lunes, 11 de noviembre de 2019

20 y 21 diciembre 2019, encuentro en Pamplona/Iruña, con Eukeni Myoken Callejo

ENCUENTRO ZEN 2019

EN PAMPLONA/IRUÑA el 20 y 21 de Diciembre



Dirigido por:
Eukeni Myoken Callejo, monje Zen

Organizado por:
Dojozen Genjo de Pamplona
Miembro de la Asociación Zen Internacional, fundada por el Maestro TAISEN DESHIMARU y de la ABZE


Viernes 20 de 20 a 21,30 h.
Sábado 21 de 8,30 a 14 h.

Dojozen Genjo Plaza Monasterios de Navarra nº 7


JORNADAS:
Viernes 20:   Comienza el viernes con un zazen de 20 h. a 21,30 h.
Sábado 21: 8,30-10 h zazen, 10 Desayuno - 11,30-12,10 Zazen- A las 12,15 mondo con posterior zazen y ceremonia para finalizar a las 13,45 horas.
Posterior aperitivo y comida de hermandad.

LUGAR : Dojozen Genjo Pamplona/IruñaPlaza Monasterios de Navarra nº 7. (En el barrio de San Juan, cerca del Parque de la Biurdana).

TRAER: Zafu (Cojín redondo y alto), kimono o ropa amplia  de color neutro.

APORTACIÓN:     20 €, 12 € con dificultades económicas.

NOTA: Para poder organizarnos mejor, es importante que nos aviséis, con antelación. Para saber cuántos somos, para organizar comidas, alojamiento… y si tenemos que ir a recogeros.


INFORMACION E INSCRIPCION:
Teléfono: 948 18 25 94 /637 604 886

PARA LLEGAR AL DOJO :
El dojo se encuentra en el barrio de San Juan, cerca del parque de la Biurdana, en la Plaza Monasterios de Navarra, número 7. Al este de los siete pinos, cerca de la pista de patinaje. (Podéis ver el mapa de la situación en las pestañas del blog).

Podéis visitarnos en:

jueves, 7 de noviembre de 2019

Canto de alabanza de zazen,de Hakuin. Comentado por Roland Yuno Rech (2)



    Hakuin decía: “Es como el agua y el hielo; sin agua no hay hielo”. Para decir que es la misma naturaleza, que no somos diferentes de Buda, como el hielo no es diferente del agua. Es preciso que el hielo se funda para encontrar la fluidez del agua. Zazen es como el sol de primavera que hace fundir el hielo de nuestro espíritu atrapado en sus apegos, sus hábitos y nos libera. Como decía la poetisa Teishitsu: “En primavera, agua y hielo se reconcilian”.

Zazen nos reconcilia con nosotros mismos, nos hace ser realmente ese sí mismo al que aspiramos y que no es alguna cosa, sino un modo de funcionamiento liberado de cuerpo y mente.

Cuando entramos en el dojo, franqueamos el umbral con el pie izquierdo, unimos las manos en gassho a la altura de la cara y nos inclinamos ante Buda. Pero, en realidad, Buda no está en el altar. La estatua que está sobre el altar, está ahí para recordarnos que todos nosotros somos la naturaleza de Buda, que Shakyamuni, que está representado bajo forma de estatua en el altar, sólo la ha realizado, descubierto. Transmitió la Vía para realizarla. Y, aunque sigamos su enseñanza, no debemos buscar a Buda en el exterior de nosotros mismos. Tampoco debemos buscarlo en el interior, pues no es algo que se pueda asir. Es una realidad a realizar, despojándonos de todo lo que obstruye nuestra visión: el funcionamiento dualista del ego, que no existe más que por esa dualidad.

Hakuin en su poema nos dice:

“Fuera de nosotros, no hay Buda.
Tan cerca de la verdad, ¡qué lejos la buscamos!
Como un hombre en medio del agua que gritara: ¡Tengo sed!

Como el hijo de un rico vagando pobre
Extraviado sobre la tierra,
recorremos sin cesar los seis reinos,

La causa de nuestro dolor,
es la ilusión del ego”

El Maestro Deshimaru decía: “Si no queréis inclinaros ante la estatua de Buda, ¡haced gassho ante el reflejo de vuestro rostro en el espejo!” 

Por ejemplo a la mañana, antes de asearos, haced gassho ante vosotros mismos. Hacer gassho quiere decir hacerse unidad con. Hacer gassho ante uno mismo, es hacerse unidad con nuestro verdadero sí mismo, que jamás es el mismo, que no es algo limitado.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Sobre el Samu


SOBRE EL SAMU

La rana nada.
Su estado:
pura entrega.

Buson


En el zen hablamos a menudo del gyoji, la práctica continuada, que se representa por el círculo de la vía, que es la imagen de nuestro dojo.  Práctica que impregna toda nuestra vida cotidiana, cada uno de sus aspectos, cada fenómeno de nuestra vida, sin ceñirse al momento de la postura sedente.

Uno de los aspectos es el samu, el trabajo para la comunidad, hecho en el espíritu del zen, el espíritu del despertar. Con un espíritu mushotoku, sin espíritu de obtención, sin esperar acumular méritos por ello, un don, fuse a la sangha, pura entrega, para permitir que la práctica se desarrolle en las mejores condiciones posibles.

A lo largo de la historia del zen, el samu ha tenido una gran importancia. Hyakujo, maestro chino del siglo VIII, insistió mucho en este punto de la práctica. Una anécdota célebre cuenta que cuando era ya muy mayor, sus discípulos le escondieron las herramientas para que descansara y no trabajara más. Hyakujo dejó de comer mientras no le devolvieran sus herramientas y dijo: “Un día sin trabajo, un día sin comer.”

El samu es el complemento, la otra vertiente del zazen al mismo tiempo que su continuación. Totalmente concentrados en el momento presente. Es como colocar un paso tras otro en la postura de kinhin, la marcha meditativa.

El zen no es una práctica abstracta, separada de las realidades diarias de cada uno. A través del cumplimiento de las tareas más ordinarias, el samu permite unir nuestra práctica de zazen con nuestra vida de todos los días en la misma actitud zen de cuerpo-mente concentrados en unidad, totalmente presentes a lo que hacemos y a la vez liberados y serenos en esa tarea del hacer en movimiento.

Keizan en una enseñanza de sus últimos años, “Palabras sobre el Dharma” comenta: “Hay dos caminos en la sabiduría, el primero es la mente del buda que saboreamos en zazen, el segundo es el de las actividades diarias, cuando uno no está sentado en zazen . Aquí tenemos la oportunidad del despertar a través de concentrar la mente en la actividad diaria, sin olvidar la mente de sentarse no siquiera por un momento”   
                        
En el Zen de las cosas (https://elzendelascosas.wordpress.com/), Jesús Reigosa talla una escoba a la que acompaña un texto, del que extraigo este párrafo, que podéis consultar de forma completa en la dirección antes indicada:

   El Budismo Zen considera que la escoba es uno de los emblemas del sabio, y representa el contacto con el mundo que acompaña necesariamente a la pureza de pensamiento.


    La escoba sugiere simplicidad mediante la eliminación de lo innecesario, el barrido de las ilusiones, anhelos y apegos que embotan la conciencia y hace alusión al vacío en el que pueden emerger de manera espontánea, posibilidades no previstas de Iluminación.

Y recuerda cuando Xiangyang (Kyogen) barría y despertó al oír un guijarro que golpeaba un bambú. 
No podemos descuidar la globalidad de nuestra práctica, se trata de llevar la vida de  cada momento, cada gesto, cada espiración hasta el final, tanto en la práctica sedente, como en el movimiento de la vida diaria.

Antonio Taishin Arana