La estabilidad de la práctica, Roland Yuno Rech (104 de Las 108 luminosas puertas del Dharma)

 

PUERTA 104 – LA ESTABILIDAD DE LA PRÁCTICA

                                           

“Cultivar la estabilidad de la práctica porque está de acuerdo con el Dharma”

La centésima cuarta puerta del Dharma, es la estabilidad de la práctica porque, nos dice el sutra está de acuerdo con el Dharma.

 La estabilidad de la postura

La estabilidad de la práctica, es en principio, la estabilidad de la postura de zazen. Esta postura se practica desde hace veinticinco siglos, porque nos aporta la mayor estabilidad en la postura sentada: la pelvis bien basculada hacia adelante, las rodillas presionan fuertemente en el suelo, el vientre relajado que permite tomar apoyo en los isquiones y el centro del perineo, que es un punto fuente de energía, como lo son los puntos que se encuentran bajo las rodillas.

Todo esto, nos enraíza en la tierra como un árbol., al igual que la verticalidad de la postura, el hecho de relajar bien los hombros y el vientre, y sobre todo, concentrarnos en ir más allá de cada espiración. Puede que, al principio, tengamos que acompañarlo de un esfuerzo consciente, empujar la masa abdominal hacia abajo, lo que permite estimular la zona de energía que llamamos hara, en el centro de los intestinos, lo que da una gran estabilidad, no sólo a la postura, sino también, a la mente y al corazón.

 

La estabilidad emocional

Cuando practicamos así, el mental se calma y el espíritu se clarifica, el plexo solar, el corazón, la zona de las emociones, también se pacifican. Y, aunque sintamos emociones durante zazen, a causa de los recuerdos que vienen a la consciencia, podemos acogerlas si ser perturbados por ellas. En la práctica, y de igual modo en la vida cotidiana la estabilidad emocional es algo muy importante. No consiste sólo, en suprimir las emociones, sino en no dejarse arrastrar por ellas, especialmente las emociones negativas como la cólera, los celos, el odio, que pueden conducir a acciones extremadamente peligrosas.

Poder atravesar los fenómenos de nuestra vida, ya sea que los revivamos durante zazen, o que los sintamos durante la vida cotidiana, mantener un cuerpo y una mente estables es algo que tiene mucha importancia de forma que podamos hacer frente a las situaciones, de la manera más eficaz y apropiada posible.

Las emociones son, a menudo, una señal interesante, nos indican que algo está pasando en nuestra interacción con el entorno. No hay que suprimirlas, sino poder mirarlas sin dejarnos arrastrar por ellas. Y, para ello, la estabilidad del cuerpo y de la mente procurada por la práctica de zazen es muy importante.

 El cuerpo y la mente como una montaña

A menudo, comparamos la postura de zazen con una montaña que puede ser atravesada por todo tipo de climas, cubierta de nieve, recorrida por las avalanchas, ráfagas de viento, tormentas eléctricas. En la montaña puede pasar todo tipo de fenómenos, pero ella, no se mueve, no se deja sacudir. Pasa igualmente en el dojo. Cuando estábamos en la avenida de Notre Dame, una tarde como esta tarde, de repente hubo un terremoto bastante fuerte. Todo fue sacudido. Sentíamos las vibraciones durante zazen pero nadie se movió.

El Maestro Deshimaru, durante las sesiones de zazen, recordaba siempre: No os mováis. No hablaba francés, pero, alguna palabra conocía: “¡No mover!” Esto no sólo quería decir no moverse con el cuerpo, sino también no moverse son la mente, permanecer en calma, atravesar los fenómenos sin dejarse perturbar por ellos.

 La estabilidad, en el sentido de regularidad en la práctica

La estabilidad de la práctica significa su regularidad. Hay gente que durante algún tiempo practica todos los días, luego poco a poco van dejando o, incluso desaparecen. Su entusiasmo no tenía estabilidad.

La estabilidad también quiere decir que, la práctica no depende de las circunstancias de la vida. Una vez que hemos decidido practicar, que nos hemos fijado un horario, un ritmo de práctica, mientras sea posible es preciso seguirlo. Pues si practicamos a la carta cuando las cosas ya no nos molestan demasiado, sigue siendo el ego el que dirige el zazen. Pero si somos capaces de seguir un horario que nos hemos fijado y, aunque en el momento de hacer zazen se presentan otras oportunidades, renunciamos a ellas. En ese momento, zazen se convierte en lo más importante. Es zazen el que dirige nuestra actividad. Ese zazen se hace fuerte y puede influenciar nuestra vida cotidiana. Se convierte en la quilla de un velero que evita que los vientos lo vuelquen. Y, sobre todo, cuando llega la hora de ir al dojo, si la práctica nos obliga a renunciar a alguna otra cosa que nos pudiera producir placer, la práctica regular que seguimos, nos ayuda a soltar presa de nuestras preferencias personales.Nos ayudará a encontrar una libertad superior que no consiste en hacer lo que queremos hacer, sino, en vivir en armonía con el Dharma, es decir, con nuestra verdadera naturaleza.

Por tanto, la estabilidad en zazen y la regularidad en la práctica, es lo que llamamos el gyoji, la práctica constante. Esto, también quiere decir que, la práctica no se detiene a la salida del dojo. La concentración de zazen y la observación clara de lo que pasa, continúa en la vida cotidiana y nos permite encontrar una gran estabilidad en esta vida. La estabilidad de la mente, permite abordar todas las situaciones sin temor, pues con esa confianza en nosotros mismos, sabemos que vamos a poder franquear  los obstáculos o evitarlos si es necesario, y que no seremos desviados por ellos.

Así, la estabilidad y la regularidad de la práctica dan una gran fuerza en la vida cotidiana. Por ello es una de las grandes puertas del Dharma, que permite vivir de acuerdo con él, es decir, superar nuestras preferencias personales, más o menos egoístas. En lugar de ser una restricción, como algunos imaginan, eso se convierte, por el contrario, en una gran liberación. La práctica de zazen no está ahí para contrariarnos, sino para liberarnos de nosotros mismos.

 

Ediciones Dojozen Genjo-Sustraia, Pamplona/Iruña

 

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