Coser un kesa o un rakusu, Eveline Kogen Pascual

 

Coser un kesa o un rakusu 

Kusen de Eveline Kogen Pascual – Cologne, marzo 2021

La misma atención que ponemos en zazen, la ponemos en la costura del kesa o del rakusu. Como la postura de zazen se hace excesivamente tensa si practicamos de manera inatenta por la excitación mental, o excesivamente relajada si estamos somnolientos y sin atención, las puntadas se tuercen y se desequilibran si no se les presta toda la atención.

Para coser un kesa o un rakusu, la versión pequeña del kesa, se necesita mucha concentración y paciencia. Es una excelente práctica para soltar presa con respecto a nuestras propias ideas. Es un fuse, un regalo, pues debemos dar algo de nosotros, nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra atención, para crear una vestimenta de liberación. El kesa encarna la práctica y el espíritu del bodhisattva. Su deseo, su único deseo, de ayudar a todos los seres a liberarse sin pedir nada a cambio.  Así, es también la vestidura de la compasión. La Vía de Buda no es una Vía de realización egoísta. No podemos recorrerla sin el espíritu de profunda compasión por todos los seres. Es la virtud del kesa evocar este espíritu en nosotros.

Buda Shakyamuni creó el kesa, la vestidura del despertar, de la liberación, la más noble de las vestiduras, a partir de trapos que ya nadie quería. Lo llevaba siempre para practicar. El kesa se convirtió en parte de él, se convirtió en su piel. Cuando transmitió la esencia de su enseñanza a su discípulo Mahakashyapa, le dio su kesa. El kesa, el objeto más próximo de él, el más familiar. Así, le dio una parte de sí mismo, la que recogía su experiencia. El kesa se convirtió en el símbolo de la transmisión.

El cuerpo que practica zazen lleva el kesa o el rakusu. El cuerpo que hace zazen con una confianza profunda es Buda, lo que significa ser completamente uno con zazen, en conexión completa con todo lo que nos rodea, con el universo entero. Es exactamente lo que hacemos realidad en la experiencia de zazen. No es nada secreto y elitista, todo el mundo puede hacer esta experiencia.

El kesa es el símbolo de zazen y de la conexión con el universo que hacemos vida por la práctica, pues lo cosemos nosotros mismos, lo llevamos, lo guardamos.

Coser un rakusu o un kesa no es fácil. Para un gran número de personas no es nada familiar coser a mano. Los principiantes en la costura no cesan de quejarse diciendo que tienen dos manos izquierdas. No están satisfechos de lo que hacen porque los puntos no siempre están alineados o no son regulares. Comparan su punto con los de personas experimentadas y se frustran porque encuentran que su punto no es suficientemente bello.

Si hablamos de la costura de un kesa, no hay “bien” o “mal” cosido. Por supuesto que algunas personas tienen más facilidad al utilizar una aguja y un hilo que otros, pero eso no es importante. Lo importante es hacer un esfuerzo sincero, poner todo el corazón, seguir atentamente las enseñanzas, igual que en zazen.

Un kesa no tiene necesidad de ser bello, debe estar hecho correctamente, lo mejor que podamos. No se trata de un adorno, ni de un signo de estatus, ni de un objeto de exposición. Expresa el espíritu puro, honesto y desnudo del que lo cose con sus manos, del que lo lleva, del que se lo pone durante su práctica. Es absurdo adornar un kesa con hermosos bordados o hacerlo en telas caras. Un kesa es desnudo, es humilde, como un espejo que refleja el verdadero espíritu del practicante.

¿Por qué razón deberíamos embellecer un kesa? Es bello si lo cosemos de corazón, si lo tratamos con cuidado, si nos sentamos con él en el zafu o si nos inclinamos en sanpai. Es completo, lo contiene todo, no necesita añadírsele nada, como no hay nada que añadir al espíritu abierto y sincero de zazen.

Un kesa, no se cose según un manual ni según instrucciones en You Tube. De esa forma no podemos transmitir el verdadero espíritu del kesa, igual que de esa manera no podemos asir el verdadero espíritu de zazen. Eso sólo puede hacerse directamente, de una persona experimentada a un principiante, i shin den shin, de mi espíritu a tu espíritu, de mi corazón a tu corazón. No se trata sólo de aprender un punto de costura y de ensamblar piezas de tejido, sino de una enseñanza del Dharma.

Un kesa, un rakusu, nos recuerda siempre la práctica. Dogen decía: “El kesa y la enseñanza del Dharma son una sola y única cosa.” Nos recuerda la promesa que nos hicimos en nuestra ordenación, los votos, el sutra del kesa, la sangha.

Por ello es importante no poner el kesa y el rakusu en un cajón o en un armario cuando no los estemos usando, deben estar claramente visibles en nuestra casa, formar parte de nuestra vida, porque encarnan los Tres Tesoros de Buda, del Dharma y de la Sangha, porque nos recuerdan que nuestro sí no se limita al ego, al espíritu ordinario, sino que va más allá.

El kesa nos recuerda que no practicamos sólo para nuestra propia liberación del sufrimiento, sino que la verdadera liberación no se produce más que cuando nos hacemos todos verdaderos bodhisattvas, cuando ayudamos a todos los seres sensibles a liberarse de su sufrimiento, cuando actuamos y pensamos con sabiduría y compasión, sin preferir, sin rechazar.

Esto puede parecer difícil, pero nadie debe hacerlo sólo. Teniendo confianza en el kesa y en la práctica de zazen, caminamos juntos en la Vía del Buda.

 

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