2ª PARTE -EL DON, ROLAND YUNO RECH

 


 Escultura Jesús Goñi

 

EL DON, SEGUNDA PARTE

Teisho de Roland Yuno Rech – Templo Gyobutsuji,  Niza, enero de 2021

Evidentemente Dógen recuerda en el Shishobo otras prácticas además de la del don propiamente dicho, que son: las palabras de amor, prestar ayuda y no separarse de los demás y es a eso  a lo que yo quería volver. No separarse de los demás, sino al contrario, compartir la condición de todos los seres. Ese compartir es también una forma de la práctica del don. El hecho de vivir en sociedad, en lugar de retirarse a la montaña, es verdaderamente volcarse en la vida social, en la vida con los demás y aprovechar todas las oportunidades que encontramos de prestar servicio y de ayudar a los demás. Por ello que el Zen ha sido siempre una práctica con los demás y para los demás, y por lo tanto en el mundo social, un mundo en donde no nos separamos del entorno.

Incluso diría más, ahora que se ha tomado conciencia de la importancia de proteger la vida de este planeta, es vivir de una manera ecológica. La ecología en su conjunto, es una práctica del don. Proteger a todos los seres vivos, no solo los humanos, sino también los animales, las plantas, el aire que respiramos, todo eso forma una parte de la práctica del don, que en la vida ordinaria es muy respetable, porque es proteger las condiciones de la continuación de la vida en este planeta. Pero en la práctica del Zen es más que proteger, es expresar, vivir la esencia misma del despertar que es sentirse en unidad con todos los seres y de actualizarlo, lo más que podamos, en todos los momentos de la vida cotidiana.

 En el don existen estos dos aspectos: es una práctica que permite renunciar, abandonando la avidez como uno de los venenos (como sabéis los tres venenos son  la avidez, el odio y la ignorancia: ellos resumen todas las causas del sufrimiento) y por lo tanto la práctica del don es el abandono de la avidez. Es la razón por la cual el don figura siempre  como el primero en la práctica. Pero al mismo tiempo, es también la actualización del despertar. Funciona en ambos sentidos; dar expresa el despertar y dar permite también el despertarse, de renovar constantemente nuestro despertar. Funciona  en ambos sentidos.

 Pregunta 1: Hablando del Pequeño Vehículo dijiste: «La idea es evitar renacer a causa del sufrimiento » ¿Es decir…?

RYR: Sí, es decir: buscar el terminar con esta vida sobre la tierra, ganando el nirvana que es la extinción del sufrimiento. La causa del sufrimiento es que vivimos en este mundo y por lo tanto, para la gente del «Pequeño Vehículo» existe esa idea de que la práctica del Budismo tiene por objetivo el alcanzar el nirvana, nirvana por el cual no se vuelve más a este mundo. En el Budismo se cree en general en los renacimientos. En el Zen la cuestión de los renacimientos no es tan importante. Podemos hablarlo y hacer de ello objeto de otra enseñanza, pero no es realmente importante. En el Zen estamos en el aquí y ahora. No nos preocupamos de los renacimientos, a pesar que ni los negamos ni los rechazamos. Con respecto al don, al contrario, el hecho de aceptar el renacer es una actitud fundamental del don, porque eso quiere decir que, de existencia en existencia, vamos a dedicar este cuerpo y esta energía que es la nuestra, para ayudar a todos los seres. Por lo tanto es el don fundamental; hacemos el don de nuestra propia vida.

 

Pregunta 2: A mí, a veces,  me gustaría retirarme a una cueva. ¿Tenemos que obligarnos a ir al dojo si no tenemos ganas de ir? Estoy cansada de prestar servicio, tengo la impresión de ser un trapo.

 RYR: Sí, pienso que hay que esforzarse para venir al dojo. Hablábamos de las seis paramita, entre las cuales la primera es el don y la segunda son los preceptos. Y justamente la tercera es el esfuerzo, el esfuerzo en tanto que energía que ponemos en la práctica, sobre todo la práctica con los demás. Evidentemente levantarse a la mañana y sentarse sobre el zafu en nuestra habitación, luego hacerse cargo de las ocupaciones, es mucho más fácil que coger el transporte público  o  venir a pie hasta el dojo para practicar. Por lo tanto, hay un esfuerzo muy claro y ese esfuerzo esta unido al don que se hace de nuestro tiempo, de nuestra energía para crear una atmósfera fuerte en el dojo.

En cuanto a la impresión de ser un trapo, sí, se pasa el trapo para hacer la limpieza, pero uno mismo no es el trapo, es aquel que hace samu. Pero el samu no debe convertirse en objeto de explotación. Aquí por ejemplo, se hace samu dos veces por semana y durante un cuarto de hora, lo que es poco comparado con el hecho que pasamos una hora y media en el dojo. Lo más importante es que el hecho de hacer samu es también un regalo para uno mismo, porque es el hecho de darse la posibilidad de prestar servicio a la comunidad y es por lo tanto un regalo. Pienso lo mismo, como lo dije hace un momento, respecto al trabajo (pero no siempre, porque hay trabajos que no generan un beneficio personal a los empleadores, como el servicio público, por ejemplo, las administraciones, etc.). Pero el hecho de trabajar es en sí una fuente de satisfacción. Por supuesto hay trabajos que son frustrantes: se los hace para ganar la vida, incluso si pudiéramos hariamos otra cosa. Pero justamente, el hecho de considerar el trabajo como un samu, transforma la relación con el trabajo. Eso hace que lo que puede haber de frustrante en el trabajo – el hecho de hacer algo que no es interesante, de perder tiempo y energía mientras que se podría hacer algo mucho mejor – ese hecho se anula de golpe, es transformado porque nos decimos que el trabajo que hacemos es una práctica del don. Según el estado de ánimo que se tiene relizandolo, el trabajo puede ser vivido como algo felíz, porque justamente es una práctica del don.

 Respecto también al problema actual del COVID, pienso que hay muchas oportunidades de practicar. Cuidar de los demás, respetar los «gestos barrera» por ejemplo, es también una práctica del don. Estar muy atentos a los demás, no solo para no contraer uno mismo el virus, sino también para no transmitirlo a los demás es una muy buena oportunidad de practicar. Las personas que van a trabajar a pesar de los riesgos que representa el trabajo a causa del contacto con los demás, también hacen un gran don a la sociedad, haciendo un trabajo vivido como un samu y un servicio, cuando en ese caso podrían muy bien pedir un certificado médico para no ir al trabajo.

Como sabéis la esencia misma de la práctica del Budismo del Gran Vehículo y del Zen es mushotoku, es decir practicar sin espíritu de provecho, entonces los méritos de zazen son inmensos. El Maestro Deshimaru había cofeccionado una lista de los diez grandes méritos de zazen. Son considerables y se los retornamos  a la comunidad, a los demás. Estamos contentos de poder dar esos méritos de zazen a aquellos que no practican, porque existe esa noción un poco sutil de la transferencia de los méritos. Se cree en eso o no se cree, pero yo sí creo. El hecho es que todo lo que se hace produce un efecto invisible, no es algo concreto, no es palpable, pero tiene un efecto cierto en el entorno en el que vivimos. Por cierto, en los lugares donde hay un dojo o un templo reciben la influencia de los méritos, y es una influencia muy positiva. Hay una influencia de la práctica.

Acabo de hablar de mushotoku, que es la esencia del Zen. Después de zazen cantamos el Hannya Shingyo, que es verdaderamente la práctica del don. Seguidamente proseguimos con los Cuatro Votos del bodhisattva que son también la expresión del don. En el fondo toda nuestra práctica no es otra cosa que la práctica del don. Es la razón por la cual es una práctica feliz, una práctica alegre, si se la comprende en ese sentido, obviamente. Y la razón de ser de un taller como el nuestro hoy es la de clarificar esto.

 Por cierto el hecho de sentir uno mismo la alegría de la práctica es algo comunicativo. Pienso que para las personas que frecuentáis, cuando volvéis de zazen, del dojo, si habéis sentido la alegría de la práctica, eso se siente y tiene un efecto calmante y reconfortante, incluso en la gente que no practica. Hay lo que se llama en el Zen kano doko. Eso quiere decir una forma de influencia de la práctica, que hace que tenga un efecto mucho más allá de la persona que practica.

Dogen dice a propósito de las relaciones causales del don, que esos efectos alcanzan incluso a las personas despiertas. En el fondo cuando se practica zazen, se practica un don que repercute incluso sobre un buda. Buda mismo recibe los beneficios de nuestra práctica. Es la fuente de nuestra práctica, él consagró su vida como un gran fuse, como un gran don y durante cuarenta y cinco años, se dedicó en ayudar a los seres a remediar sus sufrimientos gracias a la práctica que enseñaba. Pero al mismo tiempo, cuando se practica gracias a él, gracias a ese esfuerzo enorme que él hizo para transmitir su enseñanza, él mismo recibe los beneficios de nuestra práctica. Es quiere decir que hay un aspecto circular del don. Produce beneficios en aquellos que reciben nuestro don, pero el hecho de recibir el don vuelve a aquel que lo practicó, que lo enseñó. Dogen dice que incluso dar una sola frase, o un solo verso, que expresa la verdad, el Dharma, la enseñanza, es un gran don. 

Traducción Dojozen Genjo Pamplona/Iruña

 

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