la mente recuperan su unidad, se entra en contacto con la realidad profunda de nuestra existencia que funciona junto a todos los seres. La vía realizada es la vía de la unión con todos los seres. En ese sentido, la vía no puede realizarse en solitario, aunque entremos solos en ella, solo puede practicarse realizando nuestra unidad total con todos los seres. Por eso, el maestro Dogen decía: «Despertar a la mente de la vía, a bodaishin, significa hacer el voto de ayudar a todos los seres a cruzar para llegar a la otra orilla. Es el voto de compasión de todos los bodhisattva. Es la manifestación del espíritu del despertar realizado. »

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