Pfesencia en lo que es , Patrick Pargnien enero 2026


                                                                         Jean Robert Gerard

 

TEXTO DE PATRICK ENERO 2026

La mayor parte del tiempo en nuestras vidas vemos las cosas solo parcialmente, porque solemos estar distraídos, preocupados por diversas preocupaciones, atrapados en una atención selectiva. Y todo lo que miramos, ya sea dentro de nosotros o a nuestro alrededor, lo vemos a través de la lente de nuestros prejuicios, nuestros condicionamientos, nuestras representaciones mentales. Por lo tanto, nunca observamos nada de forma completa. Estar atento, estar atenta, es abrazar todas las perspectivas de una sola mirada.

Cuando permitimos que la conciencia entre cada momento en nuestras vidas, podemos sentir hasta qué punto es difícil ver objetivamente, sencillamente mirar sin proyectar nada sobre ello. Por ejemplo, mirar un árbol, escuchar el canto de un pájaro, contemplar sin apreciar, sin crear mentalmente descripciones que den al observador la sensación de haber visto realmente; porque, en última instancia, no vemos este árbol, no escuchamos el canto de este pájaro, más que a través de una imagen, a través de una representación.

Es importante ver esto. Verlo, ser plenamente consciente de ello sin juzgarlo. Porque no es ni bueno ni malo. Es simplemente un hecho. Si lo vemos plenamente, sin juzgar, si lo vemos con bondad, sin intentar escapar de él, esta forma condicionada de ver, de comprender el mundo, puede transformarse. Ver, sencillamente mirar, requiere que estemos permeables a lo que es, que nos conmovamos profundamente, que nos dejemos conmocionar profundamente, para captar la realidad de lo que sentimos o percibimos, de lo que vemos, plenamente, en su totalidad.

 De la misma manera que es difícil observarnos a nosotros mismos sin la experiencia del pasado, sin todo el conocimiento acumulado. Sentarse, sentarse plenamente, ya sea en la postura de meditación sentada o en diversas actividades, es sencillamente estar presente en cada momento.

También es sentarse con la intención de ver lo que hay sin permitir que una identidad se cristalice o se fije.

Cuando no hay una identidad cristalizada y el sistema condicionado se desvanece, desaparece, podemos establecernos en este vacío y en aquello a lo que aspiramos profundamente: sabiduría, paz, alegría, amor; estas cualidades inherentes al ser pueden habitar en nosotros en su plenitud. Este vacío nos exige no entrar en combate, sino más bien movilizar intencionalmente toda nuestra energía y atención en cada momento. Estar plenamente presentes ante nosotros mismos, ante los demás, ante todo lo que nos rodea, para que nuestra vida no sea una mera sucesión de reacciones mecánicas.

Esta plena presencia es apertura. Esta plena presencia es acogimiento. Esta plena presencia es bondad. Esta plena presencia está libre de culpa por lo que debería o no debería ser, por lo que debemos o no debemos lograr.

El Buda recomendó implícitamente en sus enseñanzas que veamos las diversas situaciones de nuestra vida, las diferentes manifestaciones de los fenómenos que marcan nuestra existencia, como: «Esto no soy yo, esto no me pertenece, esto no es mi yo». Es la práctica de la no-apropiación, de la no- identificación, la que nos permite liberarnos de este condicionamiento, de esta creencia de que la felicidad, la alegría de ser, de vivir, dependen de acontecimientos externos. Que la felicidad y la alegría están condicionadas por otra persona, o por un acontecimiento o fenómeno que me gusta y con el que me he identificado, o, por el contrario, por la presencia de un fenómeno que me disgusta y con el que también me he identificado.

Mientras persista esta creencia —que la felicidad, la alegría de ser, de vivir, el amor— están condicionados por factores externos, no podemos experimentar lo que es tal como es; no podemos estar plenamente presentes a lo que es. No podemos simplemente «Ser».

La práctica de la Vía es levantar el velo. Quitar este velo de apropiación, de identificación. Quitar este velo que se ha tendido sobre la felicidad, la alegría, la paz y el amor, que no dependen de nada ni de nadie. Esta felicidad no es lo opuesto a la infelicidad, esta alegría no es lo opuesto a la tristeza, esta paz no es lo opuesto al conflicto, este amor no es lo opuesto al odio.

 Este es uno de los puntos esenciales de la práctica: dejar de buscar lo opuesto a... Lo único que, en última instancia, tiene gran poder para disolver estos velos es la presencia plena y total en lo que es.

Os deseo una hermosa práctica.

De corazón a corazón, Patrick

 

Traducción:

Dojozen Genjo Pamplona/Iruña

zennavarra@yahoo.es

www.zennavarra.blogspot.com

 

 

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