sábado, 29 de diciembre de 2018

Año nuevo:De la alegría y del gozo - Roland Yuno Rech



DE LA ALEGRÍA Y DEL GOZO
Kusen del último zazen Moissac 2018

 Cuando inspiráis, sed totalmente un cuerpo-mente inspirando. Cuando espiráis, sed totalmente cuerpo-mente espirando. Cuando practicamos así, el mental se calma. Se calma la agitación y podemos sentir un sentimiento de paz y plenitud que nos llenan en este instante. Algo así como si hubiéramos errado en el desierto y encontrado al fin un oasis donde refrescarnos, donde beber. Y, este encuentro, este descubrimiento nos llena de gozo.

Me he dado cuenta de que la gente que practica zazen, incluso desde hace mucho tiempo, parecen desprovistos de alegría, incluso, a veces, como llenos de hastío. El hastío, es un gran obstáculo al despertar y, sobre todo, a la transmisión del despertar. Lo que quiere decir que es muy importante despertarse uno mismo, para que este despertar, que nos sobrepasa completamente, termine por irradiar a nuestro alrededor. Especialmente a través del gozo que emanamos. El gozo, es uno de los siete grandes factores de despertar enseñados por el Buda. A menudo, sólo retenemos de la enseñanza de Buda el sufrimiento y los remedios al sufrimiento. Precisamente, el hecho de que el sufrimiento tenga remedio y que podamos experimentarlo es una fuente de gozo, pero no hablamos de ello suficientemente. Es importante desarrollar esta capacidad.

Pienso que la gente que entra por primera vez a un dojo, si encuentra gente gozosa de practicar junta, sentirá la necesidad de quedarse. Si se encuentran con gente cansada, sin entusiasmo, no volverán. Esto se puede notar incluso en la forma de entonar los sutras. Nuestra manera de cantar expresa nuestra calidad de ser, así que hay que cuidar esto. Es importante que haya una adecuación entre lo que realizamos en zazen y lo que expresamos a través de nuestra actitud, nuestro comportamiento, nuestros sentimientos. Y si esa adecuación no se produce, es que hay un problema que hay que resolver, esto se convierte en un koan. Algo le falta a la práctica, algo que hay que remediar, no sólo por uno mismo, sino para el bien de los otros. Pues, fundamentalmente, somos interdependientes los unos de los otros. Es el sentido profundo del Despertar de Buda.

Esta interdependencia no es algo que haya que comprender mentalmente. Como ya he dicho esta mañana, todo el mundo puede comprender esto, en especial los científicos. Todas las ciencias, las ciencias humanas, las ciencias físicas trabajan para las leyes de la interdependencia, la causalidad. El Buda fue el primero en la historia humana en anunciar las leyes de causalidad. Pero comprender esto no es suficiente o es que no lo hemos comprendido suficientemente bien.

Normalmente, esto debe aportar una gran liberación con respecto a lo que dificulta nuestra vida, nos impide florecer, vivir gozosamente. Los monjes budistas tienen fama de alegres cuando son muy pobres, cuando viven en la mayor indigencia. Es porque están liberados de los apegos y todas las preocupaciones concernientes a su vida cotidiana. Han comprendido que lo importante en la vida, no es lo que tenemos, lo que poseemos, sino nuestra manera de ser. Nuestra manera de ser depende de nuestro estado de espíritu. Nuestro estado de espíritu puede cambiar de un instante a otro. En cuanto tomamos conciencia de una ilusión, de un error, es importante abandonar esa ilusión, ese error, de manera, una vez más, que no haya desequilibrio entre nuestra comprensión y nuestra realización.

Es, normalmente el sentido de la sesshin. Durante esta sesshin todo el mundo tiene una práctica fuerte. Había incluso un entusiasmo particular en levantar la mano para el samu, que es algo raro y que me ha gustado. Os deseo que continuéis profundizando vuestra práctica en esta dirección. La dirección que permite una verdadera apertura de corazón, pues el gozo provoca la apertura, el gozo irradia, el gozo es comunicativo. El gozo ayuda a los otros. Cuando estamos tristes nos recogemos sobre nosotros mismos. Cuando estamos alegres, estamos más expansivos, más vueltos hacia los otros. Tenemos necesidad de compartir, es el mensaje que quisiera transmitiros en este fin de sesshin.
El Maestro Deshimaru decía: “¡Sed felices! Es bueno para los otros, no es egoísta. ” Yo digo: “¡Sed felices, pero sed también alegres!” La felicidad es algo íntimo, el gozo es más expansivo. Los dos son importantes.

Y si tenéis dificultad para sentir gozo, preguntaros por qué, seguramente hay un error en algún sitio. Pero no digas que es, ¡porque eres consciente de los sufrimientos del mundo! Buda era totalmente consciente de los sufrimientos del mundo. Ese fue el punto de partida de su búsqueda, del Despertar, de Bodaishin; eso no le impedía estar siempre gozoso, sonriente. Pues había comprendido que los sufrimientos del mundo tienen causas que podemos remediar y que, el sentido de nuestra vida en particular, es poner remedio a esos sufrimientos, los nuestros y los de los otros y, sobre todo, transmitir el caminar, la práctica que nos permite a cada uno despertarnos a nosotros mismos y resolver las causas de nuestro sufrimiento. Es importante tener confianza en esto, confianza en la Naturaleza de Buda de cada uno que permite hacer realidad esto y por tanto transmitirlo.
También durante esta sesshin ha habido una gran calidad de silencio ¡Es raro en el dojo! Así habéis hecho realidad los puntos importantes de la práctica: la concentración en zazen, el silencio, el samu… Continuad así, no sólo en sesshin sino en vuestra vida cotidiana. ¡Y noos  olvidéis de estar alegres!

Roland Yuno Rech

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Karmelo Bizkarra nos invita a reflexionar sobre la salud.



 carta-abierta-hacia-un-futuro-de-la-medicina-integrativa-no-integrista-auto-gestion-de-la-salud-en-tiempos-revueltos



http://www.zuhaizpe.com/carta-abierta-hacia-un-futuro-de-la-medicina-integrativa-no-integrista-auto-gestion-de-la-salud-en-tiempos-revueltos/?utm_source=Pacientes+Zuhaizpe&utm_campaign=02d20e18c6-EMAIL_CAMPAIGN_2017_08_31_COPY_07&utm_medium=email&utm_term=0_2aa860d3d9-02d20e18c6-93598977

jueves, 6 de diciembre de 2018

Cómo el Buda llegó a la iluminación....


Buda del Tsunami, dojozen Genjo Pamplona/Iruña


 Os envío este enlace al blog pijamasurf,

para qie podáis gozar de su texto, 

en la celebreción del Despertar de Sahakyamuni Buda

 
https://pijamasurf.com/2017/05/la_preciosa_historia_de_como_el_buda_llego_a_la_iluminacion/

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Dejad que nazca el espíritu de la vía, Roland Yuno Rech


Dejad que nazca el espíritu de la vía
Kusen de Roland Yuno Rech | Sesshin de Grube Luise, 2008



Al empezar la práctica de zazen, a menudo observamos una mente que discrimina. Es decir, que distingue, que discierne cuál es la postura adecuada, quién se esfuerza por realizarla, quién observa sus pensamientos, quién distingue su carácter ilusorio e impermanente y se esfuerza por dejarlos pasar, quién se esfuerza por abandonar la mente cotidiana y alcanzar la mente de la vía. Esta forma de funcionar de la mente se llama shiryo.

 Shin, en sánscrito citta, es la mente que discrimina. Es el punto de partida del espíritu de la vía. Distinguir sin errores, desear acercarse a la verdad, es el punto de partida de la mente de buda. La constatación de que existe el sufrimiento, de que nuestra forma de vivir, de pensar, crea sufrimiento, es lo que da lugar al espíritu de la vía, el que quiere practicar la vía.

Pero para realizar esta vía hay que ir más allá de la mente que discrimina observando la vacuidad de toda forma de discriminación. Todos los polos de las dualidades están ligados a nuestras construcciones mentales.

 Las nociones de «yo», de otro, del bien, del mal, de la verdad, la mentira, la vía, la no vía, el satori, la ilusión, son producto de la mente que discrimina, la mente que funciona con palabras, conceptos, que solo existe como elemento diferenciado de todo lo demás. El propio ego está constituido de esta diferenciación del resto.

Por supuesto, esta diferenciación es necesaria para ser un individuo, pero si funcionamos solo con este modo de pensamiento, aparecen numerosos conflictos, tensiones y sufrimiento entre uno mismo y los demás e, interiormente, entre las ilusiones y la búsqueda de verdad. Al comprender internamente que todos estos polos solo existen en relación al otro, es decir, que no tienen existencia propia, autónoma, se puede relativizar y observar la vacuidad, su ausencia de sustancia propia. Toda esta observación es el producto de la mente que discrimina, pero permite distanciarse de este tipo de pensamiento.

 Así, al concentrarnos completamente en la postura del cuerpo, en la respiración, sin aferrarnos a los pensamientos, se puede experimentar otra forma de ser y de pensar. Es lo que se llama hishiryo.
Observar la vacuidad de nuestras fabricaciones mentales se llama fushiryo. Así se deja paso a otro funcionamiento que va más allá del pensamiento y del no-pensamiento, es decir, hishiryo: la mente que abarca todos los polos de todas las dualidades, la mente que supera todas las separaciones, todos los opuestos, percibiendo la realidad que hay más allá de eso. Es lo que se experimenta en la gran concentración del zazen, en el samadhi del zazen cuando dejamos de pensar exclusivamente con la cabeza y pensamos con todo el cuerpo.

 La mente que discrimina nos lleva a las puertas de la vía y para franquearla es necesario ir más allá de la mente que discrimina. No basta con observar que hay una vía adecuada, más allá de nuestra mente ilusoria, sino que hay que experimentarlo de forma concreta para superar nuestro modo de pensamiento habitual.

Cuando el cuerpo y la mente recuperan su unidad, se entra en contacto con la realidad profunda de nuestra existencia que funciona junto a todos los seres. La vía realizada es la vía de la unión con todos los seres. En ese sentido, la vía no puede realizarse en solitario, aunque entremos solos en ella, solo puede practicarse realizando nuestra unidad total con todos los seres. Por eso, el maestro Dogen decía: «Despertar a la mente de la vía, a bodaishin, significa hacer el voto de ayudar a todos los seres a cruzar para llegar a la otra orilla. Es el voto de compasión de todos los bodhisattva. Es la manifestación del espíritu del despertar realizado. »

martes, 6 de noviembre de 2018

Iniciación a la práctica del zen, 12 de noviembre 19 horas.

Dojo Genjo zen Pamplona
Plaza Monasterios de Navarra 7.
Más información en tfno 619680122
zennavarra@yahoo.es

BERNIE GLASSMAN: ¿POR QUÉ SIGO VOLVIENDO A AUSCHWITZ-BIRKENAU? , en homenaje...


Artículo publicado en : http://es.amor-fati.eu/blog-es





Este año vuelvo a Auschwitz-Birkenau una vez más. Voy casi todos los años. La gente me pregunta por qué lo hago. No se sorprendieron la primera vez que viajé a Polonia en 1994 para visitar el más grande de los campos de exterminio. He sido sacerdote budista zen y luego Maestro Zen por muchos años, y también soy judío, nacido en Brooklyn, cuya madre emigró desde Polonia. En noviembre de 2015, los Pacificadores Zen llevarán a cabo su vigesimoprimer retiro para atestiguar la realidad en Auschwitz con carácter global e interreligioso, y de nuevo estaré presente. En realidad mi presencia en el retiro no es necesaria. Un grupo de líderes y maestros de diferentes tradiciones religiosas van a estar allí. Entonces, ¿por qué regreso? ¿Por qué un Maestro Zen vuelve a Auschwitz-Birkenau una y otra vez? Los Pacificadores Zen, que mi exesposa Sandra Jishu Holmes y yo fundamos juntos, practicamos tres Principios Fundamentales: penetrar en lo desconocido al soltar nuestras ideas fijas; dar fe de la alegría y el sufrimiento; y llevar a cabo acciones amorosas.

En Auschwitz no es difícil soltar nuestras ideas fijas. El lugar en sí (con sus interminables cielos grises que cubren kilómetros de alambre de púas y un conjunto de instalaciones de exterminio en decadencia) es tan aterrador que siempre nos abruma, sin importar cuánto nos preparemos para la visita o lo mucho que hayamos leído o reflexionado sobre él. Incluso si has visto el museo repetidas veces, como lo he hecho yo, o has caminado con frecuencia por las interminables vías del ferrocarril que llevaron a tanta gente al exterminio, puedes contar con una cosa: tus expectativas, tus prejuicios, tus sistemas de creencia más básicos sobre el amor y el odio, el bien y el mal, serán aniquilados al llegar a Auschwitz.

De hecho, después de ver las interminables fotografías de los reclusos agonizantes y de las grandes pilas de sus pertenencias saqueadas por los nazis, después de visitar Birkenau y ver los restos de la meticulosa tecnología desarrollada en función del genocidio y el exterminio en masa, se nos paraliza el pensamiento completamente. Como han dicho los escritores y filósofos, no existen palabras para hablar de Auschwitz. Yo podría añadir que tampoco el pensamiento es posible. Estamos en el lugar del no-saber. Gran parte de la práctica zen y muchas técnicas utilizadas por los maestros zen pretenden llevar al practicante a este mismo lugar del no-saber, a soltar lo que sabe. Al caminar por Auschwitz y Birkenau, se detiene el pensamiento. Nos quedamos como atontados. Solamente podemos ver las interminables vías del ferrocarril bajo la nieve, sentir el frío glacial del invierno polaco en nuestras manos desnudas, el olor de madera podrida en las pocas barracas que quedan en pie y luego escuchar el nombre de los muertos.

Cuando atestiguo la realidad de Auschwitz, simplemente estoy atestiguando distintos aspectos de mí mismo. Sucede lo mismo cuando damos fe de la pobreza, la indigencia, el hambre y la enfermedad. Vemos cómo una parte de nosotros hace algo mientras otra parte de nosotros padece la acción.  

Siempre iniciamos sentándonos en un círculo grande alrededor de las vías del ferrocarril, donde estaba el puesto de selección, justo enfrente de los hornos crematorios. El sonido de un shofar (o cuerno musical hebreo) da inicio al período de meditación, y luego cuatro personas sentadas en puntos diferentes del círculo empiezan a cantar los nombres de aquellos que murieron en Auschwitz. Los nombres provienen de las listas oficiales compiladas por las SS y de otras que nos han proporcionado algunos participantes, en base a sus recuerdos propios, o de sus familiares y amigos. 

Todos cantamos los nombres por turnos: Elisa Sara Fein (10 de marzo 1907 – 8 de diciembre 1943), Heinrich Israel Feiner (8 de marzo 1878 – 2 de enero 1944), Markus Fejer (14 de julio 1925 – 19 de junio 1942), Rywa Sara Feld (5 de diciembre 1911 – 6 de diciembre 1943). Cada uno canta los nombres durante diez minutos y luego continúa la persona siguiente en el círculo. Las listas, como hemos visto, incluyen las fechas de nacimiento y muerte de las víctimas. Por eso sabemos que algunos eran de edad avanzada y otros eran niños pequeños. Pero al cantar no incluimos las fechas, sino solo los nombres: Lilly Ernst (9 de febrero 1939 – 17 de enero 1944), Hugo Fenyvesi (27 de octubre 1875 – 5 de mayo 1942), Sophie Ferko (15 de marzo 1943 – 21 de mayo 1944). Somos un grupo global, de modo que cantan voces estadounidenses, irlandesas, holandesas, italianas, alemanas, suizas, israelíes, polacas y francesas. Los nombres mismos provienen de una multitud de idiomas. A todos llega el turno de cantar. Los nombres resuenan en el gran círculo. A veces un nombre se parece al de un compañero de trabajo o al de un amigo. A veces la persona que canta hace una pausa: ha encontrado un nombre exactamente igual al suyo. Es que repetir nombres es como repetir historias. 

Cuando recitamos el nombre en voz alta, los huesos secos vuelven a la vida, huesos de hombres, mujeres y niños de toda Europa: nacieron, algunos crecieron, algunos se casaron, algunos tuvieron hijos, todos murieron. Sus nombres se convierten en nuestros nombres, sus historias, en nuestras historias. Esto es lo que pasa cuando damos fe de la realidad.


“Puedes haber visto lo que has visto sin convertirte jamás en testigo. Puedes haber visto el mundo entero sin haber jamás dado fe de nada. Te conviertes en testigo sólo cuando lo que miras se vuelve significativo para alguien – para ti mismo, por ejemplo”.
— PETER GROSZ
Peter Grosz, un ciudadano estadounidense que reside en la República Checa y que participó en uno de estos retiros, nos escribió recientemente (muchas de las personas que asisten envían luego cartas, artículos y anotaciones de sus diarios personales que describen sus experiencias). Al reflexionar sobre lo que significa dar fe de la realidad, escribió lo siguiente: “Puedes haber visto lo que has visto sin convertirte jamás en testigo. Puedes haber visto el mundo entero sin haber jamás dado fe de nada. Te conviertes en testigo sólo cuando lo que miras se vuelve significativo para alguien – para ti mismo, por ejemplo”. ¿En qué modo llegan a ser significativas las cosas? ¿Qué es este proceso de presenciar, de dar fe, más allá del simple ver? Cuando somos testigos de una situación, nos convertimos en cada aspecto de dicha situación. Cuando damos fe de la realidad de Auschwitz, en ese momento no hay ninguna separación entre nosotros y la gente que allí murió. Tampoco hay ninguna separación entre nosotros y los responsables de su muerte. Nosotros, como individuos, con nuestras identidades y estructura del ego, desaparecemos, y nos convertimos en la gente aterrorizada al bajar de los trenes, en los guardias indiferentes o brutales, en los perros que gruñen, en el médico que señala la derecha o la izquierda, en el humo y la ceniza que eructan las chimeneas. Cuando damos fe de la realidad de Auschwitz, somos todos los elementos de Auschwitz. No es un acto de voluntad, sino de desprendimiento. Lo que soltamos es el concepto de la persona que creemos ser. Por eso comenzamos por el no-saber. Sólo entonces nos convertimos en todas las voces del universo – la de quienes sufren, la de quienes causan el sufrimiento y la de quienes observan cruzados de brazos. Porque nosotros somos toda esta gente. Somos el universo.

Tras cinco días sentados en meditación donde estaba el puesto de selección, alternando con el canto de los nombres de las víctimas, muchos de los participantes, incluyendo los que no tenían ninguna conexión familiar directa con Auschwitz, se veían a sí mismos como quienes habían ido a la cámara de gas. Las madres sentían que estaban entregando a sus hijos a las cámaras de la muerte. Los hombres veían sus propios cuerpos convertirse en humo dentro de los hornos crematorios. Resultaba más difícil verse a uno mismo como el guardia que conducía la gente al suplicio. Uno de los participantes del retiro era un veterano de Vietnam. Se percibía a sí mismo como un guardia en lo alto de los puestos de vigilancia, apuntando el rifle hacia los prisioneros que estaban abajo, pero no fueron muchos los que pudieron verse a sí mismos de este modo.

La famosa oración de la unidad, el Shemá Israel, comienza con la palabra ‘escucha’: “¡Escucha, oh Israel, Yahveh es nuestro Dios, Yahveh es uno!” La unidad ciertamente comienza con la escucha, pero también la escucha comienza con la unidad. La ceremonia budista de los Pacificadores Zen comienza en un modo parecido: “¡Atención! ¡Atención! Al elevar la mente de la compasión, el Alimento Supremo se ofrece a los espíritus hambrientos en todo espacio y en todo tiempo, llenando la partícula más pequeña con el espacio más grande. ¡Escuchad! ¡Atención! ¡Sed testigos!” Esto no sucederá si quieres mantenerte alejado del dolor y del sufrimiento. Probablemente no sucederá si, como la mayoría de la gente, vas a Auschwitz, ves los objetos del museo y vuelves a los autobuses para escapar rápidamente. Cuando vengas a Auschwitz, quédate un rato y comienza a escuchar las voces de ese universo terrible – voces que no son otra cosa que tú mismo – y entonces algo sucederá.
 Photo by Peter Cunningham
Photo by Peter Cunningham
Durante uno de estos retiros, un hombre de ascendencia judía que vivía en Dinamarca se puso de pie una noche y habló de perdonar a quienes habían cometido tantas crueldades en Auschwitz. Un momento después se puso de pie nuevamente y añadió: “¿Y luego qué? Sí, perdonas, ¿y luego qué? ¿Allí termina todo? ¿O hay que hacer algo más?” Si realmente doy fe de la realidad, si me convierto en todas las voces de Auschwitz, entonces es a mí mismo a quien perdono, a nadie más. En cada momento veo que parte de mí está violando y parte de mí está siendo violada. Parte de mí está destruyendo y parte de mí está siendo destruida. Parte de mí pasa hambre y parte de mí come en exceso. Parte de mí está paralizada y parte de mí emprende una acción. En ese momento ya no tiene sentido permanecer en el lugar del remordimiento y la culpa, de la ira y la acusación. Cuando comienzo a darme cuenta de que todo es parte de mí, puedo comenzar a hacerme cargo de la situación. Cuando atestiguo la realidad de Auschwitz, simplemente estoy atestiguando distintos aspectos de mí mismo. Sucede lo mismo cuando damos fe de la pobreza, la indigencia, el hambre y la enfermedad. Vemos cómo una parte de nosotros hace algo mientras otra parte de nosotros padece la acción. Si nos dejamos atrapar por la ira y la culpa, nos quedamos paralizados, no podemos actuar. Cuando veo que todos estos demonios no son otra cosa sino yo mismo, entonces puedo comenzar a actuar. Entonces podemos comenzar a cuidar a los demás, que no es otra cosa sino cuidar nuestro propio ser.

¡Atención! ¡Atención! Al elevar la mente de la compasión, el Alimento Supremo se ofrece a los espíritus hambrientos en todo espacio y en todo tiempo, llenando la partícula más pequeña con el espacio más infinito. Todos vosotros, espíritus hambrientos de las Diez Direcciones, por favor venid aquí. Al compartir vuestra angustia os ofrezco alimento, con la esperanza de apagar vuestra sed y vuestra hambre”. 

En el budismo decimos que en cada momento estamos constantemente pasando de un reino del deseo al otro. Existe el reino del infierno y el reino de los dioses. Existe también el reino de los espíritus hambrientos. Una de las imágenes que usamos para representar a los espíritus hambrientos es la de una persona sumamente delgada, con la boca pequeña, el cuello largo y estrecho, y un inmenso estómago. El espíritu hambriento siempre tiene hambre, pero tiene una capacidad muy reducida de absorber los nutrientes que necesita. Voy a Auschwitz una y otra vez por esta razón: cada vez que vuelvo a ese enorme campo de concentración me doy cuenta nuevamente de que estoy lleno de espíritus hambrientos. Estoy lleno de apego, de ansia, de espíritus insatisfechos. Cada parte de mí que carece de paz, que está sufriendo, insatisfecha, enojada y sin encontrar la salida, es un espíritu hambriento. Un niño hambriento, un padre abusivo, una madre afligida que lleva a su hijo a la cámara de gas, un guardia brutal, un drogadicto que mata para conseguir su dosis, son partes de mí mismo que tienen hambre y que carecen de paz. Yo soy todos y todo, incluso soy aquellos que apartan la vista para no mirar.
Al final de la larga carta que me escribió, Peter añadió: “Auschwitz es un lugar sin Dios sólo para quienes lo ven como desprovisto de voz”. Se quedó cinco días, se dio cuenta de que Auschwitz está lleno de voces, y que todas le pertenecen. “¡Atención! ¡Atención! Al elevar la mente de la compasión, el Alimento Supremo se ofrece a los espíritus hambrientos en todo espacio y en todo tiempo, llenando la partícula más pequeña con el espacio más infinito. Todos vosotros, espíritus hambrientos de las Diez Direcciones, por favor venid aquí. Al compartir vuestra angustia os ofrezco alimento, con la esperanza de apagar vuestra sed y vuestra hambre”.