Entrar en la corriente de budas y ancestros, Eduardo Donin García
ENTRAR EN LA CORRIENTE DE BUDAS Y ANCESTROS
Dificultades actuales en la práctica de la vía
¿Se puede practicar la vía del Buda sin sangha? ¿Practicar sin sangha es practicar la vía de Buda? Si hacemos una reflexión más profunda sobre la sangha la podemos concebir, no como sólo un grupo de individuos, sino como el espacio que permite que exista la práctica, entendiendo espacio, no como un local, o una determinada franja de tierra, sino entendiendo dicho espacio como algo que nos precede, y que nos sobrevivirá.
De la misma manera que Nagarjuna afirmó en los fundamentos del camino medio, que “no hay ningún ente que proceda de sí mismo”. Nadie crea por sí mismo la práctica de zazen, sin la existencia anterior de la sangha. Es la sangha la que trasmite la práctica. Es decir, que la práctica sin el contacto ya sea directo o indirecto con una sangha es imposible. La práctica de zazen sólo puede darse en el devenir histórico de los que practicaron antes que nosotros, que en términos de budismo zen se expresaría de este modo, “entrar en la corriente de budas y patriarcas, a través del hilo de la transmisión”. Otra cosa es, lo que el individuo haga con ello, que en su libertad puede coger una rosa y por supuesto, no aparecer más por el jardín. ¿Qué sucede cuando alguien es iniciado en la práctica de zazen? Fundamentalmente dos cosas. La primera que se le abren las mismas puertas del dharma de par en par, se le trasmite la flor que el Buda trasmitió a Mahakasyapa, independientemente de que sepa verlo o no. En segundo lugar, la iniciación a la práctica de zazen, es un don que un practicante de la vía hace desinteresadamente, sin esperar nada a cambio, a alguien que se interesa por ella. Está inmerso en la primera de las paramitas que es el don. Nos inicia a la práctica, alguien que ya practicaba antes que nosotros. Y lo hace como don, como fuse.
La sangha, son los que practicaron antes de nosotros, los que practican con nosotros y los que seguirán practicando después de nosotros, y, por tanto, somos responsables de que el hilo de la práctica pueda seguir fluyendo. No es que se pueda o no se pueda practicar sin sangha, sino comprender lo que una sangha es y lo que no es. Una sangha se compromete con un “modo” de hacer las cosas. Por eso en las dedicatorias al acabar el zazen, se canta en el eko :
“Tras haber cantado la enseñanza de la Gran sabiduría dedicamos esta ceremonia a cada uno de los maestros siguientes para expresarles nuestra gratitud por su compasión
Al Buda Sakkyamuni, a Bodhidharma, a Eihei Dogen a Keizan Jokin
A cada maestro de las generaciones anteriores, entre ellos a: Shomon Kodo, MokudoTaisen, Zuiganku Rempo, a quienes expresamos nuestro reconocimiento por su compasión”
Es decir, que reconocemos que sin su práctica no existiría nuestra práctica. Sólo desde ahí podemos entender la sangha. Después estarán las circunstancias de cada uno, pero la sangha obedece al primero de los preceptos, No matar a Buda, permitir que la vía de Buda se desarrolle. Además, es posible que no todo sentarse sobre un cojín sea práctica de la vía del Buda. Puede ser algo que se le parece desde fuera, pero que difiere desde dentro. Para ello hay que remontarse a lo que entendemos por “vía del Buda” que es la traducción de Butsu Do. Es una traducción que puede llevarnos a equivoco. El ideograma Do, que también se encuentra en Tae Kwon Do, en Aikido, o en Judo, más que vía, significa caminar. Vía es un vocablo latino, y une un punto de partida con un punto de llegada. La palabra camino, que es de una lengua pre-latina, de camin significa paso, está relacionado con la acción de caminar. Do se asemeja más al modo de caminar, que a una “vía” por tanto, Butsu do, en cierto sentido puede traducirse como “seguir el modo de caminar de un Buda”. En lenguajes occidentales quizá el término más adecuado sería el termino griego “Ethos” que literalmente significa morada, pero que en su uso filosófico, significa “lugar desde el cual se vive y actúa” Palabra de la cual viene el vocablo “Ética”. Por tanto, lo que quiero decir es que la práctica se engloba también en una aptitud vital. Nuestro antes y nuestro después de zazen. Nuestra vida entera.
Cuando era adolescente, y empecé a practicar Tae Kwon Do, entraba a la sala sin saludar, sin hacer el saludo que había que hacer, que no era gassho, pero algo parecido. Era con los brazos rectos apoyados en los costados, sin estar despegados del cuerpo, y de pie inclinar la cabeza, antes de entrar en la sala. El profesor me explicó, que si no saludaba, en realidad no estaba practicando Tae Kwon Do. Simplemente estaría dando patadas en un tatami, pero no practicando Tae Kwon Do. Me explicó que se saludaba al espacio, a los demás practicantes, y a todos los que habían hecho la posibilidad de que el Tae Kwon Do hubiera llegado hasta nosotros. Es decir, que estaba vinculado a la forma oriental del respeto a los antepasados. Ya que sin antepasados no hay presentes. Desde entonces empecé a saludar, pero no lo entendí. Desde mi creencia adolescente de ser un ser independiente y autónomo, y crítico con toda forma de autoridad, pensaba que, si no saludaba, mis patadas y puñetazos al aire seguirían siendo Tae Kwon Do.
Hoy podemos utilizar este mismo símil, para la práctica de zazen. Si uno no entra con el pie izquierdo y hace gassho, o no sigue las normas del dojo, por mucho que se siente en un cojín, no estará practicando zazen. Dicho de otra forma, Buda, Dharma, Sangha, son inseparables. El Buda es zazen, la Sangha, el hilo de la trasmisión, y el Dharma la enseñanza de Buda. Sin ello no hay práctica de zazen, hay un “simplemente sentarse” ni tampoco habrá Sangha, sino un grupo de amigos o un club de gente que se sienta y está en silencio un rato.
El individuo de nuestra época tiene la tendencia a aislar “prácticas” adoptando quizá la mentalidad científica del experimento, y sacarlas del universo de significado que les da sentido. Por eso aislar zazen de su universo de significado, es convertirlo en otra cosa. En ese sentido la pregunta relevante es: ¿Qué es lo que tanto molesta del zen, a la conciencia secular de nuestros días? ¿Sampai? ¿El recuerdo de los maestros que nos precedieron? ¿El canto del Sutra de la gran sabiduría que permite ir más allá de nuestro mental ordinario? ¿La dedicación de la práctica a todos los seres que sufren? Todo ello es insertar la práctica dentro de un universo de significado. Por eso se dedica la práctica, “Que los méritos de esta práctica vayan a parar a todos los seres sensibles, para que podamos realizar juntos la vía del despertar”. Ya se siente uno en casa sólo, o con más gente, en cualquier lugar, siempre estará con nosotros la actitud y el significado que emana de dicha actitud ¿Podemos hablar de zazen sin saludar al espacio y a la sangha que nos ha permitido conocer la práctica? ¿Podemos hablar de zazen sin saludar, y reconocer a todos los practicantes del presente, del pasado y del futuro? ¿Podemos hablar de zazen, sin desear la liberación del sufrimiento de todos los seres sensibles? ¿Podemos hablar de zazen sin reconocer humildemente a los que nos han precedido? ¿Podemos hablar de zazen sin insertar la práctica dentro de un horizonte de significado? Sin ello creo que la práctica de zazen en sí misma conduce a callejones sin salida, o lo que es peor a un ¿para qué? letal, que hace abandonar a mucha gente.
Eduardo Donin García

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